×
×
×
×


Búsqueda


Introduzca su búsqueda



X

El Recreo

La lección de Silva Herzog

J. Luis Medina Lizalde
~
15 de Febrero del 2018 05:00 hrs
×


Compartir



Liga Corta




La  falta de vigencia del derecho de réplica ha generado una actitud autoritaria que raya en lo grotesco, así lo puso de manifiesto el diferendo público entre Jesús  Silva  Herzog  Márquez y Andrés Manuel López Obrador cuando esté último respondió al calificativo de oportunista que el connotado columnista le endilgó, llamando al periodista de ilustre apellido “conservador de apariencia liberal”. La reacción inmediata de los opinantes habituales consistió en calificar de intolerante a AMLO, al grado de que algunos externaron una teatral preocupación por el futuro de la libertad de expresión en el caso de que López Obrador sea el siguiente Presidente de la República.

El periodismo mexicano sigue siendo un bastión cultural del autoritarismo  pues fueron los comunicadores de los grandes públicos como Carlos Loret De Mola, los que con  poca inteligencia mostraron que la intolerancia es un rasgo cultural  que no logran sacudirse  los intelectuales  del orden establecido como Enrique Krauze, Aguilar Camín y otros, ni   los exponentes del periodismo de consigna como Ricardo Alemán, Pablo Hiriart,  Carlos Marín y muchos otros   cuya aversión  a López Obrador  es  ampliamente conocida.

  Cuando la calculada histeria se encontraba en su apogeo fue el propio Silva Herzog el que les propinó un revés descomunal,  en su  siguiente entrega al Diario Reforma  dice: “Debo agregar que, en el México de la barbarie, es una frivolidad decir que la crítica a un crítico ponga en peligro la libertad. Lo que amenaza la libertad de expresión en México son las balas, no los tuits”  (Crítica y soberbia moral, artículo de opinión de Silva Herzog, Reforma del lunes 12 de febrero de 2018, página 7).


Libertad, para todos

El periodista respetuoso de su oficio coteja fuentes, verifica información, da voz a las versiones encontradas pero el que practica el periodismo sin sustento ético da crédito a un solo lado en lo que hace público y cuando un afectado quiere precisar o desmentir información que considera falsa  no se le brinda el espacio. 

 El periodismo de opinión, además de sustento informativo, debe reconocer en el blanco de su crítica  al individuo al que le asiste el derecho a replicar sin que por eso se le juzgue intolerante.

Las palabras de Silva Herzog  que aquí reproducimos, en otros países serían una obviedad   pero en el caso de México son una aportación trascendente para desnudar la cultura autoritaria tan arraigada entre el periodismo que se comporta como si la libertad de expresión fuera exclusivamente para quienes disponen de plumas, cámaras y micrófonos y no para todos y cada uno de los ciudadanos, incluyendo periodistas y no periodistas, políticos y no políticos, por eso, no deja de llamar la atención  que los descalificadores habituales se desgarren las vestiduras cuando alguien les da, en todo caso una sopa de su propio chocolate.

La ausencia del ejercicio de la réplica como derecho cotidiano ha dado lugar a ridículas dramatizaciones de “ataques a la libertad de expresión”  al mismo tiempo que  se reacciona  con indiferencia   y no pocas veces con complicidad ante verdaderos atentados, como  los padecidos por el canal 40 por haber dado a conocer los abusos del infame cura pederasta Marcial Maciel, a  José Gutiérrez  Vivó por su ejemplar periodismo radiofónico  y a Carmen Aristegui  por el célebre reportaje sobre la casa blanca,  renuncian al enriquecedor control social que implica la   réplica esclarecedora, rectificante, contextualizadora   y reparadora de errores de buena  fe  (a los que todos estamos expuestos). 


Sin réplica es monólogo

La ausencia de la réplica  forma  vacío  entre el público y  medios, mismos  que al prescindir de la retro alimentación  auto limitan su  implantación en el mercado de la información y que en mucho 

contribuye a la postración económica crónica que hace que los gobernantes los tengan comiendo de su mano, pues son muy pocos los que gozan de solvencia empresarial como para existir con  autonomía de la consigna procedente de la publicidad oficial.

Como en todos los ámbitos de la vida pública, en el universo mediático coexisten en  permanente confrontación democráticos  y autoritarios, los que resisten al cambio llaman autoritario al que hace valer su derecho al desacuerdo, los que ven hacia adelante reivindican   la función democratizadora  de la réplica.

 Silva Herzog dice antes de reiterar sus críticas a  López Obrador “No siento que me haya ofendido por la calificación de mis ideas ni por el juicio que emitió sobre mis posiciones públicas……..”El desacuerdo no es intolerancia”.  

A ver si aprenden la lección  los Torquemadas  mediáticos y entienden el significado de lo que dijo Voltaire: “combatiré hasta la muerte lo que dices y defenderé con mi vida tu derecho a decirlo”.

¿Lo entenderán los Torquemadas mediáticos?

Nos encontramos el lunes en el Recreo
luismedinalizalde@gmail.com