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El Recreo

El verdadero dilema del 2018

J. Luis Medina Lizalde
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01 de Febrero del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Somos testigos del paso del procesamiento   de candidatos  gestados en institutos políticos  o por vías no partidarias, así  tomamos conciencia de la necesidad de cambios radicales en el esquema político electoral encaminados a producir mejores políticos,  dejando atrás el discurso de odio a la política y a los políticos que solo sirve para que todo siga igual gracias a que la ciudadanía permanece refugiada en el reniego neurótico  vertido en la convivencia cotidiana y  redes. 

El demagógico culto a lo “ciudadano”  como certificado de virtudes por antonomasia  ha quedado en evidencia en no pocas  ocasiones en las que se asigna para tareas públicas a individuos propuestos por colegios profesionales, organizaciones no gubernamentales  u organismos del sector privado al funcionar como legitimadores cosméticos  sin mayor trascendencia, en estos momentos en varios estados de la República han sido los comités ciudadanos previstos en el sistema anti corrupción los que mostraron no ser distintos a los criticados  “políticos” al protagonizar desavenencias lamentables  con  tal menosprecio a la legalidad que la Suprema Corte de Justicia  está emplazada a resolver.  Tal decepción tiene lugar en Zacatecas, dónde los mismos “ciudadanos”  encargados de integrar un comité previsto para erradicar la corrupción lo hicieron con tan mal tino, que  fueron incapaces de respetar  requisitos cuya importancia radica en que están establecidos en la ley.

Otra puerta falsa a la que ha sido inducida la sociedad para que todo siga sin cambios  es la consagración extrema del individualismo tan ad hoc en el sistema económico  que  organiza a los países de tal forma  que los intereses particulares de minorías estén por encima de los intereses generales de todos.

Los candidatos “independientes”  (no todos pero si una gran proporción)  se escudan en  virulento discurso anti- partido al mismo tiempo que son instrumentados por  gobiernos y partidos para producir resultados electorales determinados; capitalizando el legitimo  descontento con los partidos políticos al mismo tiempo que incurren en las mismas inmoralidades que señalan en los institutos políticos, la compra de credenciales de elector es un buen ejemplo de ello , el propio INE ha reconocido la práctica fraudulenta de recolección de firmas falsas  del mismo modo como inmorales miembros de partidos afilian ciudadanos y  los integran a comités seccionales sin que éstos se enteren.

 

No es lo que ganan, es lo que roban 
Otra inducción al engaño, hace pensar a la sociedad que el problema radica en los ingresos privilegiados de los políticos, en sus lujos en el cumplimiento de sus tareas, haciendo pensar que basta con medidas que reduzcan los salarios y cancelen viáticos y todo tipo de excesos para moralizar la vida pública.

Siendo una necesidad  tomar medidas al respecto, la verdadera pus, es la prevalencia de mecanismo de corrupción que le han quitado el control político a la Secretaría de Gobernación para trasladarlo a la Secretaría de Hacienda mediante la inyección de dinero a la clase política para que “se porte bien” y castigando a quien se salta las trancas, tal es la misión del Ramo 23 y su fruto más visibilizado es el de los “moches”  que  hacen de los legisladores compulsivos “baja recursos” y verdaderas nulidades  a  la hora de legislar y cumplir en comisiones.

En estados como Zacatecas  tenemos gobernantes que cuando oyen decir al gobierno federal decir “rana” saltan,  las funciones de control político permanecen formalmente  en la Secretaría General de Gobierno, pero realmente se cumplen en la Secretaría de Finanzas, desde hace buen tiempo, el ocupante temporal de Comunicación Social del Gobierno del Estado es el que cumple el papel de villano con los medios y el “buena onda” es el titular de finanzas,  los políticos adictos a hacer caravanas con dinero público tienen que verle la cara a la alta burocracia de esa Secretaría  mientras que todo mundo le cuida las manos a SEDATU, SEDESOL Y DIF principalmente,  instancias cuyo descarado  apoyo al clientelismo  no se compara con la capacidad de “impulsar proyectos” de la  Secretaría de Finanzas, frecuentemente a salvo de miradas “críticas”.Los hacen como los necesitan.

La descomposición moral efecto de la corrupción para el control político  facilita la entrada  al juego electoral de dinero del narcotraficantes   y secuestradores a cambio de   “vista gorda” y de empresarios a cambio de contratos al estilo  Odebrecht.  Lo  hasta  aquí expuesto  nos acerca   al verdadero  dilema de los electores en este 2018.  No optaremos entre “socialismo” o “capitalismo”, tampoco entre “populismo” o  “neoliberalismo”, el dilema, esta vez no es entre “izquierdas” y “derechas”, esta vez es entre los que vean en la corrupción la fuente de los grandes males sociales y los que piensan que no es para tanto.