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Historias de Lobos

Mi delito... provocar su inseguridad

Ivonne Nava García
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03 de Septiembre del 2017 00:00 hrs
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Liga Corta




Una relación matrimonial fracturada por las infidelidades del conyugue provoca la inseguridad y desconfianza en su esposa. Esto suscita una situación grave que provoca que la mujer deba enfrentar un proceso penal y pagar su responsabilidad ante la justicia. El esposo decidió tramitar el divorcio necesario y la consecuente pérdida de la patria potestad de sus tres hijos ya que su entonces esposa debía estar privada de su libertad. Después de cumplir su sentencia de un año con tres meses esta mujer trata de pelear legalmente por recuperar a sus hijos a toda costa y sin pensar en el daño que les podría causar.

La historia durante el matrimonio
Mi esposa al inicio de nuestro matrimonio fue una mujer cariñosa y dedicada. En los primeros 5 años procreamos a tres hijos y todo marchaba muy bien. No éramos ricos, sin embargo, no faltaba para sufragar los gastos, incluso le puse una muchacha para que la ayudara en las labores de hogar. Yo era feliz y sé que ella también. Comenzamos a tener altibajos. 
Ella comenzó a exigirme cada vez más. Pretendía lujos y dinero para gastar. Yo me esforzaba por darles lo mejor. Comencé a trabajar más y por supuesto empezó a disminuir el tiempo que podía pasar con ellos. Me levantaba a las seis de la mañana y desde las ocho de la mañana que dejaba a mis hijos en la escuela y hasta las nueve de la noche regresaba a casa. 
Extrañaba mucho a mis hijos. Y a ella también, casi no los veía. Y en la noche que llegaba a casa ya estaban dormidos ó ella de plano no estaba de humor y comenzaba a darme toda clase de quejas.

Cansancio
Ella comenzó a verse mejor porque gastaba dinero en ropa y estéticas. Salía con sus amigos y a mis hijos los dejaba solos mientras ella se iba a dar la vuelta o a algún café con sus amigos y amigas. 
Yo me sentía agobiado por que mi trabajo es muy estresante y por las noches yo la buscaba para platicar y para tener vida marital íntima. Pero ella estaba como ausente y me ponía muchos pretextos para no cumplir conmigo en la intimidad. Así pasaban los días.
Yo me sentía cansado, agobiado y sobre todo frustrado porque trabajaba mucho para darles lo mejor y ella parecía no valorarlo. Me demeritaba, me decía que cada vez me veía más viejo.

La amaba pero tuve varias aventuras
Yo la llegué a amar mucho, me dolía que se portara así, pero me sentía muy solo. Creo que todo esto comenzó porque esa soledad me hizo tomar decisiones muy malas, pero hay ocasiones que el mismo dolor lo hace a uno querer vengarse. 
Tuve una aventura. Me sentía renovado, sentía que valía y que todavía las podía.
No fue la única aventura. Duró poco porque yo no la tomé en serio. Conocí a una muchacha en el trabajo, como con mi esposa no había comunicación porque simplemente ella jamás me ponía atención. Yo sentía la necesidad de platicar con alguien y comencé a platicar de cómo me sentía con esta muchacha.
    
Me confié
Me sentía muy a gusto y las cosas se fueron dando poco a poco. Yo no me imaginé las intenciones de esta chava. Un día me ganó el impulso y la invité a salir. Nos fuimos en mi carro a tomar cervezas, anduvimos dando la vuelta y terminamos en un motel. Confié que ella no diría nada. 
Así pasó un año. Nos escapábamos a cada rato, Buscábamos la forma de vernos más tiempo. Salíamos al billar y a jugar boliche. Como mi esposa no me ponía atención ni preguntaba porque llegaba tarde. Inventábamos salidas de fin de semana y parecíamos unos adolescentes. 
Como yo ganaba bien no había mermas en la casa, así que mi exesposa no se preocupaba. Al contrario, parecía gustarle el hecho de que yo pasara muy poco tiempo en la casa.
Andaba muy confiado de que no me descubrirían y que esta chava no diría nada. Y más aún, estaba confiado que ella se cuidaría para no embarazarse.
Embarazo

