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El Recreo
La sociedad, obligada a defenderse a sí misma
J. Luis Medina Lizalde
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16 de Octubre del 2017 00:00 hrs
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Liga Corta




El espeluznante asesinato de una jovencita preparatoriana debe detonar la participación de la sociedad zacatecana en el proceso de recuperar la seguridad  perdida. 

Los motivos saltan a la vista: las autoridades están rebasadas y la perspectiva es de agravamiento de la situación en virtud de que está en curso la disputa del territorio zacatecano con un nuevo participante, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) el más intacto, mejor armado y con un poderío financiero que deja atrás a todos las grandes organizaciones delictivas que lo precedieron. La emergencia nos encuentra sin las previsiones que se debieron introducir a partir de la irrupción en nuestra tierra del crimen organizado.   

Un punto de partida es la asimilación de parte de la ciudadanía de que no hay delincuencia, que hay delincuencias, que una es expresión de una mecánica trasnacional y nacional y otra tiene una matriz local aunque a veces se conectan  una con otra.

La primera gran labor de la ciudadanía es  conocer la verdadera realidad, no la diseñada por el gobierno para salvar su imagen o por la oposición con ánimo electorero.

La tarea no es fácil,  la investigación periodística en ese tema prácticamente no existe en nuestro medio por razones muy explicables y las opiniones que se vierten pocas veces clarifican la situación al  no pasar de lugares comunes.

 

Vacío que hay que llenar 

La comunidad universitaria zacatecana tiene décadas de pasividad. Hubo tiempos en que su vocación solidaria la hizo marchar por las calles como columna vertebral de la protesta social de habitantes de colonias marginadas, peticionarios de tierra para cultivo o mineros en huelga. 

Siendo más acentuada que en estos tiempos la tónica autoritaria de los gobernantes en turno no podían  ignorar la existencia de contingentes sociales que llevaban a la práctica los derechos plasmados en la Constitución, tan alabada como ignorada.

Cinthia Nayeli no es la primera víctima de la comunidad universitaria en esta decena trágica en la que la delincuencia se apropió del territorio zacatecano,  desaparecieron a profesores en activo, a estudiantes y hasta algún trabajador y a nadie se le ocurrió hacer del esclarecimiento de esos casos una causa de movilización solidaria que en mucho habría generado autoridades más diligentes  y eficaces que las que durante estos años han fracasado.

La ausencia de las movilizaciones universitarias han dejado un vacío que ahora encuentra su explicación en la inexistencia fáctica de una sociedad civil, inexistencia originada en la ausencia de desenvolvimiento de la economía que hace que una gran proporción de los económicamente activos  dependa del erario como empleado, contratista o proveedor, la pasividad del estudiantado le cae como anillo al dedo a los gobiernos que fracasan en su obligación de garantizar la seguridad. ¿Cuántas víctimas más se necesitan para que la juventud universitaria abandone el individualismo al que la indujeron las reformas educativas cívicamente castrantes e inducidas por el régimen?

La vida colectiva de la comunidad universitaria fue aniquilada por la “grupocracia”, se acabó el debate de las “visiones del mundo”, sobre los grandes problemas nacionales y  sectoriales. Se dejó de pensar en el universo y de actuar en el entorno cercano.

Lástima, porque en esos momentos lo que podemos hacer los zacatecanos por nosotros mismos en el tema de la seguridad pasa necesariamente por la vida colectiva de los vecinos de una misma calle, los habitantes de una colonia, los usuarios del transporte  público, los compañeros de un centro de trabajo o de un mismo centro de estudios 

En las colonias populares viven las víctimas y los verdugos, las deficiencias de alumbrado público, los horarios de traslado, la carencia de servicios básicos, la falta de opciones de uso sano de tiempo libre,  el acceso a bibliotecas desde los barrios y en tiempos que no sean los mismos que cuando se está en la escuela son temas de la incumbencia vecinal, pero ¿qué pasa?

 

Estructuras para control
Los ayuntamientos mantienen el control de una estructura de representación de las colonias distorsionadas por la función partidista que se les asigna, a los” líderes” se les controla con favores que suelen llegar hasta la nómina y se les auxilia en su misión de control al utilizarlos como repartidores de despensas, sus obligaciones son esencialmente electoreras y difícilmente les entusiasma la vida democrática de su colonia, las asambleas.

Las autoridades están rebasadas  ante la cruenta inseguridad, el estúpido consuelo de que  “la bronca es entre malandros” solo ha servido para  prolongar  la indefensión, los feminicidios como el de Cinthia Nayeli  deben convocarnos a algo más que al desahogo de tres días.

La sociedad tiene que defenderse a sí misma  fortaleciendo la  vida colectiva.

Nos encontramos el jueves en El Recreo.