×
×
×
×


Búsqueda


Introduzca su búsqueda



X

El Día del Señor

La paciencia y la tolerancia de Dios en el advenimiento de su reino

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
~
23 de Julio del 2017 00:00 hrs
×


Compartir



Liga Corta




DIOS CON SU PODER, TOLERANCIA Y PACIENCIA nos conduce a la salvación que nos ofrece en la Tierra y el más allá.
Cortesía / DIOS CON SU PODER, TOLERANCIA Y PACIENCIA nos conduce a la salvación que nos ofrece en la Tierra y el más allá.

Desde el domingo pasado, hemos entendido de qué manera Jesús, nos revela los secretos del reino de Dios que ha venido a instaurar, por medio de comparaciones llamadas parábolas, para que sean entendidas por todos los hombres, llamados a pertenecer a este reino en donde se vive de amor y servicio en orden a la salvación temporal y eterna de los hombres de todas las épocas y naciones.

El capítulo trece del evangelio de San Mateo que se proclama en estos domingos, recoge siete parábolas que nos van dando una visión cada vez más completa del reino de Dios.

La primera es la del “Sembrador” que fue el domingo pasado. Ahora en este domingo y el que sigue, iremos contemplando otras parábolas que irán completando, en cuanto es posible por el camino de la fe, la realidad esplendente del reino de los Cielos, al cual estamos llamados por Dios para pertenecer a él logrando así, nuestra salvación para el tiempo y después para la eternidad.

La paciencia y la tolerancia de Dios en el advenimiento de su reino

El evangelio y la primera lectura de hoy, destacan la paciencia de Dios quien, porque tiene en su mano todo el poder, se muestra tolerante con sus criaturas, los hombres, que somos débiles y pecadores, y por esto mismo impacientes e intolerantes, que llevan muchas veces al desaliento y el desánimo.

Tres parábolas nos presenta nuestro evangelio de este día: El campo de trigo y la cizaña; la del grano de mostaza y la levadura en la masa.

Todas ellas nos hacen ver la paciencia y la tolerancia con las cuales actúa Dios ante la dureza, intolerancia e impaciencia de los hombres tan necesitados de liberación y salvación, que no es posible tener por nosotros mismos, sino apoyados y ayudados en todo momento de nuestro paso por la tierra, en la gracia, la liberalidad y el poder divinos, porque nuestro Dios es lento a la ira y muy rico en piedad y misericordia.

Cuando Cristo hubo expuesto la parábola del trigo y la cizaña, entonces se le acercaron sus discípulos y le dijeron: “Explícanos la parábola de la cizaña sembrada en el campo”.

Jesús les contestó: “El sembrador de la buena semilla es el Hijo del hombre, el campo de trigo es el mundo, la buena semilla son los ciudadanos del reino, la cizaña son los partidarios del maligno, el enemigo que la siembra es el diablo, el tiempo de la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.

Y así como recogen la cizaña y la queman en el fuego, así sucederá al fin del mundo; el hijo del hombre enviará a sus ángeles para que arranquen de su reino a todos los que inducen a otros al pecado y a todos los malvados, y los arrojen al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación.
Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos que oiga”.

Las otras parábolas de la levadura que fermenta toda la masa para hacer el pan y el grano de mostaza pequeño e insignificante al ser sembrado, con el paso del tiempo y la fecundidad de la tierra buena llega a crecer tanto como un árbol frondoso en donde van a anidar las aves.

Esto nos enseña que el reino de Dios se instaura pequeño, pero que su crecimiento en el plan de Dios va creciendo incontenible y al mismo tiempo de manera admirable, maravillosa.

Aplicaciones prácticas

Ante la verdad revelada que Cristo nos enseña al hablar del principio insignificante del reino de Dios y luego su expansión universal  y misionera en el mundo a salvar con el poder y la elección divinos, Cristo nos reafirma en nuestra fe, esperanza y amor a Dios y a nuestros prójimos.

Estamos llamados a no desfallecer nunca ante los rechazos, persecuciones y odios contra Dios y contra su Iglesia, presencia prolongada de sí mismo en el espacio y tiempo históricos.

Dios con su poder, tolerancia y paciencia nos conduce con su Espíritu a la salvación que nos ofrece aquí en la tierra y en el más allá. Y esto a pesar de las tribulaciones y pruebas adversas que debemos afrontar.

Por último, es bueno recordar que el mal y el bien no son, ni están, solamente fuera de nosotros, sino también dentro del propio corazón.

Nadie es tan bueno que no tenga algo de cizaña. Nadie pude presumir de ser meramente trigo limpio. Jesús lo ha dicho claramente: “Solamente Dios es bueno”.

¡Y por eso con su bondad, paciencia, lento a la ira y rico en piedad  y misericordia, nos llama a ser sus herederos de las promesas de su reino en el cual hemos de encontrar la luz, la paz, la seguridad conquistada con lucha y con cruz, para luego ser coronados con el premio de la vida eterna!

*Obispo emérito de Zacatecas