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Historia documental de Zacatecas

Problemas con el rastro de la ciudad

María Auxilio Maldonado Romero
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13 de Marzo del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Hacienda de beneficio Bernardez, Guadalupe.
Cortesía / Hacienda de beneficio Bernardez, Guadalupe.

“La mancha urbana alcanzó el rastro, es necesario moverlo o buscar alternativas”. Esta es una declaración de la actual presidenta Municipal de Zacatecas. Lo que me hace pensar que los problemas sociales son cíclicos. ¿Por qué me atrevo a aseverar lo anterior? 

En un documento de 1889 dirigido a la comisión de salubridad y mercados se describe el serio problema de salud por el que atravesaba la ciudad, debido a la forma inadecuada de sacrificar a los animales destinados para la alimentación de la población.

El manuscrito en mención se elaboró con la finalidad de que la Ilustre Asamblea Municipal de Zacatecas, estableciera las medidas necesarias para resolver el mencionado problema de las tocinerías o mataderos de cerdos, ya que estos se encontraban en casas situadas casi en el centro de la ciudad y sin las condiciones higiénicas indispensables, mismas que para entonces ya se consideraban verdaderos focos epidémicos.

Además en estas mismas casas se ubicaban las oficinas de todo el ramo; eran tocinerías, matanzas, zahúrdas y aun criaderos.  La aglomeración de estos animales, así como la posición topográfica de los inmuebles, hacían que bajo la corriente del más ligero viento sur, se envolviera toda la ciudad de emanaciones pútridas, propias de la reunión de esta especie, acarreando necesariamente gérmenes mortíferos a la población entera. 

El pavimento de todos estos mataderos, era por su configuración, fatal, pues la sangre se depositaba en las mil oquedades que lo cubrían y que la falta de agua hacia que no se pudiera lavar, formándose enseguida millares de pequeños focos de infección que la brisa más sutil, transporta al centro de la ciudad.

Por si fuera poco, algunos individuos sin tener casa de matanza, ni licencia, degollaban puercos a domicilio, y enseguida expendían en frituras esta carne. Como no estaban bajo la vigilancia de la policía, ni de ninguna otra autoridad, como tocineros, podían venderlas libremente muchas veces en estado de descomposición. 

Con frecuencia introducían a la ciudad y después al mercado, carnes muertas, bajo el pretexto que así se les facilitaba su transporte. La venta de carnes en esas condiciones podría ser de gravedad, pues era bien sabido que la raza porcina estaba siendo víctima de enfermedades contagiosas y matan al hombre por transmisión en los alimentos.

Se menciona que tal vez la causa principal de la mortalidad en esta ciudad, no reconocía otro origen que la falta de vigilancia en los mataderos y mercados. 

Así como que, hasta en la misma capital de la República, hubo necesidad que el gobierno impusiera medidas enérgicas para cortar un mal que afectaba directamente a la población entera. 

Sobre el rastro de reses y borregos estaba también en malas condiciones, por lo que se proponía reformarlo, pues la sangre del degüello quedaba expuesta a los rayos solares y estos violentaban su descomposición, dando el mismo resultado que los mataderos de cerdos. 


Directora del Archivo Histórico del Estado de Zacatecas