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El Día del Señor

La coherencia, la rectitud y la transparencia en la vida cristiana de la luz del evangelio

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
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05 de Noviembre del 2017 00:00 hrs
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Liga Corta




Somos frágiles y muchas veces debemos corregir comportamientos hipócritas y desleales.
Cortesía / Somos frágiles y muchas veces debemos corregir comportamientos hipócritas y desleales.

Cristo, luz del mundo, ha establecido su presencia en este mundo, haciéndose igual a nosotros menos en el pecado del cual nos vino a liberar con su encarnación. Por esta razón, Cristo nos pide ser “luz del mundo y sal de la tierra”. De esta manera estoy haciendo ya esta introducción a la homilía de este domingo 31 del Tiempo Ordinario, en el Ciclo A.

En efecto, el tema de este domingo a partir del evangelio, según San Mateo, es la hipocresía o doblez del corazón humano, que Jesús condena ante el hecho de las actitudes dobles e hipócritas de los escribas y fariseos de su tiempo, que se gloriaban de ser fieles y auténticos intérpretes de la ley de Moisés, y sus aplicaciones prácticas a la vida  de los hombres religiosos.

Veamos y reflexionemos con cuidado el tema de hoy, para hacer de nuestras vidas, iluminadas por el evangelio, camino y testimonio de coherencia, rectitud y transparencia.

Cristo denuncia a la hipocresía o doblez de la vida religiosa

Cristo, en el evangelio de este domingo, al dialogar y enseñar a la gente de su tiempo y en especial a escribas y fariseos, procede en dos partes o maneras: 1ª. Denuncia y acusa a letrados y fariseos, quienes eran los dirigentes del judaísmo oficial de su tiempo.

Cristo sabio y prudente al hacer esta acusación y denuncia, no los desautoriza acerca de la doctrina de la ley que ellos ostentaban saber, les dice: “En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos, hagan pues, todo lo les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y (luego) hacen otra”. Refiere que estos letrados y peritos de la ley, les gustaba aparentar lo que en realidad no eran.

Denuncia su doblez en lo que enseñan y luego no cumplen para dar un buen y constructivo testimonio de la verdad de la ley.

Denuncia la vanidad y la ostentación de estos escribas y fariseos: “Todo lo que hacen es para que los vea la gente”. Porque su religiosidad es de escaparate y falsedad.

Mantienen un protagonismo arrogante en su porte y atuendo (manera de vestirse) y se hinchan de vanidad haciéndose llamar “maestros”.

En esta misma línea de denuncia del doblez e hipocresía, se sitúa también la primera lectura de hoy, que es una condena de Dios a los sacerdotes indignos del pueblo israelita, por boca del profeta Malaquías, cinco siglos antes de Cristo.

Y en la segunda parte del evangelio que estamos considerando, San Mateo, continúa la catequesis del Señor a los nuevos miembros del pueblo de Dios que, para ser tales han de asimilar nuevas actitudes. Dice, “ustedes en cambio, no se dejen llamar: maestros, padres y jefes, porque uno solo es su maestro y señor, Cristo, y uno solo es su Padre, el del cielo. Y debido a esto, todos somos hermanos”.

De este modo, establece Jesús la base imprescindible de: comunión y corresponsabilidad, pueblo y jerarquía, fraternidad y autoridad en la Iglesia y equilibrio comunitario entre misión y servicio.

Y concluye Jesús con dos principios de gran valor general: 1º. “Que el primero entre ustedes sea su servidor”. 2ª. Porque “el que se enaltece será humillado y el que se humilla, será enaltecido”.

Sugerencias prácticas a partir de las enseñanzas de nuestra homilía de este domingo

+ Debemos purificar nuestras conciencias pensando que la hipocresía no es asunto nuestro. En realidad, a todos nos sucede ser candidatos para tener comportamientos personales y ante los demás, de actitudes, conductas y doblez al dar nuestro testimonio cristiano. Somos frágiles y muchas veces debemos corregir comportamientos hipócritas y desleales.

+ Estamos llamados a la luz del evangelio para no separar creencias de nuestra fe y comportamientos, siguiendo un camino en pos de “una religión de fachada”, meramente formal y sin interioridad de nuestros corazones.

Debemos ser muy cuidadosos de realizar siempre con la ayuda de la gracia, una vida coherente, sincera y limpia totalmente, en cuanto podamos, con la luz esplendente del evangelio que disipa sombras y oscuridades de doblez e hipocresía personales.

+ Nunca pensar y menos actuar cediendo al orgullo religioso de creerse bueno y despreciar a los que por cualquier motivo fallan, sobrevalorando la letra de la ley sobre el espíritu de la misma.

+ Es saludable con el evangelio, evitar a toda costa: el divorcio entre la fe y la vida misma; entre el creer y el actuar; entre el decir y el actuar, porque estas maneras son hoy día muy dañinas para la vida espiritual cristiana, auténtica y verdadera.

Basten estas sugerencias nacidas de nuestra contemplación y asimilación de las enseñanzas de la palabra de Dios en este domingo y para siempre. 

¡Pidamos sinceramente a Cristo, quien escruta y discierne los pensamientos, afectos, emociones, intenciones y tendencias malsanas de nuestro corazón y nos haga ser cristianos coherentes, rectos y transparentes iluminados continuamente por la luz del evangelio y llegar a ser en este mundo “luz y sal de la tierra”, hasta que venga Jesús al final de nuestros días y después de nuestra muerte y alcanzar el don de una vida eterna bella y radiante! ¡Ojalá que así sea!

Obispo emérito de Zacatecas