×
×
×
×


Búsqueda


Introduzca su búsqueda



X

Andanzas

Las mañanas

Ricardo González
~
16 de Noviembre del 2017 00:00 hrs
×


Compartir



Liga Corta




Me gustan las mañanas más que ningún momento del día, la gente andan con buena cara, con la ilusión que se nos presenta cada día, sin las frustraciones del trabajo, ni los chismes, ni tantas cosas que cargamos en nuestro pecho.

Las mañanas huelen a las señoras barriendo hacendosamente su banqueta, mojándola con un balde, usando sus manos como jícaras, por un momento las baquetas de ladrillo y las de concreto son iguales: limpias, brillantes, relucientes.

El saludo a cualquier transeúnte o vecino sale con la sonrisa más sincera, los buenos días son deseos salidos de lo profundo del corazón, en las mañanas hay pocos lugares para platicar: los jugos, con doña Petra en el menudo y junto al cazo de los chicarrones.

Los comerciantes acomodan sus mercancías, sacuden estantes, ponen mesas al exterior del negocio para exhibir las promociones o novedades. El cacahuatero comienza a encender la leña con la cual tuesta las semillas de calabaza y los cacahuates.

Don Martín comienza a sacar los primeros chicharrones de lonja, extrae, exprime, exprime, exprime y pone en la bandeja de metal, repite y repite el proceso hasta terminar toda la lonja.

Me gusta ver beber a don Martín su taza de café, humeante y oloroso, de cuando en cuando le da sus sorbos, el rocío hace más frías las mañanas y hace que el café suelte un hilo de humo más grande, hasta parece que de tan caliente sería imposible beberlo.

Doña Petra acomoda de último momento las sillas, para vender su rico menudo, los domingos y sábados su local se ve repleto de comensales que la noche anterior estuvieron consumiendo cantidades ingentes de alcohol y lo más seguro es que no han ido a sus respectivas casas y que los estragos de celebrar a Baco comienzan a hacer efecto.

El menudo es un caldo preparado con las tripas de las vacas, con cebolla, cilantro, orégano y abundante limón. Cuando andas amanecido es el mejor desayuno para que una espantosa cruda no te tumbe todo el día.

Las mañanas huelen a las campanadas flojas que dan el sacristán, llamando a misa primera, mi viejecita distingue perfectamente cuando don Toño el sacristán anda desvelado, porque los toquidos son muy flojos –dice ella, con un tono muy serio-. Las que asisten a esa misa en su mayoría son señoras muy mayores que ya ni han de dormir o que no tienen nada que hacer.

Las mañanas también huelen a río, el río huele a una revoltura entre agua,

piedras, madera, peces y hasta a jabón. Huele a la pequeña neblina que la luz del sol levanta de los espejos de agua del cauce. Huele a vida.