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El Día del Señor

Dios ama a los hombres, a pesar de sus desobediencias

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
~
11 de Marzo del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




La tercera semana de cuaresma: tiempo de reflexionar.
Cortesía / La tercera semana de cuaresma: tiempo de reflexionar.

Hemos avanzado ya recorriendo las semanas de cuaresma y estamos ahora en el cuarto domingo de este tiempo, que debe caracterizarse por la intensificación de nuestra oración como diálogo íntimo y profundo con Dios, arrepintiéndonos de nuestros pecados y estrenando claridad de gracia, con los ayunos y penitencias que nos purifican y con las obras de servicio y misericordia para con nuestros prójimos.

Llamados por Cristo, para que recibamos y celebremos el sacramento de la penitencia o reconciliación, que por su poder y gracia se ordena para obtener el perdón de nuestros pecados y la dicha de una buena conciencia que nos acerque más y más al Padre eterno estando en comunión renovada con él y nuestros semejantes.

Dios siempre nos ha amado y nos ama sin cesar, renovando constantemente su alianza de amor, misericordia y perdón.

Entremos pues, al cuerpo doctrinal de nuestra homilía y pidamos al Señor nos renueve y nos ayude a intensificar nuestra preparación y celebremos dignamente y con fruto espiritual, la Pascua de Resurrección, hacia donde nos conduce el tiempo de nuestra cuaresma en este año.

Oferta amorosa de Dios en orden a nuestra recuperación, salvación y respuesta de los hombres sus hijos

Hermanos: las tres lecturas de hoy, coinciden en hacernos ver y que reflexionemos, en el paralelismo que existe entre la historia de amor de Dios por los hombres y por otro lado la respuesta de los hombres al llamado de Dios con respuesta positiva para acatar su voluntad salvadora o rechazarla con libertad atada al pecado con las tentaciones e insidias del maligno que pueden hacer caer a los hombres en la muerte lejos de Dios.

Tal es la noticia que nos da el evangelio de este día –segunda parte de la entrevista nocturna de Nicodemo con Jesús, -en la que advertimos dos secciones o ideas mayores:

1ª.-Oferta de vida y salvación por Dios para todo aquel que cree en su Hijo muy amado: Cristo Jesús.

2ª.- Respuesta de los hombres, aceptación o rechazo, opción por la fe o la incredulidad, la luz de la gracia o las tinieblas del pecado, bajo el dominio perverso de Satanás.

Primera sección: Dios ofrece vida y salvación al hombre y para avalar tal afirmación se nos da:

1º Una comparación o símil, el de la serpiente que levantó por mandato de Dios, Moisés en el desierto para que al verla los israelitas fuesen curados de las picaduras venenosas y de muerte de las serpientes.

2º Un motivo de amor. “Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único”.

3º Una finalidad: la salvación y no la condenación del hombre. “Para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna”.

Y todo esto hermanos, mis oyentes para que descubramos y asimilemos la razón última de lo que estamos afirmando y que es centro y núcleo de la buena nueva del evangelio y nunca lo olvidemos y lo pongamos en práctica todos los días de nuestras vidas: Dios ama a los hombres, no quiere la muerte de los pecadores, sino que se conviertan y vivan.

Segunda sección: el hombre responde a Dios aceptando su voluntad y revelación o rechazándolas al vivir en actitud egoísta, incrédula y pecaminosa. Suponiendo esto que acabamos de formular, decimos de acuerdo al evangelio: “El que cree en el Hijo de Dios no será condenado; el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios”. Por esto mismo, la fe o la incredulidad presentes contienen ya un adelanto del juicio definitivo de Dios: salvación o condenación La fe viva y auténtica como respuesta adecuada a la voluntad salvadora de Dos, ha de ser el criterio último de vida y salvación plenas.

Las obras de salvación y las obras de condenación

Podemos ahora ya presentar a nuestra atenta consideración, por un lado las obras de condenación y negación libre y las obras de salvación de acuerdo con la doctrina de San Pablo.

a.- Obras de condenación: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, enemistades, odios, contiendas, celos, rencores, rivalidades, partidismo, sectarismo, envidias, uso de drogas que destruyen y matan, borracheras, orgías y muchas otras cosas por el estilo.

b.- Obras buenas de salvación que brotan de la acción benéfica del Espíritu de Cristo y el Padre: amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad, dominio de sí mismo, fraternidad universal, perdón y misericordia, etc.

Conclusión

Hermanos: nos quedan todavía unos días más de nuestra cuaresma. Es tiempo oportunísimo para implorar la gracia de la conversión, de la rectificación de vida, si andamos extraviados moral y religiosamente. Es tiempo de volver a la casa del Padre como el hijo pródigo de la parábola. Dios Padre nos espera con el corazón lleno de amor y misericordia por el camino de su Hijo hecho hombre para salvarnos con la efusión del perdón y consuelos del Espíritu Santo. Entonces, reconciliados con Dios, con nosotros mismos y con nuestros prójimos, podremos decir con el salmista: “¡Cantaré con gratitud desde ahora y para siempre la bondad y la misericordia de nuestro Dios y Salvador!”

 

Obispo Emérito de Zacatecas