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Inhumanidad

Juan Carlos Ramos León
~
21 de Agosto del 2017 00:00 hrs
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Nuevamente el mundo se ha estremecido ante la tragedia ocurrida la semana pasada en Barcelona. Como sucede en casos similares, todos seguimos preguntándonos ¿por qué? Cualquier sistema o doctrina que enseña a matar por matar está equivocado, es erróneo. Está claro que este tipo de actos se realizan con una profunda convicción de quien los perpetra y con el odio como motor.
Cuando un ser humano le permite al odio germinar como una planta dentro de sí este es capaz de nublar los sentidos y la conciencia orillándolo a realizar actos inimaginables con consecuencias catastróficas. He ahí la prueba.
Entre muchas reflexiones que se pueden hacer al respecto, llama poderosamente la atención una postura adoptada en redes sociales por un internauta; escribe lo siguiente: “si alguien se está desangrando a tu lado, no le grabas”, haciendo referencia a quienes, en lugar de correr a ayudar, se apresuraron a sacar su dispositivo móvil para tomar evidencia de lo que allí ocurría y subirlo de inmediato a redes sociales. La pregunta es ¿para qué?
En otra ocasión, en este mismo espacio, hacía algunas reflexiones al respecto. ¿Qué atraviesa por la mente de quien encuentra mayor urgencia en registrar una cuestión tan dolorosa que en hacer algo, lo que sea, por aliviar aunque sea un poco el padecimiento de quien sufre en ese momento? La persona que publicó ese comentario concluye su mensaje así: “porque cuando en vez de ser humano te dedicas a grabar, lo único que muestran tus grabaciones es tu propia inhumanidad”.
Reflexionemos sobre cuánto nos hemos deshumanizado. Las herramientas que, en teoría deberían de servir para unirnos como seres humanos, comunicarnos mejor y abrirnos más a las necesidades de los demás, solo nos han llevado a proyectar más nuestro ego y a encerrarnos más dentro de nosotros mismos. En muchos casos no usamos el internet y las redes sociales sino que estos nos usan a nosotros. Los dispositivos móviles nos ofrecen tantas cosas que es bien fácil encerrarnos con ellos en una burbuja de cristal y vivir en nuestro propio mundo perfecto.
Caer en la cuenta de esto es el primer paso.