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Ejemplo de superación
Huberto Meléndez Martínez
~
10 de Octubre del 2017 00:00 hrs
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Liga Corta




Al Profr. Ismael Dávila Ibarra, ejemplo
de tenacidad y determinación.

En la profundidad de la madrugada se escuchaba, a lo lejos, el llorar de un niño. Dos trasnochadores en plena parranda escucharon el llanto y, bajo los influjos del alcohol pensaron que se trataba de una bruja que estaba chupando al infante. Envalentonados decidieron ir a matarla o rescatar al pequeño. El susto les cortó la borrachera al darse cuenta del incendio del jacal.
Lograron controlar el fuego, rescatando a un matrimonio y su bebé. Estaban acostados sobre un petate y un sarape a manera de colchón. Los papás estaban sumidos en la inconsciencia por la inhalación del humo, pero lograron reponerse. Todo indicaba que la criatura, de apenas unos meses, había rodado y trastornado la lámpara, era un aparato de petróleo sencillo y hecho en casa. Un frasco de vidrio con un pedazo de tela de algodón, a manera de mechero, ensartado en la tapa ancha de lámina, el cual encendió parte de las cobijas, incinerando el lado izquierdo del cuerpecito del bebé.
Quedaron a salvo, pero el niño perdió el brazo, motivo por el cual la familia podía haber asumido una actitud de sobreprotección, pero el carácter fuerte de Don Manuel, su padre, aunado al apoyo indoblegable de Doña Lola, la mamá; lograron superar la adversidad y lo criaron tan normal e independiente como el resto de sus hijos.
Su infancia tuvo de todo lo que sucede en las comunidades rurales. Frecuentemente lo ocupaban como sembrador, pero también aprendió a realizar prácticamente todas las actividades propias de su entorno: leñador, pastor de chivas, montar, ordeñar, usar pala, pico, carretilla  y tallar ixtle dándose sus propias habilidades para manejar la bicicleta, conducir automóviles, jugar béisbol, vólibol, básquetbol y desde luego practicar el fútbol, que fue su mayor virtud deportiva.
A temprana edad tuvo que hacerse cargo de la familia, pues su padre, queriendo obtener el dinero suficiente para mantenerlos, viajó al norte del país y lo dejó como responsable de 7 hermanos y dos hermanas.
Al terminar la instrucción primaria fue a buscar empleo a Saltillo y Monterrey, pero regresó ocho años después para cursar la secundaria, aprovechando la oportunidad del inicio de una escuela en una comunidad donde tenía familiares. Los domingos por la tarde se trasladaba aproximadamente 30 kilómetros a pie, en bici o de ride, según la situación.
Obtuvo las más altas calificaciones en la secundaria, en el bachillerato, la nivelación pedagógica y la escuela Normal Superior. Sabía claramente que por la vía escolar podía acceder a un mejor nivel de vida, para superarse y ayudar a su familia.
Pronto fue distinguido en la función docente, adquiriendo también, de manera temprana en la profesión, grandes responsabilidades a cargo de la dirección de una escuela y tiempo después logró ser supervisor de secundarias.
Con la satisfacción de haber cumplido con creces como profesor, decidió retirarse del servicio recientemente, dejando un ejemplo a seguir entre colegas y exalumnos.