×
×
×
×


Búsqueda


Introduzca su búsqueda



X

La muerte en espera

Claudia Edith Anaya Mota
~
18 de Julio del 2017 00:00 hrs
×


Compartir



Liga Corta




A principios del siglo 19 el promedio de vida de las personas era de 35 años, la muerte llegaba rápido y no había mucho qué hacer, lo que hoy consideramos simples enfermedades en su momento fueron grandes epidemias qué arrasaban con poblados a su paso, incluso los partos fueron causa de alta mortandad para la mujer durante muchos años. La muerte no esperaba, lo más doloroso para los familiares del difunto era incluso reponerse a la sorpresiva partida. 
Hoy día la muerte espera, los avances científicos y tecnológicos nos regalan ya una esperanza de vida de 80 años, ¿cuánto más podremos prolongar la vida? ¿ qué calidad de vida estamos prolongando? Son muchas las visiones encontradas al respecto  de la prolongación de la enfermedad a razón de preservar la vida. Hoy día, antes de morir, el paciente y su familia pueden cargar durante años dolorosas y caras enfermedades, no solo eso,  los avances en biotecnología o nanotecnología aplicada a la medicina, pueden mantener conectados a respiradores artificiales a pacientes sin vida por largo tiempo. Pero el dilema del doctor, el familiar y el paciente, siempre topan en los límites de lo permisible por la ley.
Por su parte, el debate legislativo para mover los límites de la ley, más que centrarse en aspectos como; libertad de conciencia, libertad de decisión y bioética médica. Están casi siempre nublados por argumentos políticos, ideológicos o hasta religiosos. Así, mientras la muerte espera a miles de pacientes con diagnóstico de muerte, el político no toma decisiones por pensar en costos electorales. 
Yo celebro la cantidad de avances en la ciencia médica que hoy día permiten que las personas se curen, celebro tantos avances médicos qué hacen retroceder enfermedades y dan al paciente vida óptima. Pero insisto en muchas cosas que hay que debatir para legislar respecto a la voluntad anticipada de enfermos en fase terminal. Morir con dignidad debería ser un derecho, en muchos países ya lo es, por ello es necesario dejar de lado nuestra religión para determinar condiciones legales que permitan tomar decisiones al paciente y a su familia.