×
×
×
×


Búsqueda


Introduzca su búsqueda



X

De mis apuntes

EL PANDILLERISMO, ANÁLISIS Y DIAGNÓSTICO

Carlos López Gámez
~
03 de Junio del 2017 00:00 hrs
×


Compartir



Liga Corta




En los noventas del siglo pasado, la sociedad fresnillense se estremecía ante el inesperado y a la vez inevitable crecimiento de un fenómeno del cual nadie supo prevenir, frenar o evitar. Apareció lo que todo el mundo le llamaba pandillerismo, otros “chavos banda”. Las consecuencias derivadas a la acelerada descomposición social se tradujeron en un virtual apoderamiento gradual y literalmente de varios sectores habitacionales.

Una acuciosa investigación periodística en su tiempo, registró desde orígenes y efectos subsecuentes del flagelo que vino a superar a las instituciones. Los datos fueron relevantes y además estrujantes. Las cifras arrojaban que hasta niños y niñas en edad escolar y adolescente eran parte de las pandillas. Estas ante la débil reacción de las corporaciones preventivas deambulaban día y noche por todos rumbos cometiendo infinidad de asaltos, violaciones, inclusive homicidios.

Los apuntes registraban que por lo menos unas 50 agrupaciones de jóvenes eran parte de las pandillas o chavos banda. Cada una estaba integrada desde 10 hasta 50 menores. En sus concentraciones llegaban a reunir a  más de 500 personas. El cálculo referencial era tomado cada vez que se reunían en la calle a desnivel de la colonia Manuel M. Ponce.

El minucioso trabajo de campo quedó impreso en un documento parte de la historia y que por ningún  motivo debemos ocultar.

La indiferencia o tibieza de las autoridades al no poder atender los reclamos de la sociedad es manifiesta. Esta quizá por autoprotección no lo demuestra y también asume similares actitudes ante lo que está sucediendo con frecuencia en las arterias citadinas.

Aquellas pandillas eran identificadas por sus nombres: Villanos de la 23, Pachucos, Beleña, Perros de Tropa, Rebeldes, Longos, Santa Ana, Turcos, Triste, Maravillas, Lobos, Floringos, Guerreros, Pilancos, Pánfilos, Escorpiones, Panchitos, Venices, Gansos, Las 23, Las huicholas, Las Adelitas, Los 23, Gorras Prietas, Las Palomeras, Tolosa, Los R2, Los Rokers, Los Cachorros, Harpis, Sulfato, Las Panteras, Los Peques, Las Maquineras, Los Potro, Las Chicho,  Gavilanes, etcétera.

Al citar tan solo algunos grupos no pretendemos en lo absoluto hacer una apología de una serie de sucesos que mantuvieron bajo constante tensión a la comunidad en general, incluyendo algunas comunidades rurales. Hacemos hincapié  al mencionar que ante la avalancha de incertidumbres y angustia que estaba padeciendo la sociedad, las reacciones en principio fueron mínimas y sin objetivos claros.

Los analistas de aquellos aciagos días lo calificaban como una reacción natural de una juventud proveniente de familias desintegradas que exigían oportunidades o espacios para sobrevivir. Otros incluso, lo catalogaban como un rechazo natural hacia la sociedad que les cortaba sus aspiraciones. Otras apreciaciones lo describían como una forma de ganarse la vida a cualquier costo empujándolos a delinquir.

A mediados de los noventas, cuando semejante situación superaba totalmente cualquier intento de evitar las constantes e irrefrenables correrías de cientos de jóvenes, y a pesar de las mínimas reacciones y actuaciones de las fuerzas del orden, el problema seguía creciendo.

Un completo estudio expuesto por el profesor Lino Santacruz, con relación a lo que le inquietaba a la comunidad, expone para su solución, acciones educativas en contra del pandillerismo y de la drogadicción de jóvenes.

Por su parte, las autoridades municipales pusieron en práctica diversas actividades, como promoción de estímulos, despensas, atención médica y sicológica, acciones deportivas, musicales, teatro, pintura, etc.

Entre otras conferencias,  con la asistencia del padre Chinchachoma, la respuesta de los jóvenes fue ejemplar.

En la descripción y diagnóstico del problema se planeaban acciones concretas de parte del sector educativo para rescatar y reintegrar al joven delincuente a la sociedad, en tareas relativas al desarrollo productivo de la comunidad, orientación a los padres de familia para el proceso del cambio en los esquemas de conducta de sus hijos, así como información a estudiantes y público en general de las causas y efectos del pandillerismo y drogadicción.

Independiente a lo anterior, el problema se mantenía vigente. Se temía lo peor por los frecuentes enfrentamientos de las pandillas con saldo lamentable y que cualquier intento por frenarlo y evitarlo sería inútil.

Sin embargo, aunque usted no lo crea, el índice de pandillerismo juvenil y altos registros del consumo de todo tipo de estupefacientes, alucinógenos y drogas comenzaron a disminuir y los grupos se desintegraban. Finalmente sucedió lo que nadie esperaba, se rescata a los jóvenes, algunos de ellos se reintegran a la sociedad. El autor de ello es indudablemente el presbítero Ernesto Flores.

Estoy consciente de que el problema no ha desaparecido del todo. Lo ocurrido en ese tiempo no se compara en lo absoluto con el presente. Ahora los jóvenes se involucran en hechos lamentables que se recuerde nunca habían ocurrido en esta ciudad durante toda su historia.