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Acuerdos inquebrantables

Juan Carlos Ramos León
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24 de Julio del 2017 00:00 hrs
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Un hombre abrió una panadería. Su negocio fue próspero durante los primeros meses hasta que llegó otro hombre que abrió una nueva panadería justo enfrente de la suya. Por la novedad, la segunda panadería se colocó rápidamente en la preferencia de los consumidores hasta que el primer panadero los hizo regresar a su negocio anunciando una disminución en los precios de sus productos. El segundo hombre, enfurecido por la estrategia implementada por su competidor, siguió el mismo camino y aquello terminó por convertirse en una guerra de precios tal que la consecuencia lógica de aquello fue la quiebra de ambos.
Los negocios no se manejan con el estómago. O te acabas el negocio o te acabas el estómago, no hay de otra. En este hipotético caso, la arrogancia de los panaderos se impuso a lo que hubiera sido la mejor decisión de ambos: sentarse a negociar y tomar tales acuerdos que la decisión de compra de los consumidores se realizara con base en factores como la atención y el servicio, la calidad del producto y otros distintos al precio en sí. Con las guerras de precios el único que gana es el consumidor, y los negocios dejan de serlo.
Esto que planteo aquí de forma simple es parte de un planteamiento que le valió el Premio Nobel de Economía al matemático norteamericano John Nash en 1994 con su “equilibrio de Nash”. En la mayoría de los mercados el mejor resultado para todos los competidores se obtiene cuando estos son capaces de superar actitudes viscerales, ser objetivos, establecer acuerdos que favorezcan una sana competencia en la que todos ganen, incluido el consumidor, y hacerlos valer a toda costa.
Algo más o menos parecido sucede con el bien común.
Los miembros de una sociedad debemos de entender que la mejor forma de convivir, en la que todos salimos ganando, es cuando establecemos juntos -siendo todos y cada uno tomados en cuenta- las normas de nuestra convivencia y las respetamos estrictamente. El que solo persigue su interés y les pasa por encima a los demás es el primero en poner el desorden y termina por pagar las consecuencias tarde o temprano.