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El Día del Señor

Jesucristo resucitado inunda de alegría a la humanidad entera

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
~
16 de Abril del 2017 00:00 hrs
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Liga Corta




Introducción

Hermanos: Este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo; así se nos manifiesta “la misericordia eterna del Señor”. Podemos decir y cantar con toda  certeza y seguridad que nos da nuestra fe: “¡Cantemos al Señor porque es bueno…porque es eterna su misericordia, Aleluya, Aleluya!”


En este hermoso y radiante día de la Resurrección de Cristo: Reconocemos con todos los pueblos de la tierra e incluso con la creación entera, que el amor del Padre en su Hijo muerto y resucitado, ha sido más fuerte que la muerte y que la vida se ha abierto de nuevo con insospechada trascendencia, viniendo a nuestra mente y a nuestra  memoria lo que nos atestiguan las Sagradas Escrituras : “Ni el ojo vió; ni el oído oyó; ni vino  la mente humana lo que Dios tiene preparado para los que lo aman”,  por su Hijo que padeció, murió y resucitó, para la gloria eterna del Padre y con el sello del Espíritu Santo, quien resucitó a Jesús de entre los muertos.

San Pedro nos dice en la primera lectura de hoy refiriéndose a Jesús de Nazaret, de cómo estaba ungido con el Espíritu de Dios; cómo ha pasado por la vida haciendo el bien y dando la salud a todos los que estaban sometidos por el mal; cómo por medio de esta vida nos damos cuenta evidentemente que “Dios estaba con Él”. 

Narrándonos también de qué manera lo han querido acallar sus enemigos clavándolo en el ara dolorosa de la cruz, muriendo en ella y la manera cómo Dios lo resucitó al tercer día, hecho que nunca había sucedido en toda la historia de la humanidad y del cosmos entero, abriendo así  un horizonte nuevo e insospechado a la vida de los hombres.

He aquí el testimonio de San Pedro y éste es el testimonio de la Iglesia y el de cada creyente. Éste es el núcleo de la predicación ininterrumpida de todos los cristianos, discípulos y misioneros de Jesucristo, muerto y resucitado, de generación en generación y por todo esto que acabamos de decir, que en este día nos alegramos y lo celebramos.
Hoy más que nunca Jesucristo resucitado, es la esperanza indefectible de la vida eterna en el cielo que nos ha conquistado con su tránsito pascual.

Algunos aspectos de la resurrección de Jesucristo que alientan e iluminan nuestra fe y toda nuestra vida

La fuerza inaudita de la Resurrección de Cristo, brota desde siempre y para siempre del seno del ser de Dios, Uno y Trino, y este ser es AMOR. San Juan nos revela: “Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, PORQUE DIOS ES AMOR.


En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor” ( Jn 1ª Carta 4, 7-10 ).

Este amor del ser divino es expansivo por medio de la creación de todos los seres del cosmos y de manera inefable y excelsa, los hombres creados a imagen y semejanza suya y llamados a conformarse con Cristo con el amor de su divina persona y con la entrega amorosa de su humanidad en la cual inhabita la plenitud de la divinidad.

La resurrección de Cristo nos es participada por medio de nuestro bautismo y demás sacramentos. Asimismo por la palabra de Jesús, expresión fiel de su ser divino y humano. Por esto, Jesús tiene palabras de amor y vida eterna. El cielo y la tierra pasarán, más no las palabras de Cristo, porque son palabras de su Resurrección, para nosotros en el espacio y el tiempo históricos, como “prenda y arras” de la resurrección final con Cristo y todos los santos resucitados de la Jerusalén eterna y celestial.

La resurrección de Cristo es absoluta verdad que se nos revela a lo largo y ancho de nuestra historia de salvación. Verdad esplendorosa, sol de justicia, fraternidad sin fronteras para todos los que venimos a vivir en este planeta que nos lanza a la conquista de la verdad eterna en el amor de Jesucristo resucitado.

La resurrección de Jesús desde su amor divino y humano es absoluta bondad; plenitud de ser en el ser y corazón de sus creyentes. Y también es absoluta hermosura como plenitud de vida nueva e insospechada., MÁS ALLÁ DE LAS TINIEBLAS DEL PECADO Y DE LA MUERTE.

Exhortación final

¡Hermanos y hermanas: celebremos este día maravilloso de la Resurrección del Señor Jesús como un sol bello y radiante, que nos ilumina y nos  capacita para vencer las insidias del Maligno y las tendencias pecaminosas de nuestro pobre ser limitado. Celebremos, pues, con panes ácimos de sinceridad y verdad, nuestra Pascua amorosa con Jesús, esperanza de la gloria con el fuego inapagable de su AMOR y que este grandioso amor que nos llena, se manifieste en perdón de unos con otros; en comunión fraterna y servicial; y que en el seno de nuestras familias, nuestra patria y en el mundo entero, la Resurrección amorosa de Cristo Mesías, sea luz brillante e inapagable desde este planeta y hasta conquistar con el mismo Cristo, María y todos los santos, el cielo prometido que ya desde ahora y para siempre borre los odios, las guerras y toda maldad y Cristo Resucitado sea la bendición feliz para todos los pueblos, como Príncipe de paz y amor fraterno inconmensurables! ¡Que así sea!


*Obispo emérito de Zacatecas