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Muy noble y leal ciudad: artes y letras del Zacatecas virreinal

Jura Real por la victoria de Felipe V

Salvador Lira
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24 de Julio del 2017 00:00 hrs
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Pintura de la aclamación a Felipe V en el palacio de Versalles, por François Gérard
Cortesía / Pintura de la aclamación a Felipe V en el palacio de Versalles, por François Gérard

La sucesión de Felipe V al trono (1700) fue un complejo proceso político en todo el contexto europeo. El anterior rey, Carlos II de los Austrias, murió sin hijo heredero al trono. A menos de un mes de su muerte, signó su testamento dejando la corona a Felipe V –de la casa dinástica de los borbones y nieto de Luis XIV de Francia– sin otorgarle el trono al archiduque Carlos —hijo del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Leopoldo I de la casa de Austria.

El traspaso de poderes no satisfizo a Leopoldo I, quien pronto declaró la guerra a España y a Francia, denominada la Guerra de Sucesión Española (1701-1713). Participaron Holanda, Saboya, Portugal, Baviera y los reinos británicos, por mencionar los más relevantes. Al interior del reino español, Cataluña apoyó al bando del archiduque Carlos, mientras que Castilla a Felipe V.

La Nueva España se mantuvo fiel a los designios de la capital hispánica y, dada su anexión jurídica al reino de Castilla, estuvo en el bando borbónico. Cabe mencionar que no hubo algún levantamiento o pronunciamiento del tipo marcial o social, únicamente existieron pareceres y sentires literarios-arquitectónicos, que fueron la ventana ideológica de ambos lados del atlántico.

Así, uno de los combates decisivos en favor de Felipe V fue proclamado como renuevo de jura por la Real Universidad en la Nueva España. Se trató de la batalla de Villaviciosa (1710), que fue de los avances más importantes para los Borbones.

Se imprimió una relación (1712), titulada Festivo Triduo, de vida aclamación, a los Gloriosos Triunfos de las Católicas Armas de nuestro Invicto Rey de las Españas…, por mano de Baltasar de Alcozer y Sariñana, quien fuera sobrino de Isidro de Sariñana obispo de Yucatán (alumno del jesuita fresnillense Antonio Núñez de Miranda). Vino acompañado de un sermón por Juan Ignacio de Castorena y Ursúa, en honor al rey y a su heredero el príncipe Luis Fernando.

Se debe decir que la transición trajo una nueva iconografía de Estado, principalmente con la flor de lis característica de los Borbones. No obstante, hubo varios símbolos de la casa de Habsburgo que, dada recepción en la corona hispánica, se mantuvieron. Tal es el vellocino de oro. En el aparato de la Real Universidad aparece un religioso franciscano “haciendo ostentación de la Teología Mística”, ascendiendo al cielo y en visión de palabra por San Juan Apocalíptico, que en dos rostros era León y Cordero. Ahí la analogía, con la siguiente décima:

Porque el Cordero en el Cielo

El Libro abre con primor
Le publican Vencedor,
Las Coronas por el suelo.
De este mismo paralelo
Se tributa Aclamación
Hoy de Philipo al blasón
Pues Sabio a un tiempo, y Guerrero,
Ilustra como Cordero,
Y Vence como LEÓN.

 

*Escritor e investigador