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Andanzas

Las vacaciones

Ricardo González
~
24 de Agosto del 2017 00:00 hrs
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Liga Corta




Cuando vivía el viejo y alcanzaba oír la palabra vacaciones refunfuñaba para sus adentros –eh eh vacaciones, bola de huevones-, decía que descansaría el día de su muerte, que de ahí pa´ delante no tendría que trabajar, “puro gozarla”.
En el Carrizal vivía mi tía Esperanza, era un ranchito con dos calles, una iglesita y una pequeña placita, cerquita casi en el corral de la casa de mi tía estaba una presa, ese era el lugar de mis vacaciones.
De ese pueblito del Carrizal habían bajado al pueblo a vivir muchas familias, unas para que sus hijos fueran a la escuela, otras para buscar mejores condiciones y otras de plano porque habían salido mal con algún vecino.
La tía Esperanza era viuda, su marido había ido al norte, se enroló en el ejercito estadounidense y se embarcó pal Japón –quién sabe dónde será eso- y allá perdió la vida. Tiene su buena pensión que le manda el gobierno americano por ser viuda de un caído en servicio. Ella nunca volvió a casarse, vendió su casa de Los Ángeles y se regresó para México.
Una vez me enseñó el uniforme de mi tío Pedro, me dijo que en unos años más me dejaría usarlo para tomar fotografías de con don Merced, además del uniforme tenía una carpeta con unos papeles en inglés, dice mi tía que fueron sus rangos, en el último se lee sargent, tenía varias como medallas, ella decía que eran insignias.
Me gustaba irme las vacaciones para allá, aunque en realidad en un caballo a toda prisa podías llegar en menos de dos horas, el camión destartalado hacía un poco más de una, pero iba haciendo paradas en las casas y los ranchitos.
La presa no siempre tenía agua, una vez me contó don Chimino -que era el encargado de la presa-, la compuerta se debía quitar cada ciertos años para que no se azolve, que los arroyos que traen el agua siempre le juntas palos, piedras y tierra, que se van juntando en el fondo.
Nadar en la presa, jugar a los soldados en la placita, ir a misa con mi tía, comer gorditas de horno, ayudar a limpiar los corrales de los puercos, ver la lluvia correr por las calles empedradas, salir a bañarme en las canales que soltaban unos grandes chorros de agua. Desde el zaguán ver las hierbas  brotando de la calle empedrada. Eso eran las vacaciones.
Ahora veo que a la playa, que a Estados Unidos, que hasta han ido a España, no, no, no, esas no son vacaciones, el descanso de ahora ni es descanso, les veo llegar gastados, cansados  y trasijados los pobres.