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Todo comenzó en Excélsior; Elena Poniatowska
Excélsior 19-05-2017 11:26 hrs

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Excelsior / La escritora franco-mexicana celebra hoy su cumpleaños 85 y rememora sus inicios como entrevistadora en El Periódico de la Vida Nacional

CIUDAD DE MÉXICO.- Cuando la joven Elena Poniatowska estuvo frente al enorme pintor Diego Rivera no sabía qué preguntarle, confiesa. “Vi que tenía los dientes chiquitos. Y le dije: Oiga, ¿sus dientes son de leche? Y me respondió: ‘Sí, sí, con esos dientes me como a las polaquitas preguntonas’”.

La escritora y periodista mexicana de origen francés y ascendencia polaca se topó a los 21 años, “de un día para otro y por pura chiripada”, con la palabra escrita, la cual se volvió de inmediato “su vocación, su destino, su vida”.

Recuerda todavía al escritor Juan Rulfo pidiéndole, antes su retahíla de cuestionamientos, “que no preguntara a boca de jarro, que me esperara un poco, porque él venía de una barranca muy honda, la de Apulco, y que le costaba mucho trabajo sacar los recuerdos del fondo de la barranca”.

Curiosa, irreverente, la narradora que hoy cumple 85 años, y que se define como “despistada, desordenada y olvidadiza”, ha ayudado a construir la memoria de la cultura mexicana del siglo XX a través de sus conversaciones con artistas, escritores y pensadores de la talla de Alfonso Reyes, Rulfo, Rivera, Octavio Paz, María Félix o Juan Soriano.

Fue en Excélsior, el 27 de mayo de 1953, donde publicó la primera de cientos de entrevistas que la convertirían, a lo largo de medio siglo, en la gran referencia de este género.

Yo nunca había hecho periodismo, ni sabía cómo se hacía… Poco a poco fui aprendiendo a través de las entrevistas. Los entrevistados fueron mis maestros. Los grandes maestros a quienes les debo todo”, afirma en la sala de su casa de Chimalistac.

Hacía tantas preguntas babosas que los lectores pensaban a ver qué tontería se le ocurrió hoy. Yo era una ignorante que venía de una escuela de monjas. Todavía soy una ignorante. El museógrafo Fernando Gamboa decía que me leía para pasar un buen rato, para reírse”, narra.

La hoy Premio Cervantes, considerado el Nobel de las letras en español, ha entrevistado a Todo México, como lo sugiere el título de su libro que compila sus mejores charlas con grandes personalidades.

Pero también ha hecho crónicas de los sucesos que han sacudido al país azteca, como la matanza estudiantil del 2 de octubre de 1968, el terremoto de 1985 en la Ciudad de México y el conflicto indígena armado de Chiapas en 1994.

Quien llegó a México a los diez años de edad, cuando su familia huyó de la amenaza nazi sobre Francia, ha novelado además la vida de mujeres fundamentales del siglo XX, como la fotógrafa Tina Modotti, la pintora Leonora Carrington y Guadalupe Rivera Marín.

Nacida con el título de princesa, Héléne Elizabeth Louise Amelie Paula Dolores Poniatowska Amor, descendiente del último rey de Polonia, Estanislao II Poniatowski, ha tocado casi todos los géneros literarios: novela, cuento, ensayo, crónica, adaptaciones teatrales y cuentos para niños.

De manera paralela al periodismo, aclara, ha desarrollado la literatura. En 1954 publicó su primer libro de cuentos, Lilus Kikus, y desde entonces no ha parado de explorar ambas disciplinas.

EXCÉLSIOR, EL COMIENZO

 

Con la aparición en El Periódico de la Vida Nacional, el 27 de mayo de 1953, de su entrevista con el entonces recién llegado embajador de Estados Unidos, Francis White, comenzó la prolífica carrera periodística de Poniatowska.

La charla se publicó en la portada de la Sección B, Sociedad y eventos varios, con el título Un hombre optimista. El Embajador  Mr. White. El texto evidencia ya la pluma de la futura autora de La noche de Tlatelolco, libro por el que obtuvo en 1971 el premio Xavier Villaurrutia, aunque lo rechazó.

Durante el año que trabajó en Excélsior, a donde entró “de golpe y porrazo”, recomendada por su amiga María de Lourdes Correa, sobrina de Eduardo Correa, director de la Sección de Sociales, “se enamoró” de la palabra escrita a través de las 365 entrevistas que realizó. “Este periódico fue mi escuela, me formó”.

Al cabo de un año, en 1954, se fue al Novedades, “donde me quedé mil años”; y, a partir de 1985, se pasó a La Jornada, donde sigue colaborando.

Yo conocí mi país a través del periodismo. Me iba en mi camioncito por toda la ciudad: Colonia Del Valle-Coyoacán o Mariscal-Sucre. Pero creo que la cocinera de mi casa ganaba mil veces más que yo. Ganaba tres centavos, pero era muy feliz”, agrega.

La autora de Hasta no verte, Jesús mío y Dos veces única añade que le gustaba recorrer sobre todo las calles del Centro Histórico. “Amaba a los personajes populares, la quesadillera, el cilindrero, el ropavejero, la lavandera, el camotero y los aboneros de ropa. “El silbido del carro de camotes me parecía melancólico, me hacía evocar las puertas del purgatorio. Pero todo eso ya no existe, ya se murió”.

Por esto, Poniatowska confiesa que uno de los sucesos más duros fue cuando vio derrumbarse el centro de la ciudad por el terremoto de 1985. “En las mañanas iba a los lugares del desastre, a los edificios caídos, y escribía en las tardes. Así fue durante tres meses. Al final me dio una depresión tremenda. Tuve que tomar ansiolíticos. Ya no ligaba. Ya estaba afectada de ver tanta tristeza, pero también toda la indiferencia del gobierno, toda la corrupción”.

MOMENTOS AMARGOS

 

Otros dos momentos amargos de su carrera, destaca la escritora, fueron el reclamo del escritor Luis González de Alba, por su testimonio como líder estudiantil publicado en La noche de Tlatelolco; y la inclusión de un poema atribuido a Jorge Luis Borges en uno de sus libros de entrevistas, pero que más tarde se descubrió que no era de este autor.

El poema de Borges fue un descuido mío muy grande. Pero lo más doloroso fue lo de González de Alba. Cuando se suicidó, el año pasado, me golpeó mucho. Él se enojó porque decía que no era el piso 3, sino el 5. Pero yo escribí lo que me decían. Hice un libro con las voces de todos. Luis esperó 26 años para externar su desacuerdo y para perseguirme, y jamás le contesté. Qué podía hacer”, explica.

La narradora aclara que finalmente se retiró del libro el testimonio de González de Alba. “Yo me puedo equivocar, pero no pongo en duda mis intenciones. Mis intenciones eran denunciar. Y, tras 50 años de trayectoria, puedo decir que nunca he hecho nada de mala fe”, concluye.

Sin olvidar que “la vida está siempre llena de tropiezos, que todo cuesta mucho trabajo”, Poniatowska sigue a sus 85 años fiel a sus dos pasiones: la literatura y el periodismo. Ahora escribe una novela sobre su estirpe familiar, los Poniatowski, y el cuento infantil El charrito cantor, y prepara una conferencia que dará este año en Washington (EU).

Estoy muy agradecida con este cuerpo que me ha acompañado, que siempre me ha sido fiel y leal. A esta edad debo cuidar mi salud, ser muy paciente conmigo misma. Es mi forma de tocar madera cuando pienso en la muerte”, dice quien tiene tres hijos y diez nietos, a quienes desea “ver siempre felices”.