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El Día del Señor

Domingo Mundial de las Misiones

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
~
22 de Octubre del 2017 00:00 hrs
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Liga Corta




La homilía de este domingo tiene como tema esta celebración.
Cortesía / La homilía de este domingo tiene como tema esta celebración.

Introducción
Hermanos (as):
Hoy, una vez más, celebramos el Día Mundial de las Misiones (DOMUND), en nuestra Iglesia Universal y en cada Diócesis, como la nuestra.


Por esta razón, nuestra Eucaristía Dominical, tiene como tema en la homilía esta celebración, que despierta nuestro celo apostólico misionero y nos anima siempre, para que todos seamos heraldos de Cristo y su evangelio, en la Iglesia Universal y para el mundo a salvar, de acuerdo a la voluntad salvadora de Dios, Uno y Trino.


Cito en esta introducción a nuestra homilía, un texto del Concilio Vaticano II: “La Iglesia, enviada por Dios a las gentes para ser “sacramento universal de la salvación”, obediente al mandato de su Fundador (cf. Mc. I6, 16), por exigencias íntimas de su catolicidad, se esfuerza en Anunciar el
Evangelio a todos los hombres. Porque los mismos apóstoles, sobre quienes ha sido fundada la Iglesia, siguiendo las huellas de Cristo, “predicaron la palabra de la verdad y engendraron las iglesias”. Obligación de sus sucesores es el perpetuar esta obra para que “la palabra de Dios sea difundida y glorificada” (2 Tes. 3, 1), y se anuncie y se instaure el Reino de Dios en toda la tierra” (cf. Ad Gentes, Vat. II, n. 1).


Pasemos pues, ahora al cuerpo doctrinal de nuestra homilía de hoy.


Designio del Padre, misión del Hijo y Misión del Espírito Santo 
A)  Recordamos ahora, que la Iglesia fundada por Cristo, es donación del Padre, quien le ha dado en su peregrinar por este mundo, el encargo o misión de anunciar a todos los pueblos de la tierra su voluntad salvadora.
Es lo que se conoce como el designio del Padre eterno, que quiere que todos los hombres se salven conociendo la voluntad divina, que nos salva del pecado y de la muerte eterna.


Siendo Dios amor Él siempre ha querido difundirlo y haciendo que los hombres hechos a su imagen y semejanza lo conozcan en la verdad que nos revela y lo sirvan santamente con los pensamientos, palabras y acciones que brotan del divino amor infundido en nuestros corazones y almas. Por esto, la Iglesia ha sido, es y será para siempre, un instrumento de gracia y liberación para todos los hombres en el espacio y el tiempo, en los cuales vivimos, nos movemos y somos, en el desarrollo de la historia que, con el designio del Padre, es elevada a la condición de “historia de salvación” para el tiempo y la eternidad.


B) Teniendo en cuenta, pues, el designio del Padre y dentro del misterio de Dios uno y trino, Él ha querido que su Hijo se encarnara haciéndose hombre en todo igual a nosotros, menos en el pecado, y de esta manera, fuese el único mediador entre Dios y los hombres.


Cristo al ser el Hijo unigénito del Padre ha revelado a los hombres de todos los tiempos y hasta nosotros, el plan de redención y salvación de todos los que en este planeta, estamos llamados  para que cumplamos la voluntad divina “en el cielo como en la tierra”, según la oración del Padre Nuestro que el mismo Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.


Él nos ha enseñado, por el camino de nuestra peregrinación por este mundo, hasta alcanzar con el poder divino  nuestro destino definitivo en el cielo y en  la casa del Padre, con el gozo y la paz que no morirán jamás.


C) Y para conseguir todo esto plenamente, envió Cristo al Espíritu Santo de parte del Padre, para que realizara interiormente su obra salvífica e impulsara a la Iglesia a extenderse a sí misma. 


En efecto, desde el día de Pentecostés, cuando este divino Espíritu bajó del cielo sobre los Apóstoles y en compañía de María, la Madre de Jesús y en forma de lenguas de fuego, colmó a la Iglesia con sus dones, carismas y frutos para impulsarla, iluminarla, para que con valentía y empeño permanente se cumpliera la misión de anunciar la “buena nueva del Reino de Dios”.


Resumiendo, podemos afirmar, que el designio de salvación es obra del Padre, quien ha dado a su Hijo hecho hombre y al Espíritu Santo, las correspondientes misiones de anunciar perpetuamente esta gracia de elección, hasta que en el cielo o la vida eterna se complete el número de los elegidos y Dios sea todo en todas las cosas del cielo y de la tierra.

 

Deber misionero de todos los bautizados 


En primer lugar los misioneros imprescindibles y responsables ante Dios son: Los Papas, los Obispos, los Presbíteros, Diáconos y demás ministros de la Iglesia en comunión con él y el envío que les hace en nombre de Dios.


Los religiosos de vida activa y contemplativa, los miembros de institutos seculares y los eremitas. Los miembros de Institutos de hombres y mujeres en las avanzadas de la evangelización.


Todos los seglares según su condición en las tareas, profesiones y actividades de todo tipo en el mundo, las naciones, en las sociedades, en la promoción de la cultura y desde luego en el seno de las familias bien constituidas y en el despliegue de su misión en la misma Iglesia y para el mundo.

 

Conclusión


Pidamos al Señor, que nos de su gracia, arrojo y valentía para anunciar el evangelio de la vida, del amor y el testimonio en la Iglesia y para el mundo. Con nuestra oración, ayudas económicas y la generosidad que Dios siempre nos concederá, si somos fieles a su designio de salvación, del género humano y para gloria sempiterna de Dios, Uno y Trino.

 

Obispo emérito de Zacatecas