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El Día del Señor

La Epifanía del Señor

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
~
07 de Enero del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




La figura de los Reyes Magos nos puede comprometer en acciones concretas.
Cortesía / La figura de los Reyes Magos nos puede comprometer en acciones concretas.

Hoy estamos celebrando solemnemente la Epifanía de Jesucristo, manifestación de Dios para todos los pueblos de la tierra y especialmente para su pueblo cristiano.

Hemos escuchado atentamente la revelación profética de Isaías en la primera lectura de este día glorioso: “Levántate y resplandece Jerusalén, porque ha llegado tu luz y la gloria del Señor alborea sobre ti. Mira: las tinieblas cubren la tierra y espesa niebla envuelve a los pueblos; pero sobre ti resplandece el Señor y en ti se manifiesta su gloria. Caminarán los pueblos a tu luz y los reyes, al resplandor de tu aurora”.

De esta manera, hermanos (as), pasamos al cuerpo doctrinal de nuestra presente homilía.

La Epifanía del Señor Jesús

La palabra “epifanía” viene del idioma griego y significa “manifestación” brillante y esplendente. 

En nuestra fe, nos referimos a la encarnación del Hijo de Dios hecho hombre por la acción soberana del Espíritu Santo, quien fecundizó el seno de María Virgen Madre, cumpliendo con la voluntad del Padre eterno, para darlo al mundo arrancándolo de las tinieblas del pecado, la ignorancia y de la muerte temporal y eterna. 

Es precisamente lo que nos ha revelado el profeta Isaías al recordar hoy su mensaje de luz y esperanza para todos los pueblos de la tierra, de acuerdo con el plan divino de la salvación universal.

El salmo interleccional, nos ha hecho proclamar con grande alegría: “Que te adoren Señor, todos los pueblos”. 
Por su parte, San Pablo en su carta a los Efesios, nos ha manifestado: “Hermanos: han oído hablar de la distribución de la gracia de Dios, que se me ha confiado a favor de ustedes. Por revelación se me dio a conocer este designio secreto que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, pero que ha sido revelado por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: es decir, que por el Evangelio, también los paganos son coherederos de la misma herencia, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa en Jesucristo”. 

Esta enseñanza de la revelación divina llega a su cumbre en el evangelio de San Mateo, quien nos narra detalladamente de qué manera Dios reveló por medio de los Reyes Magos, la epifanía de la encarnación del Hijo de Dios hecho hombre.

Los Reyes Magos, representantes de todos los pueblos, han recibido la luz de la Epifanía del Señor para participarla
En la personas de los tres Reyes Magos vemos un signo elocuente de la representación que llevan a efecto, de todos los pueblos de la tierra que son llamados por Dios para buscar y reconocer al Hijo de Dios hecho hombre en la humildad de la carne humana como el Mesías y Señor que se manifiesta lleno de luz bajo la guía de una estrella. 

Ellos nos enseñan a buscar a nuestro Salvador estando atentos y solícitos para caminar buscando en esta tierra al Señor de nuestra historia y al encontrarlo, entregarle nuestra vida y existencia para que con la luz de su gracia y elección alcancemos la vida eterna, saliendo al mismo tiempo de las tinieblas del pecado, de las insidias del demonio y quedar abiertos a la luz de su resurrección.

Por otra parte, la figura de los Reyes Magos nos puede comprometer en acciones concretas. 

Nosotros también debemos ponernos, llenos de fe, ante el Niño Dios y ofrecerle lo mejor de nuestros afectos, sentimientos y nuestros esfuerzos ahondando cada vez más en el tesoro de una fe renovada y alimentada por la

Palabra de Dios y comprometernos , por ejemplo, en nuestras parroquias dando razón de nuestra vocación cristiana, ayudando en la catequesis; en la liturgia, sirviendo con ayudas espirituales, materiales y servicios para con los enfermos, visitando a los tristes y solos, a los que menos tienen y compartir algo con ellos.

Y como los Reyes Magos, hay que saber volver a la vida cotidiana, con un espíritu nuevo. 

Porque el momento presente, que pasa luego, es nuestra única oportunidad y nuestra única riqueza, al estilo de Jesús imitándolo para crear con su gracia y potencia, un mundo nuevo de justicia, fraternidad, seguridad social y verdadera convivencia fraterna, en nuestros hogares, en nuestros centros educativos, en las relaciones sociales, en el desarrollo de los mejores valores culturales que refuercen nuestra vida de servicio y comunión humana y cristiana, etc.

¡Hoy también en unión de los Reyes Magos, podemos ofrecer a Jesús Niño nuestras ofrendas de oro que son nuestras buenas acciones para con nuestro Rey; nuestro incienso de oración como Dios único y verdadero y nuestra mirra como seres pequeños y mortales, participando en su paso de amor y entrega por esta tierra, con nuestros dolores y alegrías, camino hacia la pascua del cielo!

*Obispo emérito de Zacatecas