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Historias de Lobos

Mi delito… estar secuestrado

Ivonne Nava García
~
11 de Junio del 2017 00:00 hrs
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Liga Corta




El secuestro es uno de los delitos que mayor afectación social tiene, en las familias genera caos, miedo, desconsuelo, impotencia e incertidumbre. Lo anterior se da porque las familias viven el secuestro como un ataque a su integridad, como una amenaza a su cohesión interna.

Por eso obran con un mecanismo ataque/fuga; se unen internamente para defenderse de la violencia de la que han sido objeto y cada miembro de la familia suele asimilar la situación de forma diferente, generando diversos conflictos.

Esta historia relata la voz de un hombre que padeció esta terrible situación.

 

Quién es

Yo soy una persona de trabajo, nunca le hecho mal a nadie fui bendecido con un trabajo honrado que me ha dado lo suficiente para vivir al día. Uno se va haciendo de algunos bienes con mucho sacrificio. Tengo 65 años padezco diabetes y presión alta, esas enfermedades son a consecuencia de eso que me hicieron.

Mi familia también es gente de trabajo, provenimos de gente humilde, que ha tenido que irse al otro lado para sacar adelante a los hijos. Ahora ya no dan ganas de regresar a la tierra que lo vio a uno nacer.

 

Su historia

Nunca me imaginé que ese día sería el más terrible de mi vida. Ni siquiera me imaginaba que a mí alguien pudiera secuestrarme.

Acababa de regresar del otro lado de visitar a mis hijos. Vine a ver al doctor, porque allá me detectaron unas piedras en los riñones, pero allá los doctores son muy caros. Vine a me dieran el tratamiento o me los operaran. Solo estábamos mi esposa y yo.

Yo andaba viendo lo que hacía falta para traerlo de una vez de Zacatecas. Era temprano como las 10 de la mañana. Yo escuché que venían carros muy rápido, pero no me imaginé nada. Se pararon. Andaba en el corral, iba a salir a ver quién era, pero ni tiempo tuve. Eran varios, pero dos se me acercaron, y me dijeron “te subes o te subimos”. Les dije que qué querían y me dieron un golpe en la cara. Me tumbaron y me agarraron de las piernas y de las manos, y me echaron a la camioneta como si fuera un animal. Se subieron ellos también y me dijeron que no me moviera ni hablara o ahí mismo me partían mi madre.

 

El trayecto

Yo sentí que salimos del rancho porque primero se sentía el camino de la terracería y luego ya se sintió liso de la carretera. Me taparon la cabeza con una garra que parecía una chamarra y me dieron una patada en la espalda. Me dijeron: “¡Cállate viejo o te carga!”. Nomás hablaban puras groserías.

No sé cuánto rato pasaría, yo le calculó que como una hora. Iban diciendo que por mi cabeza pedirían dos millones. Yo pensaba que de dónde los iría a sacar, pensaba que iría a hacer mi familia. También pensaba que mejor me mataran pero que no le hicieran nada a ellos. Llegamos a una casa, y ahí me bajaron

 

Había más personas

En esa casa, me metieron a puros aventones, me caí en una escalera porque no la vi. La garra no me la habían quitado de la cabeza. Cuando entre escuché cómo que una mujer lloraba y le decían que se callara. En eso me caí y me dijeron levántate o te meto un plomazo. Subí las escaleras y me aventaron en un cuarto. Ahí tenían a otros dos señores y a una mujer, estaban sentados en el piso. No había nada de muebles en ese cuarto, nada más estaban unas cobijas en el piso. Me dijeron que me esperara, que al rato venían por mí. Paso como una hora, ninguno de los que estábamos ahí hablaba nada.

 

Llegaron

Regresaron por mí y me llevaron a otro cuarto. Ahí estaban otros dos de los mismos que me llevaron. Me preguntaron en qué banco tenía el dinero, cuáles eran mis propiedades, en dónde trabajaban mis hijos y me amenazaron de que si no les decía la verdad le mocharían la cabeza a mi vieja.

Les dije que no tenía dinero en el banco y eso los hizo enojar mucho porque me dijeron que estaba pendejo y que si los creía estúpidos. Me pegaron en la cara y el que me preguntó me dijo que si no le decía me iba a quemar los testículos con un cable. Le dije que le decía la verdad que no tenía dinero. Entonces me dieron un papel y me dijeron que les anotara todos los nombres de los familiares y amigos que tuvieran dinero para `pagarles. Ellos me dijeron que, si no sacaba dos millones del banco y se los daba, me arrancarían el cuero y se lo iban a echar a los perros.

