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Fenaza 2017
Pepe Garrido, un triunfo en Zacatecas para España
Isabel Medellín
~
17 de Septiembre del 2017 00:00 hrs
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Liga Corta




Alejandro Castañeda / El español se llevó una oreja de su primer toro.
Alejandro Castañeda / El español se llevó una oreja de su primer toro.
Alejandro Castañeda / El español se llevó una oreja de su primer toro.
Alejandro Castañeda / Diego Silveti brindó su trabajo a matador mexicano Eloy Cavazos.
Alejandro Castañeda / Diego Silveti brindó su trabajo a matador mexicano Eloy Cavazos.
Alejandro Castañeda / Antonio Romero se empeñó en mostrar un gran regreso al ruedo.
Alejandro Castañeda / Antonio Romero se empeñó en mostrar un gran regreso al ruedo.
Alejandro Castañeda / Antonio Romero se empeñó en mostrar un gran regreso al ruedo.
Alejandro Castañeda / Fermín Rivera abrió la tercera corrida de feria.

El español José Garrido fue el único torero que tocó pelo en la tercera corrida del serial taurino 2017, desarrollada en una tarde soleada y en la que la afición puso a la mitad a la Monumental de Zacatecas.

En el callejón destacó la presencia de El Gigante de los Ruedos: el regiomontano Eloy Cavazos, un matador entrañable de los aficionados contemporáneos y de los zacatecanos, en particular.

Fermín Rivera, con un traje azul  noche y oro, fue el primero en las lidias con Niño héroe de 469 kgs. que salió muy alegre de los chiqueros, recibió un castigo un poco pasado y solo tuvo cuatro banderillas al terminar el tercio correspondiente.

Con la muleta ligera, el sobrino del mítico Curro Rivera quiso templar al toro en los medios sin conseguir que el de Begoña motrara fijeza e, incluso, acusara a irse a las tablas. 

A la hora de matar el torero señaló tres pinchazos que solo animaron la rechifla del tendido; al cuarto intento, un estoque bien logrado, el animal dobló pero se levantó con el trabajo del puntillero cuando del palco de la autoridad salió el primer aviso. Fue con un certero golpe de descabello que el potosino logró concluir la faena.

Trigarante, un colorado de 490 kgs., le dio la bienvenida de nueva cuenta a los ruedos a Antonio Romero, quien se presentó en su tierra vestido de purísima y oro -como lo precisaba Joaquín Sabina en aquella canción tan sevillana-.

Luego del quite con el que aprobó el puyazo que recibió su primero de la tarde y de tres pares de banderillas bien colocados, Romero brindó su lidia al alcalde Enrique Guadalupe Flores Mendoza.

Con unos derechazos, Toño trató de medir al rojizo al tiempo que la Banda Sinfonica de Zacatecas puso el ritmo emotivo con la Marcha de Zacatecas, elementos que avivaron el ánimo de un público que reconoció el esfuerzo del paisano con aplausos en un par de ocasiones.

El matador demostró, con la muleta en la mano izquierda, su voluntad por cuajar buenos naturales sin que el toro cooperara para hacer lucir su trabajo.

La efectividad con el acero dejó claro su trabajo y preparación y, aunque el público pidió que esta obra fuera premiada con una oreja, la autoridad se mostró mesurada al negarlo y dejar que la corrida transcurriera en blanco para los de a pie.

El tercero en salir con el capote fue otro matador de dinastía: Diego Silveti, con un terno en grana y oro, se lució en el primer tercio con el paño rosa ante los pitones de Libertador, de 482 kgs., y cerró con un buen quite luego de los picadores.

El guanajuatense brindó al respetable y, con la muleta en la mano derecha, logró las palmas del público en sus primeros pases y los acordes de la banda del maestro Salvador García y Ortega.

Luego de varios naturales por el lado derecho y otros tantos pases con la izquierda y el ayudado, Silveti decidió abreviar la faena, primero con tres pinchazos algo accidentados y luego con una estocada muy tendida. La labor de enterramiento inició con un primer aviso por parte del juez, y que animó a Diego a usar la espada de descabello para, después de tres intentos, alcanzar que el de Begoña cayera.

Posterior a la primera participación de los mexicanos, tocó el turno para el español José Garrido, de obispo y oro, quien afanozo hizo volar el capote ante las astas de Mejorado, de 486 kgs.

El picador se ganó la censura de la afición cuando hizo sangre en el toro en dos ocasiones, por lo que Garrido pidió el cambio de tercio luego de él mismo sacar al animal de los petos.

El ibérico dedicó su faena a la afición reunida esta tarde en la Monumental y comenzó a llevar al cuarto de la tarde, quien corrió con tres pares de banderillas en los lomos.