 

que lo hizo para presionarme para que dejara a mi esposa. A pesar de todo yo no quería perder a la madre de mis hijos. Porque si la amaba. Le dije a esta chava que yo me haría cargo de todo pero que no podía dejar a mi esposa y menos aún porque mi hijo el más pequeño padece síndrome de Down. Mi amante se enojó mucho. Yo no sabía que iba a hacer. 
Ya casi para nacer la niña ella fue a mi casa con mi esposa, le dijo a mi mujer que ese bebé era mío y le contó de nuestra relación; mi esposa se puso muy mal, trató de golpearla, pero un vecino se metió y no pasó a mayores.
Mi esposa me reclamó, fue una situación muy dolorosa y muy tensa. Hubo reclamos a gritos y golpes de su parte hacia mí. Yo pensé que me dejaría y que me pediría el divorcio. No fue así. Me dijo que podíamos seguir casados pero que no la volviera a ver.
Consecuencias
La condición para eso era irnos a vivir a otro lado. Yo no podía dejar sin más ni más mi trabajo. La verdad ya me había gastado un dinero y no tenía fondos para subsistir mientras encontraba trabajo.
Seguimos aquí pero mi esposa se volvió muy celosa y posesiva. Eso me gustaba porque sentía toda su atención hacia mí. Nunca medí las consecuencias. 
Mi esposa me buscaba en el trabajo, iba por mí, me hablaba muy a menudo, pero sobre todo me caía de sorpresa en el trabajo. 
Como yo me porté como un cobarde con aquella chava que fue mi amante, ella se fue de ese trabajo. 
Yo me sentí muy bien con el cambio de mi esposa, eso es lo que yo quería. Solamente que me prestara atención. Nunca caí en la cuenta de que esa nueva forma de ser sería nuestro fin.

Lesiones dolosas
Un día de esos que mi esposa llegó de sorpresa. Estaba atendiendo a una compañera de trabajo ella estaba recargada en mi escritorio y cuando llegó mi esposa la vio inclinada hacía mi porque me estaba mostrando unos documentos. 
Esa muchacha estaba por casarse con un hombre joven como ella, mi esposa se le dejó ir.
La volteó y la golpeó en la cara. Como la muchacha no sabía ni qué, estaba muy asustada. Mi esposa la siguió golpeando en la cara y le jalaba muy fuerte los cabellos. La aventó contra una mesa que estaba ahí y la muchacha cayó de lado. Yo quise detenerla, pero era imposible, estaba muy enojada. 
La muchacha cayó inconsciente porque se golpeó en la cabeza. Le brotaba sangre de la nariz. Yo no sabía qué hacer. Se dieron cuenta en la oficina y llamaron a una ambulancia. Mi esposa me gritaba y me decía que dijera que yo la había golpeado, pero en la oficina se dieron cuenta de que no era así. 

Proceso penal
 Se llevaron detenida a mi esposa. Como la muchacha tenía fractura de la nariz y de un brazo, además de que estaba conmocionada estuvo interna en el hospital como tres días. Ahí puso la denuncia en contra de mi esposa.
Yo la desconocí, nunca me imaginé que fuera capaz de hacer algo así,le pedí el divorcio. Al momento de que a ella le dieron sentencia de que estaría en la cárcel un año tres meses. A mí se me acabo el mundo. Perdí el trabajo y además tuve que hacerla de papá y mamá. Como les explicaría a mis hijos que su madre estaría en la cárcel.
Mi abogado me recomendó que solicitara la pérdida de la patria potestad a mi favor. Así lo hicimos yo no quiero que mis hijos crezcan al lado de una mujer que de un momento a otro puede tener esos arranques. 
Yo reconozco que cometí el error de haberla engañado. Pero eso ya me lo había perdonado. De eso a golpear con tanta crueldad a alguien que no tenía nada que ver por celos infundados hay mucha diferencia. Yo seguiré luchando por mis hijos.

Celos e inseguridad
 Los celos aparecen como una respuesta al temor de perder al ser amado y tienen un componente emocional y afectivo tan potente que involucra diversas emociones tales como el miedo, la ira, la rabia, el enojo y la frustración.
 Todos estos ingredientes causan un profundo malestar en los seres humanos y generan sensaciones fuertemente displacenteras que llegan a las capas más profundas de nuestra interioridad, por lo tanto, los pensamientos que estas emociones evocan son en su totalidad negativos y cargados de un fuerte pesimismo e inseguridad.