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Contrastes locales
José Luis Guardado Tiscareño
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12 de Octubre del 2017 00:00 hrs
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Liga Corta




Cada ciudad y sociedad tiende a ser identificada y descrita desde alguna de sus más claras características, que la hacen diferente y particular con respecto a otras ciudades. Zacatecas es una ciudad de contrastes, donde un adjetivo es difícil de considerar todas las características de nuestro entorno o del vivir de su gente. 
Sin duda, Zacatecas es reconocida por su belleza arquitectónica, como Patrimonio de la Humanidad y como Ciudad Histórica, donde la tradición, la cultura y el pasado son el mejor activo social, sin embargo esas características no nos han servido para ubicarnos como una ciudad o un estado desarrollado, pujante económicamente, incluso, su poca población ni siquiera la hace un activo político a nivel nacional  y nos encontramos lejos de poder acceder a mayores niveles en el ingreso que nos permita aspirar a diferentes y mejores condiciones en nuestra calidad de vida. 
Pero no por eso podemos decir que en Zacatecas todo está mal, más bien nos ha faltado tanto a sociedad, gobierno y empresarios definir el rumbo, la característica y el potencial que nos puede llevar a distinguirnos tanto a nivel nacional como internacional, hay tantas cosas que nos pueden llevar a convertirnos en un verdadero atractivo turístico y que por indefiniciones y falta de continuidad, simplemente eso ha resultado un fracaso.
Las posturas y decisiones de quienes en este momento nos gobiernan son tan contradictorias, coyunturales e improvisadas, que eso nos ha representado mantenernos en un círculo vicioso que nos ha llevado a pensarnos como estado industrializado, turístico, agrícola, ganadero, etc. según la ocurrencia del gobernante en turno. 
Hoy se encuentra en la discusión pública, la controversial intención de destinar 30 millones de pesos entre inversión privada y pública en una monumental Virgen de Guadalupe, con el argumento de que eso atraerá más turismo y lo conservará más noches en nuestra ciudad.
Por otra parte, en la capital, se emprende una estrategia de “descantinización” en el Centro Histórico, con la intención de clausurar bares y cantinas con la intención de alejar los vicios y el alcohol de los jóvenes y de mejorar las condiciones de una zona que por cierto cada vez se caracteriza más por su abandono, descuido y despoblamiento, dentro de una ciudad cuya principal característica es la ausencia de opciones de esparcimiento. 
Más allá de la carga ideológica y moral que ambas decisiones parecen tener, es necesario señalar que ninguna parece tener claro los alcances y objetivos que pueden lograr este tipo de acciones, sin considerar los contextos, las necesidades y demandas sociales, además de ser sumamente contradictorias, si se piensa como fin el turismo. 
Las decisiones y acciones gubernamentales deberían de ser una cuestión pública, apegadas a derecho y a factibilidades socioeconómicas, con el fin de mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos y no deberían de estar sujetas a creencias religiosas ni a intereses particulares o grupales. 
Esto es muestra de la poca y pobre cultura en cuanto a gobernanza, gestión pública y políticas públicas existe en los gobiernos locales de nuestro estado, y eso nos ha llevado a perseguir  un destino de manera temporal, que no es claro y que puede ser modificado según las ocurrencias o buenas intenciones de quienes nos gobiernan.