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Historias de Lobos

Mi delito… ser mujer y ser adulto mayor

Ivonne Nava García
~
09 de Julio del 2017 00:00 hrs
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Liga Corta




El deterioro psico-físico de una persona de edad mayor lo imposibilita a defenderse. Los adultos mayores son víctimas vulnerables a una gran cantidad de delitos como robos, maltrato intencionado, abandono y agresiones sexuales.

En esta historia un hombre de poco más de 40 años y de alrededor de 90 kilos de peso, adicto a la cocaína y al alcohol, no controló sus impulsos y agredió sexualmente a una mujer de 75 años.

 

Quién es ella

Una mujer de edad mayor, semblante agradable. De aquellas personas de campo, de mirada limpia. Su cuerpo ya muestra el deterioro físico propio de su edad. Su estatura apenas alcanzará el 1.45 metros. De constitución delgada. Es una mujer pequeñita que pesa alrededor de 45 kilos.

 

Sus palabras

Aquí en el campo se usa que uno estudié poco y trabaje mucho; yo nada más estudié hasta sexto, no había dinero para más, ni se usaba eso.

Me casé cuando cumplí los 16 años; mi esposo era 12 años más grande que yo, por eso ya se me fue mi viejito. Tuvimos seis hijos pero una niña se nos murió. Nos quedaron cinco. Él un día me trajo a este muchacho, él es mi hijo también. Me lo trajo chiquillo y yo lo crié como mío. No supe si lo tendría con otra mujer o que. Es mi hijo, lo quiero igual que a todos. Sólo tuve a un hombre: mi marido.

 

Vergüenza

Imagínese cómo me he de sentir con todo esto que pasó. Lo que ha de decir la gente de mí. Me da mucha vergüenza. Han de decir que tan vieja y con estas cochinadas. Desde el día que pasó eso yo ya no quise salir a la calle. Ni a misa iba porque me daba miedo de que me fueran a señalar.

 

Borrachos

Fue para el tiempo de las fiestas; llegó mi hijo acompañado de este muchacho. Serían como las dos de la mañana. Me levanté para darles de cenar y el muchacho dijo que no quería. Mi hijo sí quiso de cenar.

Me fui a acostar de nuevo y cuando terminaron en la cocina se fueron un rato para mi cuarto y ahí se estuvieron platicando un rato conmigo. Sí los vi que venían tomados. En eso dijo el muchacho que ya se iba, mi hijo le dijo que no se fuera y le ofreció un cuarto.

Me levanté a cerrar la puerta de la cocina para que no se metiera la perra y lo vi parado a la entrada del baño. Luego de un rato escuché que tocaban la puerta muy bajito, casi sin hacer ruido. Pensé que era mi hijo pero me contestó su amigo.

 

Me agarró a la fuerza

Me dijo: “Párese para que me dé un masajito”. Le contesté que no sabía dar masajitos. El vidrio de mi ventana está roto y el metió la mano para abrir la puerta. Le pregunté porque se había metido y me dijo: “Para que me dé los masajitos”.

Estaba acostada en mi cama y él me cargó en peso. Pataleaba para que me bajara, pensaba que si gritaba despertaría a mi hijo y se agarrarían a golpes o lo mataba ahí mismo. Me llevó al cuarto donde estaba él. Me senté en la orilla de la cama y me empezó a estrujonear. Me tumbó en la cama. Como podía me quería zafar, pero me volvía a tumbar en la cama.

 

Agresión

En eso me agarró de las piernas y me tiró de las pantaletas. Puso mis piernas en sus hombros y me las agarraba con fuerza para que no me soltara. Yo seguía luchando como podía. Me agarraba de las piernas y yo las bajaba. Le decía que lo denunciaría.

Estaba como loco porque me decía que yo lo quería. Le decía que se fuera con su vieja y me decía que él no tenía vieja. Con su fuerza me lastimó mucho. Yo quería gritar pero me tapaba la boca. Tenía miedo de que mi hijo se levantara. Pero sí se dio cuenta y se hicieron de palabras. Mi muchacho estaba muy enojado, el otro se fue.

 

Tristeza y vergüenza

Mejor quiero que ya me lleve mi esposo. Todas las noches le pido que me lleve con él. Casi no duermo por estar piense y piense. Ya no sé ni qué estoy haciendo aquí. No sé qué va a ser de mí después de todo esto. Ya no quiero acordarme de ese día que me estrujoneó toda. Yo ya lo perdoné

Me habían dicho que esto ya se iba a acabar. Me quiero ir al otro lado para con mis hijos. Desde que pasó eso hasta como para octubre yo no salía para nada de mi casa. Ni a misa iba. Me daba mucha vergüenza de que me vieran. Aquí todo se supo. Sí me lastimó. Pensaba que me había roto unas costillas de cuando me cargó, me dolían mucho. Y la rabadilla (el cóxis) me dolía también mucho. La rodilla y mi parte íntima me la sangró. Él decía que yo estaba de acuerdo. Yo que iba a estar de acuerdo si mi hombre ya se me murió, yo soy más viejita que Matusalén.

 

La versión del sujeto

Desde temprano anduve tomando. Era sábado y había fiesta en el pueblo. Me encontré al hijo de la señora. Nos conocemos y le pregunté si la seguíamos juntos. Anduvimos un rato ya nos sentíamos muy borrachos. Buscamos un pase de cocaína y nos metimos a una cantina. Ahí nos estuvimos ya hasta tarde. Le di un ride para su casa, me invitó a cenar.

Cuando ya me iba me dijo que si no me quedaba. Como ya era muy tarde le dije que sí. No es cierto que yo me metí al cuarto de la señora. Yo me la encontré en el pasillo y hablamos unas cosas y nos fuimos tomados de la mano para el cuarto que me habían prestado. Si le estuve acariciando sus piernas. Todo era de común acuerdo. Sí quería tener relaciones, pero en eso pensé, qué estoy haciendo y no le hice nada. Yo creo que su hijo nos oyó y me preguntó que con quién estaba y le dije que con nadie. De rato ya salí del cuarto y luego salió ella. Pero yo no le había hecho nada. Me fui de ahí. Sí andaba borracho y drogado. La miraba como nueva. Uno se equivoca. Le quiero pedir perdón.

 

Lamentable historia

El abuso de sustancias, la carencia de valores morales, el nulo control de impulsos, entre otras cosas provocan que se susciten situaciones tan lamentables como esta.

En este caso el sujeto fue detenido y sentenciado. La víctima tuvo el valor de denunciar y enfrentarse a todo un proceso.

 

Víctimas vulnerables

Las víctimas vulnerables son todas aquellas personas que por sus características de edad, sexo, desarrollo psíquico o condición socioeconómica (mujeres, niños, adolescentes, personas con capacidades diferentes y adultos mayores) requieren de atención especializada, por encontrarse en desventaja con relación al resto de la sociedad.

Por todo lo anterior no pueden defenderse de la agresión de terceros (sean estos familiares o no), ni percibir el peligro al que están siendo sometidos.

Son personas que se encuentran en una situación en la que les resulta imposible defenderse.

Las víctimas vulnerables comparten una misma característica común, todas ellas padecen los mayores sufrimientos y consecuencias de delitos.

La edad es determinante, ya que a los niños y ancianos les suele resultar más difícil ofrecer una resistencia eficaz.