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Transparencia y rendición de cuentas

Roberto Luévano Ruiz
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11 de Octubre del 2017 00:00 hrs
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Liga Corta




El de gobierno es un ejercicio que ha caído en el desprestigio por el actuar de quienes ven en la política un medio y no un fin. Ello, aunado a la consabida sentencia de “Miente, que al final algo queda”, hace de la actividad pública un blanco fácil para el desprestigio a través de la denostación y la calumnia.
 Para el combate a la corrupción y a la impunidad, se han creado organismos que fiscalizan las administraciones públicas y ponen el énfasis en la transparencia y rendición de cuentas, así como procedimientos resarcitorios.
 Las auditorias superiores, del Estado o de la Federación tienen a su cargo la fiscalización y revisión de las cuentas públicas de las administraciones, privilegiando en su función la imparcialidad, la honradez y el profesionalismo, y tomando en cuenta los antecedentes del sujeto fiscalizado.
Lo que se busca es la aplicación clara y el buen uso de los recursos públicos así como el combate a la corrupción, la evasión de responsabilidades y las conductas ilícitas que deterioran la imagen y la percepción de la administración pública.
 Es ahí donde el punto de inflexión está radicado, pues aunque hay claridad en las funciones generales y particulares de las entidades fiscalizadoras, a quien o quienes corresponde y cómo y cuándo deben realizarlas, su ámbito de acción y demás funciones, hay quienes por desconocimiento son omisos o bien, intencionalmente tergiversan la información con intenciones nada sanas.
 Es peligrosa la ignorancia cuando se mezcla con la perversidad, porque los señalamientos infundados enrarecen el clima y promueven el linchamiento de actores políticos, buscando únicamente la autopromoción y olvidando que también son sujetos del escrutinio.
 A título personal, soy un convencido que el crecimiento de la vida democrática de nuestro país ha recibido un gran impulso con la creación de organismos de transparencia y la transformación de contralorías en institutos de la función pública, autónomos y sin sesgos. Tan es así, que todos y cada uno de los señalamientos hechos en mi ejercicio político como diputado y alcalde, han sido aclarados en tiempo y forma, pues mi compromiso con la transparencia es real y alejado de coyunturas políticas.
 Aunque, en teoría, todo ejercicio de un cargo público debe realizarse con honradez, probidad y transparencia, hay acciones que no dejan de causar suspicacia, sobre todo cuando los tiempos políticos avanzan y los proyectos personales de advenedizos van naufragando.