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Una experiencia en la escuela secundaria
Huberto Meléndez Martínez 16-10-2017 22:56 hrs

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Liga Corta




A José Luis Reyna Adame. Un buen condiscípulo

Era una oportunidad esperada con ansiedad para escaparse de la vigilancia de las maestras de la secundaria. Con el pretexto de hacer una tarea, los muchachos de segundo grado se trasladarían a un campo ubicado en las afueras del poblado, donde jóvenes y adultos practicaban deportes. Iban con la intención de distraerse, fuera de lo ordinario del contexto de la escuela y la familia.

Reunieron dinero y uno de ellos (el más atrevido del salón), fue a adquirir cajetillas de cigarros en la tiendita. Cada uno deseaba presumir las habilidades aprendidas en la clandestinidad con amigos y personas mayores. Enseñar a sus compañeros la capacidad para retener en sus pulmones, por largo rato, el humo del tabaco; de fumar varios cigarrillos consecutivamente, darle vuelta al cigarro en la cavidad bucal, sin quemarse; expulsar por la boca y tomarlo de inmediato por la nariz, mostrar la capacidad para consumir varios de diversas marcas, aventar círculos de humo a manera de señal piel roja, etc.

Se comprometieron a guardar el secreto, pero dada su corta edad y falta de experiencia, consideraron que hacer algo indebido sin poder jactarse, tenía poco sentido. No faltó quien hiciera alarde ante sus compañeras de grupo, como reguero de pólvora se enteró toda la escuela.

Los docentes quedaron informados por la indiscreción de las alumnas y en cada clase los transgresores tuvieron que escuchar consejos acerca de las consecuencias y deterioros en la salud que provocan los vicios y en particular el tabaco. Recibieron una fuerte reprimenda de su asesora de grupo, la cual les asignó un castigo, debían escribir cien veces, en su cuaderno de Orientación Vocacional, con buena letra y en tiempo récord: No debo consumir tabaco porque perjudico mi salud.

En la piel que recubre los huesos falange medial y distante del dedo medio apareció un moretón y acalambrados los demás dedos, hubieron de dedicar más de veinte minutos en cumplir la penalización.

Poco sabor tuvo el aire triunfalista mostrado a sus condiscípulos de primer grado, los cuales los veían con una actitud de cierta admiración. Estuvieron expectantes ante la reacción de la autoridad escolar y los profesores, intuyendo acciones fuertes para prevenir la proliferación de su actitud hacia los demás grupos.

De quien no consiguieron reconocimiento fue de los estudiantes de tercero. Calificaron el hecho como una travesura de personas inmaduras y carentes de criterio. Ellos vivían su propio mundo al sentir la cercanía del término del ciclo escolar. Estaban demasiado ocupados entendiendo la importancia de las últimas semanas del año, con la incertidumbre y zozobra de lo que acontecería en su vida en los próximos meses. 

¿Cómo se domina la tentación de lo prohibido en un adolescente de 13 años?, pues en la actualidad los problemas, peligrosamente van más allá del tabaquismo. Es una pregunta abierta, donde tutores y docentes siguen en la búsqueda de respuestas convincentes y aplicables a sus educandos.