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Milicia a la carta
Rafael Flores Mendoza 06-10-2017 00:00 hrs

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Liga Corta




Las armas no son peligrosas… si no se activan nunca. Desgraciadamente el fin único del armamento es usarse ya sea para la defensa o para el ataque. Y en las manos equivocadas pueden significar verdaderas catástrofes humanas.

Hace sólo unos días los Estados Unidos sumaron un nuevo récord trágico relacionado con ellas. Se registró la mayor matanza de civiles a manos de un solo perpetrador, de un pistolero solitario. A expensas de la falta de información sobre los motivos que llevaron al hecho, las reacciones de la sociedad no se hicieron esperar.

En mi caso éste tema me lleva de inmediato a pensar en la violencia sin control que se registra en México desde hace ya varios años, tanto en delitos comunes: asaltos, riñas, ajustes de cuentas mano a mano, como en el aspecto de los grupos armados de la delincuencia organizada.

Nos obliga a reflexionar sobre la facilidad con que se distribuyen en nuestro país, en números industriales, armas de todos los tamaños y calibres, la impunidad con que los rifles de asalto engrosan el poder de destrucción de los cárteles, aun y cuando México es una nación donde tener o comerciarlas es totalmente ilegal.

Pero existen lagunas legales que permiten este tráfico descontrolado de armamento desde el vecino del norte, de las cuales la que más llama mi atención es la del tránsito de piezas, osea, pistolas y rifles que pueden entrar de forma perfectamente legal a México ya que enviarlas de forma separada no se considera delito.

Arsenales completos que se ensamblan acá sin posibilidad de rastreo ya que las piezas no se identifican bajo números de serie, aunado a esa eterna corrupción en muchos sectores de la actividad gubernamental y comercial, permiten números igual de sorprendentes de armas en ambos países. Que no nos sorprenda cuando esas piezas lleguen a las manos de la sociedad civil y entonces cada familia resguarde en casa una o más pistolas con el noble fin de defender lo suyo.

Con este descontrol y con una población sin educación en cuanto al uso de artefactos letales, se deja entrever un futuro alarmante. El gobierno, los legisladores y los jueces, deben poner este tema tan delicado sobre la mesa. Hay que hablar sobre las armas de fuego, determinar los riesgos y ventajas de poseer o no, de portar o no, de vender o no.

Mucho trabajo por hacer en éste aspecto. Mientras tanto, los que ya tienen acceso por vías ilegales y oscuras están armando auténticas milicias “á la carte”.