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Historias de Lobos

Mi delito...no tener opciones

Ivonne Nava García
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25 de Junio del 2017 00:00 hrs
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Liga Corta




Un trágico accidente desintegra a una familia. La repentina muerte de sus padres dejan a un niño y a sus hermanas en completo desamparo. Las hermanas mayores buscan la manera de salir adelante, sin embargo, al estar solos, sin dinero, sin apoyo y con una insuperable perdida en sus vidas, los hace estar completamente vulnerables exponiéndose a prostitución y cosas más graves..


El accidente
“Tenía 8 años cuando se murieron mis papás. Vivíamos en Guadalajara. Mi papá era de allá y mi mamá de Juchipila. Fue en Semana Santa, habíamos ido a visitar a mis abuelos en Juchipila. Íbamos a estar más días, pero a mi papá le hablaron del hospital en donde trabajaba y nos tuvimos que regresar”. 
“Mis hermanas se quisieron quedar con mis abuelos. Nos fuimos para Guadalajara y en la carretera una camioneta que venía rebasando mal a un tráiler nos sacó del camino. En ese lugar había muchas curvas y voladeros. Yo iba en el asiento de atrás y solo sentí que dimos muchas vueltas”. 
“Yo creo que me desmayé porque no supe nada hasta de mucho rato. Cuando desperté todavía no llegaba la ambulancia, pero ya estaban los policías de caminos”.
 “Yo preguntaba por mis papás y me decían cálmate muchacho. Llegó la ambulancia, pero mi papá ya se había muerto lo tenían con una sábana blanca. Mi mamá estaba muy grave porque no estaba despierta y se la llevó la ambulancia junto conmigo. Yo tenía una pierna fracturada y me dolía mucho. Cuando dimos vueltas yo me agarré muy bien del asiento, pero sí sentí que mis piernas golpearon con algo y de ahí me desmayé. Nos llevaron a Guadalajara. Operaron a mi mamá pero tenía golpes muy graves en la cabeza. Solo duró tres días y falleció”. 

Realidad insuperable
“Fue muy difícil para nosotros. Mis hermanas y yo éramos menores de edad. Mi papá tenía un seguro de vida, pero a nosotros no nos dieron nada. Mis tíos se quedaron con todo porque mi mamá era la beneficiaria”.
“Estábamos muy tristes porque nos quitaron todo. Hasta de la casa de Guadalajara nos sacaron. Empezamos a vivir por temporadas con mis tíos, pero nos trataban mal y como somos cuatro yo creo que se les hacía mucho gasto. Y luego nos mandaban con otro tío o con otra tía. Mis abuelos fallecieron al poco tiempo que mis papás, estábamos solos”.
“Yo veía a mi hermana la más grande que casi todas las noches lloraba. Y nos decía que no entendía porque nos había pasado esto. Y que ya no dejaría que nos trataran mal”.
“Tomó la decisión de rentar una casa. Para ese entonces ya era mayor de edad mi hermana y dijo que jamás nos faltaría nada”.

Nueva vida
“Nos fuimos a una casita en el centro. Mi hermana nos dijo que nunca nos faltaría nada. Yo ya tenía como 12 años”.
“No teníamos nada. Mi hermana la mayor se puso a buscar trabajo y no conseguía. Ella nos mantenía a mis hermanas y a mí. Estábamos muy desesperados porque a veces no había ni que comer. Mi hermana empezó a trabajar de noche. Nos dijo que era mesera en un restaurante. Luego se llevó a mi otra hermana también a trabajar para allá. Ellas llegaban casi en la mañana y dormían todo el día. Mi otra hermana y yo a veces nos levantábamos para ir a la escuela y a veces no. Y como mis hermanas las más grandes estaban muy cansadas ni cuenta se daban”. 


El mal en casa
“De un día para otro, mis hermanas empezaron a llevar hombres en la noche a la casa, a mí me daba mucho coraje. Y cuando los vecinos empezaron a dejarnos de hablar yo me fui quedando sin amigos porque decían que mis hermanas eran unas prostitutas. Pero yo me daba cuenta de que ellas lo hacían para darnos de comer porque la familia ya nos había volteado la cara.  Mis hermanas se emborrachaban y seguían con su trabajo”.

