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El Día del Señor

La cruz de Jesucristo en la vida de todos y cada uno de los cristianos

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
~
03 de Septiembre del 2017 00:00 hrs
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Liga Corta




En Dios nos movemos y podemos alcanzar, con su ayuda,nuestro destino temporal, terrestre y trascendente.
Cortesía / En Dios nos movemos y podemos alcanzar, con su ayuda,nuestro destino temporal, terrestre y trascendente.

Hermanos y hermanas: celebramos una vez más, en el transcurso de nuestras vidas, una eucaristía más. Las celebraciones dominicales, son un espacio de gracia y amor de parte de Dios, Uno y Trino.

Es la manera en como la divina sabiduría que nos salva, va disponiendo nuestras almas para conocer siempre y en todo momento, el designio de salvación para todos y cada uno de los hombres y mujeres, en la comunión íntima de la creación, en la cual hemos sido colocados, para que nuestras existencias se desplieguen, alentadas por el designio salvífico de Dios vivo y omnipotente.

En Dios, con él y para él, somos, nos movemos y podemos alcanzar, con su ayuda y con su gracia, nuestro destino a la vez temporal, terrestre y nuestro destino trascendente. Nunca debemos olvidar esta manera de entender, realizar y conquistar nuestra inserción íntima en la vida de Dios, primero como arras y luego como posesión absoluta y plena.

El tema de nuestra homilía del presente domingo, es: La cruz de Jesucristo en la vida de todos y cada uno de los cristianos. Propongo el método o manera de abordarlo.

1º.-Vamos a partir de la vida que compartimos en las actuales circunstancias históricas, positivas y negativas de la humanidad.

2º.- Iluminaremos estas circunstancias con la luz de la Palabra de Dios con los textos bíblicos que en este domingo nos presenta nuestra Iglesia.

3º- Propondré algunas pistas para comprometernos  existencialmente  con lo que Dios nos pide en la libertad y el amor de nuestra respuesta como discípulos, testigos y misioneros en la expansión de su Reino instaurado por Jesucristo.

Circustancias históricas de la vida actual de la humanidad

Llevamos ya más de veinte siglos de la revelación de Jesucristo y hemos comenzado el siglo 21.
Para abordar nuestras actuales circunstancias con la luz del evangelio, constatamos realidades positivas y negativas en el desarrollo de la humanidad. 

Hemos avanzado admirablemente con las aplicaciones de la inteligencia y con voluntad decidida, para avanzar en una convivencia local y universal, en todas las ramas y dimensiones de la existencia de los hombres en este planeta que nos ve nacer, crecer y conquistar tantos bienes culturales que han dignificado admirablemente nuestras vidas personales y comunitarias:  avance en todas las ciencias: biológicas, sociales, aplicaciones de la tecnología en los medios de comunicación social, hoy como nunca antes, gozamos de multitud de bienes materiales, espirituales, políticos, ahora estamos cayendo en la conciencia de que somos una humanidad globalizada que rebasa fronteras y países.

Pero al mismo tiempo no estamos creciendo en el desarrollo de la vida moral en orden a distinguir el bien del mal y actuar en consecuencia sabia y firme.

Se manifiestan muchas formas del hombre por el hombre con el olvido de Dios, de quien vine todo don y dádiva perfecta. Vivimos en medio de constantes y complejas guerras que asolan la vida de todos los habitantes de esta tierra.

Experimentamos el azote de las drogas y su consumo destructor en amplios aspectos de la vida de los países, con dolorosos efectos de crímenes, divisiones e inseguridad en muchos aspectos de la vida individual y comunitaria; en la vida de las familias que se desbaratan en medio de angustias e inseguridad por todas partes.

He aquí un pequeño esbozo de la vida de la humanidad con sus luces y sombras.

Iluminación con la palabra de Dios sobre este universo en el cual nos movemos, somos y existimos

La Palabra de Dios en este domingo, nos habla de la Cruz de Cristo redentora y participación en ella por cada uno y por todos los cristianos y más aún, por todos los hombres de buena voluntad.

En aquel tiempo Jesús dijo a sus discípulos: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla?”.

En estas palabras divinas se encierra todo el tesoro de la vida cristiana. Es la sabiduría del Verbo encarnado que se nos revela como “camino, verdad y vida”. 

Sin cruz con Cristo no existe salvación para la historia ni para el “más allá”. Por esto es preciso que nosotros los cristianos debemos poner en práctica lo que Dios nos pide: “Sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia y corramos con fortaleza la prueba que se nos propone, fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe, el cual, en lugar del gozo que se le proponía, soportó la cruz sin miedo a la ignominia y está sentado a la diestra de Dios” (Heb 12, 1- 2).

Con Cristo habremos de mirarle como traspasado de amor por nosotros y con la fuerza de su sacrificio podremos superar toda tiniebla de muerte y pecado y entonces quedaremos iluminados y elevados para compartir la vida verdadera y eterna de Dios.

Algunas pistas para abrazar la cruz redentora de Cristo
+ Abrazar la cruz en el seguimiento de Cristo es expresión de amor sin límites, sin fronteras, asumiendo y elevando al nivel divino todo dolor y sufrimiento con  la medida de Cristo y la gracia que nos da.
+ Aceptar con generosidad la impotencia que de alguna manera unos y otros debemos afrontar y asumir ante las enfermedades, los trágicos accidentes, las penurias económicas y los esfuerzos heroicos por superarlas. Aceptar con el Señor el misterio ineludible de nuestra muerte como paso a la vida del cielo.
+  Cargar la cruz de nuestras flaquezas, pecados y debilidades físicas y morales y ofrecerlos al Padre por Cristo, con la fuerza del Espíritu de amor y con el arrepentimiento sincero de nuestro corazón.

Conclusión
¡Miremos a Jesús con sus brazos abiertos para acoger a todo aquel que quiera beber la sangre y el agua de su costado abierto y entonces dejaremos los males y pecados con la fuerza de su amor inconmensurable!.

*Obispo emérito de Zacatecas