Tenía mucho miedo, porque nomas pensaba en mi esposa. Me gritaban y me amenazaban con la pistola. Me oriné en los pantalones y me golpearon me dijeron: “¡Pinche viejo atascado! ‘Ora sí te vas a quedar sin testículos” y me pasaban un cuchillo.

Me pidieron el número de teléfono, porque yo no cargo celular y me dijeron que en el papel se los anotara. Les di el número de mi hijo de Estados Unidos, yo pensé que no le iban a saber marcar, porque me dijeron que ese número de dónde era y que no los quisiera engañar.

 

Mi esposa ya les había hablado

Ellos no sabían que mi esposa estaba en la casa y que se había dado cuenta de que me levantaron. Mi esposa ya le había hablado a mis hijos.

Para esto me dijeron que más me valía que no les estuviera mintiendo, porque me mataban y me desaparecían en ese mismo momento y nunca sabrían de mí.

Agarraron una tabla de cimbra y me pegaron en el lomo. Y entre dos me aventaron de nuevo al otro cuarto.

 

No sabía qué pasaría

No nos daban de comer, ni agua. Eran puros hombres, yo creo que como cuatro.

Ya cuando estaba en el cuarto me amarraron con cinta gris las manos y los pies y ahí me tenía aventado en el piso. Me arrimaron una cobija y así dure tres días.

Nomás entraban por uno o por otro. Pero a mí ya no me hicieron nada en tres días. Nada más me levantaron una vez para ir al baño. Yo me sentía muy mal, me sentía enfermo. Deseaba mejor morirme.

Llegaron por mí. Me levantaron y me bajaron a puros golpes, me pegaron en la cara y en el cuerpo me dieron con una tabla. Me dijeron que para que se me quitara lo mentiroso. Que porque mi hijo les había dicho que teníamos el dinero en el banco y que no lo podíamos sacar así de momento. ¿M’ijo qué iba a saber. Me pusieron una madriza, yo sentí que me moría. Luego me dijeron que le hablara a algún amigo para que pagara los dos millones. Me dijeron que les diera el número, pero yo pensaba a quién. También pensaba: “¿Y si también lo meten aquí? Luego ya no sabía ni que pensar.

Me volvieron a echar al cuarto. Me empecé a poner bien malo, me daban escalofríos y tenía fiebre. Me dolía la garganta, fueron a traerme unos mejorales porque decían que si me moría no les daban nada. Deje de ver a uno de los otros señores. No sé si lo mataron o qué, pero él decía que no tenían dinero, porque se lo habían gastado en un trasplante de riñón de uno de sus hijos. La señora estaba muy mal.

 

Consiguieron el dinero

Cuando me decían de los teléfonos yo les dije que no me acordaba que nomás me acordaba del teléfono de mi hijo, que me dejaran hablar con él para decirle cómo le hiciera para el dinero.

Cuando me llevaron los mejorales, yo le dije al que me los dio que si tenía padre, me dijo que sí, ese no se veía tan maldito; le dije que si lo quería y me dijo que sí. Le dije que ojalá nunca le hicieran eso a sus padres y nomás me dijo que me callará.

Más tarde me llevo de comer unos tacos y una soda. Le dije que le diera a los otros que se le iban a morir y que no sacarían nada de dinero. Se me ocurrió que le dijera a mi hijo que le hablara a un compadre de Dallas.

Así lo hicieron y el compadre sí nos consiguió el dinero. Pero nomas consiguió noventa mil dólares. Con eso se conformaron.

Me da miedo que se escriba esto. Pero me gustaría que se leyera que lo que pasa es real: que si esos andan haciendo todas sus cosas es porque los han dejado libres, porque no le tienen miedo a nada y porque a muchos de los policías los tienen comprados.

Me voy de aquí, pero yo ya no voy a regresar para, ya vendí todo lo que pude, malbaraté todo para pagar lo que nos prestó mi compadre. Ya no se puede vivir tranquilo.

Me soltaron a los siete días, yo no sé si fue suerte. No los odio. Me soltaron en medio del monte descalzo en la madrugada. Se les pagó por mi vida. Cuando a mi madre nadie le dio ni un centavo porque me pariera.