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El Día del Señor
Los dones o talentos que todos y cada uno recibimos de Dios debemos hacerlos fructificar
Fernando Mario Chávez Ruvalcaba 19-11-2017 00:00 hrs

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Liga Corta




Estamos ya en la última etapa del Ciclo A, de nuestras liturgias eucarísticas dominicales y en ella nuestra Iglesia sabiamente, nos expone el último y quinto de los grandes discursos que estructuran el evangelio de San Mateo (cap. 24 y ss.).

Por esta razón y de acuerdo a este evangelio, los últimos domingos de esta etapa, tiene un marcado tinte “escatológico”, que se refiere a la última venida de Cristo, cuando ha de venir a juzgar a vivos y muertos y llevar a plenitud el misterio del Reino de los Cielos. El tema central de esta etapa, es nada menos que la vigilancia y estar preparados para el encuentro eterno con Jesucristo, Nuestro Señor.

Los domingos de esta etapa nos enseñan y nos exigen ésta atenta y comprometida vigilancia, a base de sendas parábolas, a saber: en el anterior domingo la de las diez vírgenes, sabias y prudentes y las descuidadas sin sabiduría y sin prudencia quienes esperaban la llegada del esposo, sin saber a qué hora; en este domingo, la parábola de los talentos o dones del Señor que debemos hacer fructificar y el próximo domingo el juicio final a la luz de la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo.

Para ir al fondo de la parábola de los dones o talentos, que Dios da a cada quien en este mundo y para ganar el cielo prometido por Dios, es muy oportuno recordar que nos formamos en el seno materno con la estructura biológica del ADN, que es única e irrepetible en cada persona  de cada generación. Este ADN encierra o contiene misteriosamente, los dones o carismas para cada persona y que deben crecer fructíferamente de acuerdo a la voluntad salvadora de Dios y así ganar la plenitud de la vida y del gozo en este mundo y en el cielo para toda la eternidad.

Los dones o talentos recibidos de Dios

La persona humana hecha a imagen y semejanza de Dos, es espiritual en el alma y material con el cuerpo, unidos de manera substancial, con las características que les son propias: en el alma, la inteligencia y la voluntad libre y en el cuerpo todas la maravilla de la estructura corporal con huesos, músculos, tendones y sistemas digestivo, pulmonar, circulatorio, etc.

Con este modo de ser que Dios nos ha dado, debemos nacer, crecer, multiplicarnos, desarrollar los trabajos y profesiones en lo individual y en lo comunitario, comenzando por nuestras familias. Dios, además, nos ha hecho para que lo conozcamos, guardemos, sus mandamientos, especialmente el amor al mismo Dios y a nuestros prójimos como a nosotros mismos.

Así, es como haciendo fructificar los regalos o talentos, que el Creador y Redentor, nos ha dado, trabajando en esta tierra y fructificando esos dones o regalos que Dios altísimo nos ha regalado, habremos de conquistar la vida eterna en el cielo.

Concretamente, el evangelio de este domingo nos habla de la parábola de los talentos que el Altísimo nos ha regalado. Jesús dijo a sus discípulos y ahora a nosotros. “El reino de los cielos se parece también a un hombre que iba a salir de viaje a tierras lejanas; llamó a sus servidores de confianza y les encargó sus bienes. A uno le dio cinco millones; a otro, dos y a un tercero, uno, según la capacidad de cada uno y luego se fue”.

Cuando regresó después de mucho tiempo el patrón, pidió cuentas acerca del dinero que había confiado a esos servidores de confianza. El primero le dio otros cinco millones con el dinero del amo. El segundo, le dio otros dos millones y el tercero le devolvió el único millón sin haberlo trabajado. A los primeros los premió en abundancia y al tercero, le fue mal.

Alegó ante su patrón: “Señor, yo sabía que tú eres un hombre duro, que quieres cosechar lo que no has plantado y recoger lo que no has sembrado. Por eso tuve miedo y fui a esconder tu millón bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo”.(Leer luego el último trozo del texto evangélico, en el cual se narra, de qué manera dura el amo trató al siervo inútil y perezoso).

Para entender concretamente el significado de los “talentos” debemos aclarar que los “talentos” en la cultura hebrea eran muy valiosos. Eran monedas planas con valor de 6,000 “dracmas” también monedas pero de oro. Por eso el siervo que recibió cinco talentos e hizo que fructificaran trabajándolos, acumuló muchos millones; lo mismo el que trabajó los dos talentos.

Así, de manera sencilla y eficaz, Cristo nos enseña que Dios todopoderoso, nos ha dado muchos dones o talentos que debemos trabajar y con ello realizarnos en esta vida y alcanzar el premio del cielo. Los siervos perezosos e inútiles, serán condenados por no haber querido con industria, trabajar el don de Dios, que nos confía a todos y cada uno según su capacidad y trabajo para hacerlo fructificar.

Conclusión

En el empleado inútil por abstencionista estamos retratados con mayor o menor intensidad de luz. No solemos examinarnos por los pecados de omisión. Sin embargo: la apatía, la pereza, la comodidad, el miedo, la sicosis de seguridad ante tantos peligros que nos acechan y la inacción egoísta son los mayores pecados sociales que puede cometer un cristiano, hoy día.

¡Pidamos al Señor que seamos como los servidores activos y comprometidos y no como los inútiles y perezosos. Que trabajemos con ahínco los “talentos” que cada quien ha recibido para la gloria de Dios y nuestra salvación personal, comunitaria y familiar!. Entonces recibiremos el premio que Dios nos tiene preparado, en el gozo interminable de la vida eterna en el cielo con Cristo y todos los Santos!.

 

Obispo emérito de Zacatecas