Con los naturales señalados con la mano izquierda metió al público a su trabajo y mereció la música de la Sinfónica. Las tandas por el pitón derecho fueron a mejor y le permitieron a Garrido hacer cambios de mano y pases de pecho bien logrados.

La valentía y el arrojo de Pepe merecieron los olés; supo a qué tiempo poner fin a Mejorado con una estocada entera y precisa que puso al astado patas arriba en cuestión de segundos. Aunque desde las butacas estaba la petición de dos orejas, la autoridad otorgó una merecida a Garrido, quien dio la vuelta al ruedo y recogió el cariño de los mexicanos.

Generalísimo, de 520 kgs., marcó la segunda parte del encierro y salió con tal entusiasmo que dejó que Fermín Rivera expusiera el capote con desplantes y verónicas.

La manera en que el astado embistió al binomio de varas mostró que la faena podía ser buen presagio para continuar con la corrida que dio a los banderilleros, pues los puso en aprietos en un par de ocasiones.

El matador dedicó su segundo de esta corrida a la afición y, con unos prudentes pases por lo alto, fue de las tablas a los medios zona donde se encontró cómodo para intentar pases largos y templados.

El presagio no se cumplió y las embestidas del toro fueron a menos, aunque Rivera insistió ante los pitones para dejar prueba de su entrega y compromiso. Con el acero, Rivera ejecutó un estoconazo que no entró de lleno en las carnes del toro pero que, luego del trabajo de la cuadrilla, fue suficiente para rematar al de Begoña.

Con sus 534 kgs., un alto Prometedor embistió el capote del diestro zacatecano y recibió un castigo dentro de los medios, hecho que mereció la rechifla de la plaza y que se acentuó cuando el de Begoña se echó en la arena.

La situación se complicó cuando la cuadrilla no pudo ponerlo en pie, el juez ordenara que lo apuntillaran, el puntillero lo pusira de pie, Romero intentara matarlo con la espada y solo metiera la mitad, el toro doblara y el puntillero por fin diera muerte al débil de Begoña. 

Toño se molestó ante la imprecisión por parte de la empresa y la autoridad de si ese ejemplar contaría como lidiado o si habría otro tercero que le fuera tomado como efectivo.

Con el público distraído, el heredero de El Rey David inició la lidia de Renovado de 534 kgs., el cual acudió con fuerza al picador y obtuvo un puyazo largo y atendió a las gaoneras de Silveti, quien volvio a ser el centro de atención luego que el sonido señalara que la empresa regalaría un toro para Antonio Romero.

Diego brindó su trabajo a Eloy Cavazos, quien se asomó al ruedo para recibir la ovación de la plaza. Sin embargo, en una distracción ya con la muleta, el toro lo cogió por los pies y le dio tremendo volterazo al guanajuatense, por lo que requirió de unos minutos para recuperarse y volver a la faena sin la chaquetilla.

Con pundonor y muy emocionado, Silveti logró llevar la muleta de pitones a rabo en varias ocasiones a un astado que después le exigió cambios rápidos y precisos, pues el animal desarrolló el sentido que no es bien apreciado en el toro bravo.

Con la espada, un fatigado Diego precisó, luego de un estoconazo caído de dos golpes de descabello para acabar con Renovado.

De rodillas, José Garrido recibió en dos ocasiones los pitones de temer de Evolución, de 530 kgs., el cual se fijó con el caballo del picador por unos segundos. 

Cabe resaltar que el público reconoció en tres ocasiones el buen trabajo que Carlos Martel realizó con las baderillas y quien debió salir al ruedo para agradecer el buen ojo de los presentes.

Con un andar estético y la barbilla bien metida en el pecho, Garrido llevó su trabajo acompasado por el pasodoble de los músicos zacatecanos y, con insistencia, logró un par de muletazos destacables que mal remató con dos pinchazos y un golpe de descabello a la hora de matar.

El noveno de esta corrida, programada para ocho animales, fue Abanderado, con 480 kgs., con quien Toño Romero se quitaría la espinita para dejar claro que ha vuelto a las plazas con más actitud que antes de su percance en la Plaza México.

Luego de una cita breve con el picador y de cinco banderillas, el zacatecano pidió paciencia en su labor muleteril, la cual avanzó con unos largos naturales que fueron mejores por el pitón derecho.

Acompañado por las notas del segundo Himno Nacional, el nacido en la capital de cantera y plata encontró ocasión para menear la muleta pacientemente frente a las narices del toro.

El último tercio tuvo fin con un pinchazo y una estocada caída del matador, que recibió las palmas de sus paisanos.