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Memoria viva

Prodigios del Santo Cristo de Zacatecas

Manuel González Ramírez
~
08 de Noviembre del 2017 00:00 hrs
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El conde de Santiago de la Laguna registró los milagros obra de la imagen.
Cortesía / El conde de Santiago de la Laguna registró los milagros obra de la imagen.

Durante la época virreinal se le atribuyeron varios prodigios a la imagen del Cristo crucificado que se veneraba en la parroquia mayor de la Ciudad de Zacatecas. Estos datos fueron obtenidos de la obra que escribió don José de Rivera Bernárdez, conde de Santiago de la Laguna en su Descripción breve de la muy noble y leal ciudad de Zacatecas (1732).

Desde aquel memorable año de 1659, cuando el Santo Cristo de la Parroquia de Zacatecas liberó a los habitantes de la ciudad del flagelo mortal de una epidemia, corrió como reguero de pólvora la noticia de los milagros de la imagen, de tal suerte que mucha gente acudió para solicitar auxilio en sus tribulaciones. El conde de Santiago de la Laguna recogió para la posteridad algunos de esos prodigios.

En una ocasión, durante una noche trágica, varias casas del centro sufrieron un incendio. Los voluntarios que ocurrieron para sofocar el fuego no lograban su cometido a pesar de todos los esfuerzos que para el efecto realizaban.

Mientras las llamas devoraban todo lo que encontraban a su paso, un hombre de raza negra al que llamaban Tío Lucas Casito, lleno de fe entró a la iglesia y sacó en hombros la milagrosa imagen; al parecer en ese momento las llamas comenzaron a ceder hasta que desaparecieron.

Todos los que presenciaron el suceso quedaron anonadados. Asimismo, estaban sorprendidos por la hazaña del Tío Lucas porque nadie se explicaba cómo una sola persona había podido sacar una imagen tan pesada, ya que cuando sale en procesión es cargada por 12 sacerdotes.

En 1707, durante el festejo de la dedicación de la capilla del Santo Cristo de la Parroquia de Zacatecas, don Domingo Tagle Bracho disparó un mosquete a la manera de salva en honor al Cristo.

Al momento de escucharse el disparo voló en pedazos el mosquete, al tiempo que el hombre invocó al Señor Crucificado. No sufrió lesión alguna, slo se le salieron las sortijas que traía en sus dedos. Don Domingo Tagle agradeció el favor con un lienzo grande, colocándolo en la capilla junto con lo que quedó del mosquete.

Otro hecho que quedó registrado fue el que le ocurrió a un animal que merodeaba por las calles de Zacatecas. En 1712, una de las muchas carretas que entraban a esta ciudad le pasó por encima a una perra, al ver esto, Juan de Pineda, campanero de la iglesia parroquial, tomó al animal en sus brazos y al darse cuenta de que la perra tenía fracturadas las piernas, la colocó en la escalinata del altar del Santo Cristo y ahí la dejó durante cuatro días.

Curiosamente, el animal sanó y permaneció en el lugar hasta que murió de vieja, cuidando la iglesia parroquial.

En 1714, mientras trabajaban los peones en la obras del templo parroquial, uno de ellos cayó desde una considerable altura.

Cuando se acercó el bachiller don Miguel Bermúdez y algunos de los trabajadores, se percataron de que la víctima estaba inconsciente y con algunas lesiones, al momento lo llevaron hasta el altar del Santo Cristo y milagrosamente sanó, a tal grado que se incorporó a la jornada como si nada hubiera pasado.

El 6 de abril de 1728 tuvo lugar un accidente en una mina de Zacatecas donde varios trabajadores quedaron sepultados, alguno de ellos invocó al Cristo de Zacatecas; sin embargo, eso no impidió que los cuerpos de los desafortunados mineros quedaran cubiertos por la tierra y las piedras.

Al enterarse de los hechos, el dueño de la mina Palmilla, don Pedro José Bernárdez, envió mortajas y velas para las víctimas del accidente.

Después de dos días, tiempo que emplearon los mineros para encontrar los cuerpos de sus compañeros, tremenda sorpresa se llevaron al encontrarlos vivos y sin lesiones. Cuenta la leyenda que muchísima gente fue testigo de tal acontecimiento milagroso, atribuido al Santo Cristo. Los sobrevivientes acudieron a la iglesia parroquial de Zacatecas para dar gracias, ofreciéndole ocho días de festejos.

El 29 de septiembre de 1728, el conde de San Mateo de Valparaíso venía con una recua de 29 mulas cargadas una la maravillosa fortuna de tres mil pesos en reales.

Durante el trayecto, una mula desapareció, pero después de mediodía, los mozos se percataron de ello, dieron aviso y comenzaron la búsqueda.

Mientras esto ocurría, el conde invocó al Santísimo Cristo de Zacatecas y le prometió una misa cantada si encontraban la mula; a los pocos minutos, sus mozos la hallaron, pero el cajón que contenía el dinero estaba roto; sin embargo, al contar las monedas no faltó ni un solo real.

Hasta aquí los sucesos milagrosos que se le han atribuido al Santo Cristo de la Parroquia de Zacatecas, cuya efigie preside la nave de la Pasión de la Catedral Basílica de Zacatecas.