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Una idea sobre el voto

José de Jesús Vela Cordero
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01 de Febrero del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




En el artículo anterior concluimos que en nuestro país, el voto (el sufragio), es un mecanismo de negociación en los procesos electorales, que tienen por objetivo la disputa y acceso al poder. El voto, en el siglo XX,  emergió con una naturaleza de control, de acuerdo a la égida de la Constitución de 1917 y la particular de Zacatecas, de 1918. 

Las normatividades en materia electoral, tanto a nivel federal como local, de los años veinte, en un proceso de armonización legislativa configuraron al voto universal con acotaciones: todos podían votar, excepto mujeres (hasta 1953); en una primera etapa el voto fue una combinación de voto económico y voto censitario; pues sólo votaban los que estaban en el censo y aquellos que tenía un modo honesto de vivir, una ocupación o un negocio. 

Este esquema de voto, era implementado desde los Estados, a través de los ayuntamientos que eran quienes organizaban los procesos electorales. Los ayuntamientos integraban padrones, mesa directiva de casilla, material electoral (boletas), geografía electoral (ubicación de casillas), horario y publicación de resultados. 

Las elecciones y la emisión del voto, era controlada por el gobierno a través de los ayuntamientos; posteriormente la evolución, reconocimiento o incluso cambio de resultados se daba en los congresos, dado que estos se erigían en colegios electorales para calificar las elecciones, tanto de renovación de poderes federales como locales. Ahí la dinámica política controlaba los resultados electorales.

Los grupos y sus facciones políticas imponían sus mayorías legislativas para declarar electas a las autoridades, anular o bien cambiar los resultados. 

Este esquema configura un sistema electoral controlado y gestionado desde el poder. El voto era un instrumento ciudadano de democracia moderna, pero controlado desde su organización e implementación.

Este modelo estuvo vigente en esencia (organización estatal) hasta los años ochenta, después de la elección presidencial de 1988 se vislumbró que ya era obsoleto que el Estado y el Congreso (Poder Legislativo) organizaran y calificaran el ejercicio del voto. 

Las reformas institucionales de los años noventa (1993) implicaron la reorganización del sistema electoral y la ciudadanización, a fin de revitalizar el régimen y el sistema político (flexibilizaron la normatividad, se dio financiamiento a los partidos políticos, hubo alternancia política, etc.).

Sin embargo, el voto entró en una pugna y conceptualización, que lo desdibujaron; de ser un mecanismo de igualdad y modernidad política de participación ciudadana, lo pusieron como el objeto del deseo de todos, conseguirlo a costa de todo. Ahí pusieron economía, instituciones y personajes para conseguirlo. 

Nota. Como entendemos el voto y como lo ejercemos, es una variable que siempre se reconfigura, en cada elección.