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Muy noble y leal ciudad: artes y letras del Zacatecas virreinal

El delta luminoso en la portentosa vida de la muerte

Salvador Lira
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12 de Febrero del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




El grabado de La muerte y el delta luminoso en la novela de fray Joaquín Bolaños.
Cortesía / El grabado de La muerte y el delta luminoso en la novela de fray Joaquín Bolaños.

En 1792, por los Herederos del Lic. José de Jáuregui, el zacatecano fray Joaquín Bolaños publicó una novela con una serie de elementos y reasuntos emblemáticos. 

Se tituló La Portentosa vida de la Muerte…, texto que viene bajo una sentencia de la época: al entendimiento de los “Hombres de buen gusto”. 

La novela trata en específico de los avatares y acciones de la muerte, en tanto ser que muestra al hombre el desengaño.

Este concepto ya había sido ejemplificado por una larga tradición de la Vanitas y el pensamiento de la época del hombre barroco del siglo XVII. 

Una cuestión particular de la novela es el acompañamiento de grabados, bajo el desliz del género emblemático, que funcionan estrictamente a manera de empresas: pictura y mote. Así, los grabados, en términos de imagen, iluminan y dan forma al texto; por otro, la novela, en términos emblemáticos, son la narratio philosophica o explicación de los grabados.

En cada grabado aparecen una serie de motivos simbólicos con amplias referencias en libros eruditos de la época. 

Es de destacar la imagen del capítulo XX: “Memorial que presenta la Muerte al Rey de los Cielos, quejándose de la ingratitud de los hombres”. 

La muerte señala y comparece, en el apartado textual ante el Señor. Manifiesta el cómo muchos hombres le reclaman por sus actos, como si fuese un acto unilateral; por lo que la muerte argumenta que ella sirve a Dios y será en el juicio final cuando entregue la lista de sus trabajos. 

El grabado muestra a la muerte de rodillas postrada ante la imagen del Delta Luminoso con un ojo. A un lado la corona y el cetro, por otro un árbol caído. Al fondo un mar abierto con una barca y una torre. 

El Delta Luminoso, con el ojo que todo lo ve, ha sido causa de múltiples interpretaciones. Si bien tiene sus orígenes en la jeroglífica egipcia, ha tenido una serie de propuestas y formas. 

En la segunda mitad del siglo XVIII fue empleada como forma de la divinidad. Juan Eduardo Cirlot lo atribuye a su concepto de trinidad, debido a sus tres puntos y líneas completamente equitativas. 

En el caso de La portentosa vida de la muerte…, es imagen de la divinidad cristiana. De hecho, no es el único espacio en que aparece tal formulación. Por ejemplo, está en la descripción ecfrástica del túmulo a José de la Borda y en una de las pinturas de la pira en Taxco Guerrero, ambas del siglo XVIII. 

También en algunos emblemas de túmulos a Carlos IV en la América Septentrional. Se trató, por tanto, de una imagen que fue reelaborándose con el paso de los años, los lectores y los proyectos simbólicos.

*Escritor e investigador