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Legitimidad y gobernabilidad

Sergio Martín Moreno
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28 de Junio del 2017 00:00 hrs
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Es frecuente escuchar ahora la necesidad de tener una segunda vuelta electoral para dar legitimidad al nuevo gobierno y que este pueda gobernar efectivamente. Es claro que es un sistema que funciona ya que lo vemos implantado en varios países. En la segunda vuelta el ganador obtiene, por diseño del sistema, más del 50% de los votos. En contraste, en el actual sistema mexicano, alguien puede ser elegido con menos de un tercio de los votos.

Tener más del 50% de votos otorga obviamente legitimidad; pero hay que hacer notar que esta legitimidad es nominal y no real: muchos de esos votos se concedieron no porque se deseaba apoyar al candidato que finalmente ganó, sino para evitar que saliera el contrario. Dudo de la legitimidad que adquiera el ganador entre estos votantes y aquellos que no votaron por él o ella. El ganador tiene la legitimidad que le otorgan las reglas electorales.

La gobernabilidad no se consigue con una segunda vuelta. El electorado puede decidir tener un congreso dividido para contrarrestar el poder del presidente. Esto es probable si las votaciones para el congreso son al mismo tiempo que la primera vuelta e incluso si las votaciones para el congreso son posteriores a las presidenciales, como en Francia.  

Creo que el sistema electoral cuando tiene legitimidad la otorga ganador, independientemente del porcentaje de votos con los cuales se gane. La gobernabilidad  se puede dar aun con minoría en el Congreso para el partido del candidato ganador. La solución está en saber negociar y practicar lo que es la esencia de la política: el dialogo y la concertación entre los partidos y los ciudadanos. Por ello, los presidentes mesiánicos y autoritarios no pueden funcionar. Es necesario un presidente con apoyo legislativo condicional a que sea un político de verdad.