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Memoria viva

Exhumación de los restos de Francisco García Salinas

Manuel González Ramírez
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22 de Noviembre del 2017 00:00 hrs
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Proyecto del primer mausoleo a Tata Pachito. Siglo 19. Crónica del Estado de Zacatecas.
Cortesía / Proyecto del primer mausoleo a Tata Pachito. Siglo 19. Crónica del Estado de Zacatecas.

El muy ilustre Francisco García Salinas es uno de los zacatecanos que más homenajes póstumos ha recibido en  la historia de esta entidad federativa. Falleció el 2 de diciembre de 1841 en San Pedro Piedra Gorda (en el actual municipio de Cuauhtémoc, Zacatecas), en cuya capilla fueron depositados sus restos. 

Un año más tarde, se le trasladó al panteón de Chepinque (situado por donde ahora existe el edificio de la Unión Ganadera Regional), donde se le construyó un mausoleo, a manera de gratitud del pueblo zacatecano por las contribuciones que en vida hizo al estado.

El 20 de  noviembre de 1907, en el aniversario de su natalicio, los restos fueron exhumados para colocarlos en una nueva urna y fueron inhumados de nueva cuenta a un costado del monumento funerario anterior. Narraré los detalles del suceso que obran en un documento del Archivo Histórico del Municipio de Zacatecas.

Por aquellos días, el gobierno del estado y la asamblea municipal de esta ciudad capital promovieron la reconstrucción del monumento que contenía el cuerpo de “Tata Pachito”, ya que el anterior estaba muy deteriorado. A decir de los zacatecanos de esta época: “para un hombre de tan recomendables méritos como García Salinas, ese abandono lastima hondamente la gratitud zacatecana” (ojalá pensáramos igual los del presente).

Así pues, llevando a cristalizar esa aspiración de gratitud ejemplar, las autoridades estatales y municipales presidieron la exhumación de García Salinas. El acto transcurrió, con toda solemnidad, el miércoles 20 de noviembre de 1907, dieron cuenta del evento: el juez del Estado Civil, Benito Palacios y el notario público, Luis Hernández.

El escenario de tal acontecimiento fue el panteón de Chepinque. A las nueve de la mañana estaban presentes: el jefe político, Ing. Luis G. Córdova; los síndicos del Ayuntamiento, icenciados Rodolfo  F. Villalpando y Luis G. Sánchez; y los regidores Luis G. del Valle, Juan A. Petit, Severiano Romo, Mariano Tello, Arnulfo Salazar, Luis G. Espinoza, Guillermo del Valle, Ángel Ruiseco, Donaciano Hurtado (secretario de  la Asamblea), José Inés González.

Los encargados de ejecutar la exhumación fueron: José María Robles, responsable, del panteón, ayudado por José María Jacobo, José Rodríguez, Encarnación Espinosa, Martín López, Albino Saucedo y Juan Domínguez, quienes: “levantaron las cuatro lozas que cubrían la parte superior del sepulcro, y entonces se vio que la caja interior que guardaba los restos, forrada de terciopelo negro con adornos amarillos parecía hallarse en relativo buen estado; pero no se hizo más que tocarla, para quedar reducida a polvo, dejando al descubierto una segunda caja de plomo que también parecía hallarse en buen estado”. 

Cuando pretendían sacar la caja metálica se dieron cuenta de que el fondo se encontraba muy deteriorado y extremaron toda suerte de precauciones para evitar el daño a los restos de don Francisco que estaban entre cisco, cal y rodeados de paja: “la mayor parte del esqueleto estaba reducido a polvo, pero aún se conservan íntegros el cráneo, los huesos del tórax, un fémur y casi toda la columna vertebral”.

Junto a estos huesos fue encontrado un frasco de cristal que contenía dos documentos. El primer papel que servía de envoltura al segundo, decía textualmente: “A las siete horas, veinte minutos de la noche del jueves 2 de diciembre del mismo año de 1841 exhaló el último aliento el singular patriota Francisco García Salinas”. 

El segundo papel doblado en forma de esquela, dice: “El Sr. D. Francisco García Salinas nacido en la Hacienda de la Labor, a una legua del sur de Jerez, murió hoy, 2 de diciembre del año de 1841, de enfermedad del pulmón, a la edad de 56 años, a las 7 horas, veinte minutos de la noche. Fue Gobernador del Estado Libre y Soberano de Zacatecas por los años 1829 a 1834, haciendo en el corto espacio de estos seis años la felicidad de todos los habitantes del estado. 

Fue el mejor esposo de las dos mujeres que tuvo: doña Loreto Elías y doña María de las Mercedes Dávila; el mejor padre y el mejor amigo. Su saber, su prudencia, su grande amor al trabajo y sus demás virtudes en todo género, fueron sobresalientes, pero sobre todas sobresalía y resaltaba su amor a la libertad política y al bienestar y felicidad del pueblo: por el trabajo siempre sin descanso e hizo sacrificios inmensos mereciendo el amor y respeto aun de los más encarnizados enemigos de la libertad. 

Esta inserta noticia puesta muy de prisa al tiempo de sepultarse el cadáver por un amigo suyo, servirá para siempre, yo lo espero, para que se veneren las cenizas de un hombre ilustre. M.G.C.” (Una rúbrica).

Después de la exhumación, los restos fueron colocados con un notable respeto y veneración en el nuevo ataúd y regresaron a la tierra a las once de la mañana con cuarenta minutos, justamente, a unos cuantos centímetros del monumento anterior.

El 14 de septiembre de 1943, a casi un centenario de la muerte de García Salinas, sus restos fueron exhumados de nueva cuenta para colocarlos en el Mausoleo de los Hombres Ilustres de Zacatecas, ubicado en el panteón de la Purísima. 

En 1966, durante el gobierno de José Rodríguez Elías, el monumento fue trasladado al pie del crestón principal del cerro de La Bufa. Al año siguiente serían depositados los restos de catorce personajes notables, entre ellos, los de Tata Pachito, donde reposan de manera definitiva.

Cronista de Zacatecas