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Memoria viva

Los monumentos más colosales de Zacatecas

Manuel González Ramírez
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21 de Febrero del 2018 05:00 hrs
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Dibujo de la ciudad de Zacatecas en el año 1926.
Cortesía / Dibujo de la ciudad de Zacatecas en el año 1926.

Nuestros antepasados nos legaron verdaderos tesoros que no hemos sabido apreciar, quizás porque desconocemos el verdadero valor que muchos de ellos tienen. Entre las joyas que nos heredaron podemos contar los monumentos. Estos son edificios públicos, cuyo destino es perpetuar la memoria de algún personaje o suceso.

En esta ocasión les vamos a platicar cuáles son los dos monumentos de mayores dimensiones físicas de Zacatecas. Por cierto, uno de ellos es de los más grandes y hermosos de México y del mundo.

El primero, se sitúa en el corazón de la ciudad de Zacatecas, en el lugar donde existió la antigua plaza de San Agustín, denominada así por encontrarse frente al monasterio de los agustinos (actual Obispado). Ese espacio público fue el escenario de un acontecimiento del movimiento de Independencia.

Uno de los próceres zacatecanos que más recuerda la historia es el insurgente Víctor Rosales, quien el día 24 de septiembre de 1813 penetró hasta la plaza de San Agustín, y sus seguidores se apropiaron de una parte de la artillería del enemigo. 

Después de la consumación de la gesta independentista se construyó un portal en esta hermosa plaza, por una parte, atendiendo la necesidad de abrir nuevos espacios para el comercio y para dedicar esta obra como un homenaje póstumo a don Víctor Rosales, prócer de la guerra de Independencia.

La edificación de este emblemático monumento dio principio en el año de 1826 y concluyó a mediados de 1827. La obra fue inaugurada con toda solemnidad por el gobernador del estado José María García Rojas, el día 21 de julio de 1827.

 A partir de esa fecha se le conoció con el nombre de Portal de Rosales, y no sólo se convirtió en el mejor y más elegante centro comercial de su época, sino en el primer monumento del periodo independiente y uno de los más antiguos de la ciudad de Zacatecas que aún sobreviven hasta nuestros días. 

Sin embargo, el más grandioso monumento que tiene la ciudad y uno de los más colosales del mundo, no fue hecho por las manos del hombre pero está consagrado a la memoria de un zacatecano universal.

El cerro de La Bufa, custodio y emblema de esta capital fue moldeado por las manos de la naturaleza a lo largo de millones de años. En los albores del siglo 20, fue consagrado como monumento perpetuo a la memoria del poeta de la patria mexicana Ramón López Velarde, oriundo del antiguo partido de Jerez, Zacatecas. 

Él falleció en la ciudad de México el 19 de junio de 1921 y fue despedido con todos los honores. El Congreso de la Unión decretó tres días de luto nacional como tributo a su talento de esencia universal. Sus restos descansan en la Rotonda de los Personajes Ilustres de la capital de la República, donde reposan los mexicanos más ilustres de los siglos 19 y 20.

A los cinco años de su muerte, tuvo lugar uno de los primeros, tal vez el primero de los homenajes de aniversario luctuoso que se llevaron a efecto a la memoria de Ramón López Velarde, en su propia tierra. El escenario de ese singular acontecimiento fue el emblemático cerro de La Bufa de Zacatecas, sobre el lomo de ese “corcel que se encabrita”.

Era la mañana del jueves 30 de septiembre de 1926, cuando poetas e intelectuales de renombre nacional, amigos personales del poeta de la paz, autoridades municipales y estatales arribaron hasta los pies del crestón del máximo símbolo natural de la ciudad y del estado: el cerro de La Bufa, al que consagraron y proclamaron monumento eterno al inmortal poeta de la provincia. 

Esa mañana develaron una placa de cantera que está ubicada en el lado poniente del crestón principal y que reza: “ZACATECAS AL POETA JEREZANO RAMÓN LÓPEZ VELARDE”.

Así quedaría inmortalizado el nombre de nuestro poeta en granito, en una obra majestuosa de la naturaleza que a partir de esa fecha se convirtió en el primer monumento a Ramón López Velarde y, seguramente, uno de los monumentos de las más colosales dimensiones que existen en el mundo. 

El escritor Carlos González Peña, testigo y partícipe de los hechos consignó para la posteridad a través de unos versos: “El monumento, obra de un inmenso artífice: / la Naturaleza y la de otro humildísimo: / el buril del ignorado cantero: / ese bello monumento a López Velarde, quedará, pues, / en la misma Bufa que él pintó”.

Esta estrofa hace alusión al “ignorado cantero”, ya que no se sabía quién había sido el artesano que grabó el nombre del vate jerezano. No obstante, hace poco descubrimos el nombre del artesano que cinceló en la roca viva del crestón el nombre del poeta. 

Fue el maestro José Encarnación González Rodríguez, oriundo de esta ciudad de Zacatecas. El fue el único que se atrevió a realizar ese encargo. Los demás canteros no aceptaron realizar el trabajo porque la roca era muy dura. Sin embargo, sí tuvo el valor y lo hizo bien. 

Y desde entonces está grabado en granito el nombre del homenajeado con este singular monumento: Ramón López Velarde… máximo orgullo de los zacatecanos y gloria de las letras mexicanas.

*Cronista de Zacatecas