Dejó la casa
“Las cosas estaban muy difíciles en la casa con mis hermanas. Un día me fui, yo quería hacer mi vida solo”. 
“Me fui a Aguascalientes porque allá tenía unos primos. Llegué a su casa y mi tía no me recibió muy bien. Me dijo que ella no podía tenerme ahí porque yo podía ser una mala influencia para sus hijos. Le dije que me diera chanza nos días para buscar trabajo. Tenía como 17 años, No había terminado ni la primaria y no sabía qué hacer. Pedí chamba en un taller y me la dieron de ayudante aprendiz. Yo le dije al patrón que si me dejaba quedarme ahí en el taller. Me dijo que sí”.
Prostitución
“Unos compas que conocí en el taller me invitaron unas chelas. Me dijeron que había un bar que estaba de mala muerte, pero que se ponía chido el ambiente. Ahí me dijeron que yo podía ganar dinero fácil, haciendo lo mismo que mis hermanas”. 
“Estaba muy pesado ese ambiente. De repente me vi metido en eso. La verdad no me gustaba, pero sí salía dinero”. “Ahí se topa uno a gente muy desgraciada que solo quieren aprovecharse y ya, andan metidos en rollos muy extremos. Mis hermanas no sabían en lo que yo andaba. En esos ambientes uno conoce gente de toda. Conocí a unos cuates que me invitaron a trabajar en otro bar en otra ciudad”.

Una nueva familia
“Cuando llegamos me dijeron iba a vivir en una casa con más gente. Había hombres, mujeres y también chavos y chavas”. 
“Me dijeron que le entraba al negocio y que mientras más leal más rápido subía y más dinero ganaba”. 
“Aprendí a usar armas, de todas. Me sentía muy poderoso. No me daba miedo a morirme o que me mataran. De todas maneras, no tenía nada”. 
“Lo único que me quedaba eran mi carnalas y ellas estaban en su vida. Así que si me mataban pues más rápido me iba con mis jefes. Le entré a la cocaína y a la marihuana”. 
“Esas gentes eran mi familia. Ellos me ofrecieron un lugar y me hicieron sentir que servía para algo. Ellos me sacaron de la prostitución. Ya no le tuve que entrar a eso. Mi labor con ellos primero fue vigilar, informar. Luego subí de rango. Ya tenía hasta en que moverme”. 
“Yo no voy a decir todo lo que vi. Pero eso es la realidad de lo que pasa. La gente piensa que nosotros somos lo más malo de la sociedad. No se dan cuenta de que ellos mismos nos hicieron así porque nos marginaron”. 
“Alguna vez yo pensé que era así como Robin Hood. Que solo le quitaba a los ricos para darle a los pobres. Pero aquí los pobres éramos nosotros”.


Cosas muy fuertes
“Lo que vivimos está muy cañón. Lo que hicimos también. El día que nos agarraron, unos estaban dormidos, otros no estaban y otros estaban despiertos. Solo escuché que alguien gritó: ‘llegaron los verdes’. Las cosas se pusieron muy fuertes. Nosotros repelimos todo. Había soldados adentro y afuera de la casa, no pudimos con ellos”. 
“Nos detuvieron y los cargos son muchos y el tiempo que voy a estar encerrado también será mucho. Pero moriré siendo alguien. Aunque sea malo, más vale que no ser nadie. Me hubiera gustado que mejor me mataran los soldados”. “Todos los que andamos en eso sabemos que la única salida es la muerte. Pero a veces uno viene de sufrir tanto, que morir es la mejor opción”.

Un triste panorama
Aunque el grave problema social de los jóvenes involucrados en la delincuencia está bien documentado, aún no hay nada concreto y que dé una solución real. Aún existe un debate sobre si se deben endurecer las penas para los jóvenes que cometen delitos. 
Sin embargo, esta estrategia se dirige a los síntomas, cuando el problema fundamental es la falta de oportunidades sociales, educativas y económicas. 
De qué sirve que los jóvenes pudieran aspirar a ser profesionistas, cuando muchos no tienen esas oportunidades. 
Cuando a muchos les ha pegado la desintegración familiar, o prácticamente se han criado solos en sus barrios o colonias, porque sus padres deben trabajar todo el día para llevar un poco de sustento, que muchas veces no les alcanza para comer, menos para enviarlos a la escuela, dejándolos en el abandono por necesidad.