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Gabriel Zaid y punto final
Pablo Torres Corpus 07-02-2018 05:00 hrs

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Liga Corta




El 24 de enero Gabriel Zaid cumplió 84 años, el acontecimiento fue escasamente recordado, pero no es de extrañarse, fiel a su costumbre este regiomontano no aparece en eventos públicos ni medios audiovisuales, su presencia se limita a sus artículos, ensayos y libros.

Lo que sí es para extrañarse es que, con tanta facilidad tecnológica tan poco se conozca y aprecie la obra de Gabriel Zaid.

Pocos intelectuales tienen una producción tan polifacética como la de Zaid, con éxito y sólidos argumentos ha escrito sobre administración, economía, política, literatura, filología, edición, curaduría e historia.

Con una congruencia poco común entre la elite intelectual ha publicado una contundente crítica a la celebridad, el ego intelectual, los excesos presidenciales las políticas públicas de cultura y lo que él bautizó como la mafia cultural.

Sus escritos y críticas no han correspondido a una moda o pose de corrección política, no. Zaid ha sido congruente y consistente, mientras el grueso de la “intelectualidad” mexicana se dejaba seducir por Luis Echeverría y/o López Portillo intelectuales Gabriel arremetía contra la megalomanía de estos políticos con las consecuencias que esto significaba en esos tiempos.

Pero no sólo fue crítico del sistema político, también lo ha sido del medio y mundo cultural mexicano y latinoamericano, de su necesidad de fama y del elogio mutuo como escalafón para el subsidio y la perversidad del “auto elogio”. Estos señalamientos y sinceridad lo han llevado a enemistarse con las “vacas sagradas” de la cultura.

Estos cuestionamientos y su natural renuencia al escenario y reflectores lo han llevado a marginarse del negocio y glamur de la cultura y a la política.

Afortunadamente esta marginalidad no le preocupa, en más de cincuenta años como escritor y poeta ha demostrado que lo importante de un escritor son sus escritos.

Este aniversario es excelente pretexto para celebrar la obra de Zaid, en su amplia bibliografía seguramente encontrarán alguna obra, artículo o ensayo que gratifique su curiosidad, o mejor aún algún poema que describa su sentir.

Zaid  ha practicado el ideal del escritor romántico: ha dejado que sea su obra la que protagonice.

Zaid ha dejado que su obra sea la que hable, lo malo es que no la hemos querido escuchar.

 

Punto Final

El problema no es la ambición sino sus capacidades.