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Perspectivas

Banxico, con los dedos en la puerta

Luis Enrique Mercado
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11 de Diciembre del 2017 05:00 hrs
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Todos los pronósticos sobre la inflación han fallado. Ni ha llegado a sus máximos, ni ha empezado a descender y cada día se ve más lejos que en 2018 regrese a los niveles de 3% como quiere el Banco de México.
El problema es que ahora la preocupación sobre la evolución de los precios se completa con una economía que se marchita y que en el tercer trimestre del año estuvo ya en cifras negativas.
Es decir, combatir la inflación con una mayor alza de tasas de interés puede tener como costo hundir a la economía mexicana en la recesión.
La Junta de Gobierno de Banco de México, bajo la conducción de Agustín Carstens, actuó con la creencia de que allá por junio la inflación empezaría a dar a vuelta y con dicha creencia movieron las tasas de interés con enorme prudencia. Un tantito cada vez para no afectar el crecimiento de la economía y para no separarse mucho de lo que la Reserva Federal de Estados Unidos ha estado haciendo. Mover sus tasas aún con mayor prudencia que Banxico.
Pero la inflación no respondió a la creencia de los miembros de la Junta de Gobierno el Instituto Central y en noviembre, una vez más rompió los pronósticos. Creció mucho más de lo que se esperaba, 1.03% en un solo mes y llego a su nivel récord de la última década, 6.63%.
Y como cada mes que el alza de precios se va por encima de los pronósticos, hay una explicación racional. La de noviembre fue que al alza se debió a que finalizó el subsidio eléctrico de verano en diez ciudades del país.
Como se ven las cosas, a Banco de México no le quedará más camino que subir la tasa de interés de referencia, aun cuando con ello presione más una economía que ya está en cifras negativas.
Tradicionalmente Banco de México pronostica bien la evolución de la economía y de los macroindicadores; pero con la inflación simplemente no le ha atinado. Y ahora dice que la inflación bajará a niveles del 3% para finales del año que entra, aunque todavía no se vean por ningún lado las señales de que eso es posible.
Lo más segundo es que, cuando mucho, en 2018, en algún mes, la inflación dé la vuelta y que termine por niveles cercanos al 5 por ciento.
Bajarla al 3% significaría subir las tasas con rapidez y con ello llevar la economía a la recesión, cosa que no es conveniente nunca y menos en medio de un proceso electoral.
Alejandro Díaz de León, el nuevo gobernador del Banco Central no tendrá para nada un día de campo. Cumplió su sueño de ser el Gobernador de Banco de México, pero en el peor momento. Lo que haga causará efectos que a nadie gustarán. Subir las tasas encarecerá el crédito de toda la economía y frenará aún más al crecimiento; no subirlas será abrir la puerta para que la inflación no regrese a los 3% ni en el mediano plazo.
Hasta el próximo lunes y mientras, no deje de seguirme en mi página de FB, Perspectivas de Luis Enrique Mercado.