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Memoria viva

Guillermo Rubio, en la Batalla de Zacatecas de 1914

Manuel González Ramírez
~
14 de Junio del 2017 00:00 hrs
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Liga Corta




Capitán Primero Guillermo C. Rubio, combatiente revolucionario, servidor público y periodista.
Cortesía / Capitán Primero Guillermo C. Rubio, combatiente revolucionario, servidor público y periodista.

Don Guillermo Rubio Belmonte, quien fuera alcalde de la Bizarra Capital del estado de Zacatecas, guarda valiosos testimonios y recuerdos relacionados con la historia de esta ciudad, en particular, con la toma de Zacatecas de 1914.

Acabo de sostener una entrevista con él y nos compartió que el 23 de junio de 1964 se conmemoraron los cincuenta años de la batalla de Zacatecas. Con este motivo, se organizó un programa de festejos que contaron con la presencia del presidente de la república, licenciado Adolfo López Mateos, siendo gobernador del estado, el ingeniero José Isabel Rodríguez Elías.

Como parte del programa de los actos conmemorativos se realizó una exhibición ecuestre a cargo del Ejército Mexicano, en las instalaciones de la Casa de la Juventud, ubicada en las inmediaciones de La Encantada. A dicha exhibición asistieron don Guillermo Rubio Belmonte y su señor padre. Sentados en una banca de ese parque y después de presenciar los actos ecuestres, ambos sostuvieron una larga plática en la que su padre, don Guillermo C. Rubio, le relató sus vivencias como actor que fue de aquella batalla de 1914.

Su padre le contó que desde junio de 1913, cuando el General Pánfilo Natera abandonó esta plaza después de una corta ocupación, Zacatecas fue considerada importante para el huertismo, ante los importantes triunfos de las tropas constitucionalistas en el Norte: Tampico, Torreón, Saltillo y otras, por lo que concentró personal de tropa en la ciudad, para impedir el avance de los revolucionarios hacia el Sur.

El ejército huertista llevó a cabo acciones de leva y reclutamiento libre entre la población, incluyendo muchos jóvenes. Guillermo Rubio tenía escasos 17 años cuando se alistó en la milicia. Por tener estudios de secundaria en el Instituto de Ciencias y de Contabilidad en la academia de su señor padre, Guillermo A. Rubio, se le dio el grado de Teniente, asignándole labores de intendencia y proveeduría.

El día de la batalla, 23 de junio de 1914, estaba comisionado en un almacén de víveres e implementos militares, en un edificio de la Avenida Hidalgo, en la primeras casas al norte de la Plaza de Armas, del lado oriente.

Al mediodía llegó al almacén una camioneta a cargar implementos para abastecer a las tropas federales que estaban defendiendo la zona norte de la ciudad, delante de Mexicapan. El vehículo era resguardado por un pelotón de soldados al mando de un sargento de ascendencia japonesa.

La batalla estaba en su apogeo y don Guillermo, más por curiosidad que por obligación se ofreció a acompañar a estos soldados para entregar los enseres, abordando el vehículo mencionado.

Al pasar Mexicapan, en la zona llana que colinda con los cerros rumbo a Vetagrande los federales combatientes habían retrocedido ante el embate de los villistas, quedando el vehículo y su escolta entre dos fuegos. La balacera era muy fuerte, cayendo heridos o muertos los soldados del pelotón. El sargento recibió un balazo en una pierna y don Guillermo sólo recibió un rozón en un brazo. Salvaron la vida rodando prácticamente hacia su lado derecho, al oriente, cayendo hasta el arroyo de las Mercedes, parte del arroyo principal que corre de Norte a Sur, llegando al Barrio de la Pinta.

Don Guillermo se fue caminando hasta su punto de comisión, el almacén de donde salió, encontrándolo abandonado, siendo ya alrededor de las tres de la tarde. Al no encontrar otra opción se dirigió a su domicilio, la casa paterna, en la calle de Yanguas, atrás del entonces Instituto de Ciencias, subiendo por el Callejón de Veyna, bajo una lluvia de balas que caían como granizo, muchas de ellas, balas perdidas que caían por gravedad.

Terminada la batalla, tropas villistas realizaron una persecución de los federales sobrevivientes. Un amigo le dijo a don Guillermo que quienes desearan podían incorporarse al villismo a través de un importante oficial villista que era su conocido. Pasados algunos días, don Guillermo tomó la decisión y se incorpora a las fuerzas revolucionarias en la estación de Guadalupe.

Ya como revolucionario participó en diversas campañas ascendiendo al grado de Capitán Primero, siendo pagador de la brigada del general Ferniza, dentro de su estado mayor. Estuvo en la batalla de Ébano, en la huasteca potosina, donde en el largo asedio, vivían en los carros del tren, comiendo únicamente iguanas con pan de sal. En Ébano conoció al general zacatecano J. Félix Bañuelos, quien comandaba las tropas de vanguardia.

Al término de la revolución, el gobierno federal otorgó constancias con reconocimiento de grado a quienes lo justificaron y previa solicitud de los interesados. Don Guillermo nunca reclamó grados militares ni privilegios. Dedicó el resto de su vida al servicio público en el gobierno estatal,  al periodismo y a la atención de un negocio familiar.

De estos hechos y como una prueba fehaciente de lo ocurrido, don Guillermo Rubio Belmonte conserva una fotografía original del General J. Félix Bañuelos, en cuyo reverso aparece un texto manuscrito que dice: “A mi amigo el Capitán Primero Guillermo C. Rubio ‘El Palomillo’. Recuerdo de la revolución. En Zacatecas, 15 de junio de 1915. General de Brigada J. Félix Bañuelos”.

Mi gratitud al señor Guillermo Rubio Belmonte, exalcalde de la ciudad de Zacatecas, poeta, descendiente de revolucionarios y orgulloso zacatecano por compartir estos recuerdos de su padre y por haber mostrado ese retrato autografiado que guarda celoso como testimonio de los hechos que hoy recordamos… a poco más de un siglo de ocurridos.