×
×
×


Búsqueda


Introduzca su búsqueda



El Día del Señor
De sus discípulos, en medio de la tormenta del mar de Galilea, Cristo va al encuentro
Fernando Mario Chávez Ruvalcaba 12-08-2017 20:32 hrs

Compartir

×


Compartir



Liga Corta




Cortesía / San Mateo narra el encuentro de Jesús con sus discípulos.

Introducción

Los seguidores de Cristo, llamados cristianos, alimentamos  nuestra vida de fe en el contacto continuo e íntimo con  su persona. Jesús llamó a los que él quiso y quiere, para que lo siguieran, compartieran su vida con él; lo acompañasen en la proclamación y el compromiso de dejarlo todo para ponerse al servicio de la voluntad salvadora del Padre, de quien, Cristo cumple en todo momento su voluntad, pues decía: “mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre que me ha enviado”.

Pero seguir y estar con Cristo aprendiendo los secretos del Reino de los Cielos que ha venido a proclamar en la tierra y para todos los hombres, es llenarse de su presencia divino – humana e ir entendiendo y captando la manifestación del Hijo de Dios hecho hombre en todo igual a nosotros, menos en el pecado, objeto de liberación y triunfo sobre él y la muerte que acarrea.

En algunos momentos de nuestras vidas, podemos constatar que este seguimiento de Cristo, debe contar con un amor total,  generoso y fiel,  que conlleva la pasión, la crucifixión y la muerte, para resucitar con él y con todos sus seguidores, hermanos nuestros, al final de nuestra existencia terrestre y cuando nuestras vidas se incorporen al gozo de la comunión celestial por toda una eternidad.

Hoy, nuestra Iglesia pone a nuestra contemplación, reflexión y asimilación cristiana y espiritual, un pasaje del evangelio de San Mateo, quien nos narra vívidamente, el encuentro de Jesús, con sus discípulos, quienes peligraban en una barca frágil, en medio de una tormenta implacable y terrible, lejos de la costa en el mar de Galilea.

Fe de los discípulos de Jesús, puesta a prueba y a la intemperie en medio de una tormenta en el mar de Galilea

En el cuadro bíblico que ahora consideramos, Jesús camina sobre las olas encrespadas de una tormenta pavorosa, disipándola con su presencia oportuna y reconfortando a sus discípulos.

Para entender este episodio de la vida de Jesús y sus discípulos en todo su alcance, es muy conveniente llevar a efecto, tres niveles o grados de lectura: 

1)El hecho en sí mismo, con todo el valor que encierra y se nos manifiesta; 2) La teofanía o aparición divina con todo su poder; 3) Y el significado eclesial que contiene. 

A) Jesús camina sobre las olas encrespadas. San Mateo nos narra, que Jesús después de haber multiplicado los panes para saciar a una gran muchedumbre, les pide que se embarquen y vayan a la otra orilla del Mar de Galilea. Mientras tanto, él se retira hacia el monte y en soledad completa se pone a orar con su Padre del cielo.

Bien entrada ya la noche y al amanecer, cuando la barca con sus discípulos ya iba muy lejos de la costa agitada por vientos impetuosos de tempestad, de pronto, se les presenta caminando sobre las olas.

Entonces, los discípulos, se espantan, se llenan de terror y dan gritos de miedo al sentir que estaban a punto de naufragar y asustándose también al creer que estaban viendo a un fantasma. Pero Cristo, compadecido, inmediatamente reacciona para dar auxilio y seguridad a sus hombres y les gritó: “Ánimo, soy Yo, no teman”.

Entonces, como siempre, Pedro, tan primerio en su forma de comportarse, le pide a Jesús ir con él sin medir el peligro del mar enfurecido. Jesús lo llamó para que fuera hacia él; entonces Pedro salta fuera de la barca y empezó a caminar  sobre las olas hacia Jesús; pero al sentir la movilidad furiosa de las aguas y el impulso muy fuerte del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: ¡Señor, sálvame!.

Jesús comprensivo y benevolente, extendió la mano, lo agarró con fuerza, diciéndole: ¿Porque dudas, hombre de poca fe? Embarcaron ambos…y el viento inmediata y misteriosamente, se calmó.

B). La teofanía subyacente en este hecho: en él, aparece potente y segura la persona de Jesús. Se manifiesta a  sus discípulos como Dios verdadero. De esta manera lo reconocen ellos al ser salvados de una muerte inminente y al  quedar verdaderamente impactados cuando el Señor, calmó súbitamente al mar y al viento, desatados.

C) En la barca de los discípulos zarandeada por el mar furioso, la tradición cristiana de las generaciones que se han sucedido una tras otra ininterrumpidamente en la historia de la salvación, se ha visto simbolizada la figura de la Iglesia como si fuera la barca de Pedro y los creyentes que ponen toda su fe, esperanza y confianza en Jesucristo, siempre presente en ella ante los desafíos y tempestades que se han cernido y seguirán abatiéndose sobre ella, siempre reconfortada y auxiliada con el poder y las palabras de Jesucristo: “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin y consumación de este mundo”.

Conclusión 

Cuando en nuestros ambientes de estos días y generaciones que nos ha tocado vivir actualmente, se nos oscurecen los signos vivificantes de Dios altísimo, por diversas y dolorosas causas, como por ejemplo: porque fallan el amor y la amistad en el mundo de los hombres; la fidelidad en los matrimonios con las consecuencias tan dolorosas para los hijos y las familias; el respeto a la vida y los más elementales derechos de cada quien; cuando el bien, la seguridad social y la verdad vienen a menos; cuando golpean sin piedad y con rudeza, la enfermedad, los descalabros económicos, el desamparo y la terrible situación de estar solos;  cuando tocan a nuestras puertas los accidentes trágicamente experimentados.

Entonces surgen las olas y tempestades de las dudas acerca de Dios, su amor y providencia; se sufren las amarguras de quedarse sin trabajo y agobiados por tener que cubrir las necesidades más elementales y necesarias…entonces es, cuando nuestra fe puesta a duras pruebas, debe ser un grito de confianza en Jesús quien nos ama tanto y quien con su Palabra, Sacramentos, ternura y fidelidad, nos dice siempre: ¡Ánimo, tengan fe. SOY YO. No teman porque mi amor fiel es para hoy, mañana y para la eternidad!

*Obispo emérito de Zacatecas