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El Día del Señor
El adviento es el tiempo de la vigilante espera del Señor Jesús en el misterio de su nacimiento
Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
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03 de Diciembre del 2017 00:00 hrs
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Liga Corta




Introducción

Hermanos: Con este domingo comienza litúrgica y espiritualmente el tiempo de Adviento que consta de cuatro domingos, que se distribuyen en dos secciones o períodos: 1º-Desde el Primer Domingo de este tiempo hasta el 16 de diciembre en el cual se resalta más el aspecto “escatológico” en orden a vivir en la fe el encuentro con Jesucristo, quien lleno de gloria y poder, ha de venir a juzgar a vivos y muertos al fin de los tiempos: 2º-Del 17 al 24 de diciembre, tanto en las misas como en la liturgia de las horas, todos los textos se orientan más directamente a preparar la Navidad del Señor Jesús.

Por su parte, los prefacios de este tiempo expresan acertadamente, las características de estas dos partes en que se divide el adviento, complementándose y formando una verdadera unidad doctrinal y litúrgica.
Subrayamos que en este tiempo de adviento destacan de manera muy importante, tres figuras bíblicas: el profeta Isaías, San Juan Bautista y la Santísima Virgen María, Madre de nuestro redentor y salvador: Cristo Jesús.
Con esta introducción a nuestra homilía, pasamos ahora a contemplar y asimilar, las enseñanzas que la Iglesia nos da en cada domingo del adviento. Hoy nos referimos a este primer domingo.

Espera vigilante ante la venida de Cristo, de acuerdo a lo que acabamos de explicar en nuestra introducción

Cristo, como Hijo de Dios hecho hombre, quien ha venido a salvarnos del pecado y de todo lo que nos pueda separar de la voluntad de Dios Padre, nos concede la presencia y la acción del Espíritu Santo, para que con su poder y su gracia, nos dispongamos siempre a cumplir la voluntad divina, con nuestros pensamientos, palabras y obras de acuerdo al evangelio, como anuncio e instauración del Reino de Dios en la tierra y para que llegue a su realización plena y eterna en el cielo, hacia donde todos y cada uno vamos caminando. Precisamente, el Adviento nos pone en actitud de vigilante espera de Cristo en los diversos aspectos de su manifestación a los hombres para conocerlo, amarlo y cumplir sus mandamientos.

En el mundo que vivimos en estos días, con toda la carga de trabajos, ocupaciones y exigencias para subsistir y vivir en paz y con buenas condiciones de salud corporal y espiritual, el adviento es un espacio vital para la reflexión, la oración personal y comunitaria, la conversión arrepintiéndonos de nuestras faltas y pecados, con el propósito firme y claro, de vivir en estado de gracia aguardando con santa alegría la venida del Señor en su Nacimiento y en todas las manifestaciones de su llamamiento, que se nos  ofrecen en todos los momentos y desarrollo de nuestras vidas en esta tierra que nos ve nacer, crecer, realizar nuestras vidas con la vocación que 
Dios nos da para que le respondamos siempre a su llamado de amor y servicio para su gloria, nuestro bien individual y comunitario, en la familia, en la vida social. 

Promoviendo la paz, la concordia, la justicia, la seguridad; trabajando por el bien integral propio y el de todos nuestros semejantes. Hoy es urgente construir el buen entendimiento y la serenidad, ante tantos peligros, desviaciones e impiedad que se presentan cada día, con su fuerza de violencias y crímenes que llenan de tristeza, muertes y preocupaciones que no nos permiten vivir como Dios quiere y para nuestro consuelo y desarrollo humano y cristiano, en la vigilante y gozosa espera del advenimiento de Dios que nos ofrece incesantemente la salvación temporal y eterna.

Conclusión

Tomando en cuenta todo el contexto de las lecturas bíblicas de este primer domingo de adviento, pidamos a Jesús que viene siempre a nuestros corazones, que nos haga permanecer irreprochables hasta el fin, hasta el día de su advenimiento, pues Dios es el que nos ha llamado a la unión con su Hijo Jesucristo, y Dios es fiel ahora y para la eternidad.

Obispo emérito de Zacatecas