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Trotamundos

La Ruta de la Seda

Raúl Muñoz del Cojo
~
17 de Marzo del 2018 05:00 hrs
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Si nos asomamos rápidamente en la historia mundial, encontraremos dos rutas que cambiaron la manera de hacer negocios en el orbe y enseñaron a nuestros antecesores a disfrutar de los placeres por los que vale la pena trabajar. 

Sin temor a equivocarme, le puedo asegurar que podemos hablar de un antes y después en la historia de la gastronomía mundial con la ruta de las especias, así como del comercio con la Ruta de la Seda. Para no aburrirlo, en esta ocasión solo hablaremos de una que sigue vigente y es muy importante como referente del turismo global. 

El inicio de la Ruta de la Seda data del siglo I a.C. Y fue una red de rutas comerciales a partir del negocio de la seda china que logró extenderse por todo el continente asiático, conectando a China con Mongolia, el subcontinente indio, persa, Arabia, Siria, Turquía, Europa y África. Las diferentes rutas comenzaban en Chang’an (actualmente Xi’an) en China pasando entre otros por Karakorum (Mongolia), el paso de Khunjerab (en China y Pakistán) Susa (Persia), El Valle de Fergana (Tayikistán), Samarkanda (Uzbekistan), Taxila (Pakistán) Antioquia (Siria), Alejandría (Egipto), Kazán (Rusia) y Constantinopla (actualmente Estambul en Turquía) que eran las puertas de Europa. 

La influencia de esta llegó hasta los reinos hispánicos, así como Somalia y Etiopía en África  alrededor del siglo 15. 

El término de Ruta de la Seda  fue creado en 1877 por el geógrafo alemán Ferdinando Freiherr von Richthofen quien lo mencionó por primera vez en su obra Viejas y nuevas aproximaciones de la ruta de Seda, cuya elaboración era un secreto que solo los chinos conocían. 

El valor de la seda tuvo su apogeo cuando las mujeres aristócratas romanas se convirtieron en grandes aficionadas de este tejido, tras conocerlo a través de los partos, quienes se dedicaban principalmente al comercio. 

En esta ruta se comercializaba también con piedras, metales preciosos, rubíes, jade, perlas, telas de lana y lino, ámbar, marfil, laca y especias, también se vendían materiales manufacturados tales como la porcelana y el vidrio. 

Gracias a esto y desde aquellas épocas, la necesidad de hospedaje fuera de tiendas de campaña provocó el origen de lo que ahora es la hotelería. No se imagine que los viajeros pedían privacidad y lugares cómodos, lo que predominaba como lujo en esa época era el poder tener un lugar de descanso para los animales así como el abastecimiento de agua y comida.

Curiosamente le aseguro que los comerciantes eran felices durmiendo en donde fuera, pero cuidando como se merecían a sus bestias de carga. 

Algo imperdible de ver en Turquía y cercano al valle de las hadas, son los vestigios de lo que fue una de las primeras posadas de esta ruta, lugar donde se podía pasar una noche lejos de los riesgos naturales de cualquier viajero. 

En junio de 2014, la Unesco tuvo la visión de elegir a un tramo de la Ruta de la Seda como patrimonio de la humanidad con la denominación antes mencionada. 

Actualmente la Ruta de la Seda es la más importante del turismo transnacional del siglo 21, por esto y después de 8 años anualmente se reúnen los ministros de turismo de la misma, este año se llevó a cabo en el ITB de Berlín. 

Bajo el tema de “agenda turística de la Ruta de la Seda para 2025”, dichas personalidades compartieron sus principales ideas y estrategias en las que participaron 34 países incluid Malasia, que ha sido el último en sumarse a dicha iniciativa de la OMT. 

Parte del éxito de esto es el trabajo en conjunto transfronterizo de todos sus participantes, detalle que ha logrado que el interés de compañías turísticas cada vez sea mayor y los consumidores de este producto aumenten considerablemente año con año. 

Por si esto fuera poco, esta extensa ruta incluye también un vasto repertorio en itinerarios marítimos que unen a varias culturas, por esto la OMT está valorando la importancia de incluir recorridos temáticos donde el mejor lugar para presentarlos a todos fue en la reunión pasada. 

Como verá la labor de la Organización Mundial de Turismo en la Ruta de la Seda tiene como última finalidad lograr que las comunidades locales que viven a lo largo de la ruta puedan beneficiarse en mayor medida y cada vez más del desarrollo del turismo, asimismo se estimulan las inversiones y se promueve la conservación del patrimonio natural y cultural de la ruta. 

El interés por preservar estos lugares ha trascendido desde lo local hasta lo internacional y como se podrá fijar, la OMT siempre está pendiente de que esto ocurra como se piensa. 

Finalmente solo me resta recomendarle que aunque algunas de las zonas por donde pasa la ruta están en conflicto, debe usted tomarse el tiempo por transitar aunque sea unos pocos kilómetros de esta memorable ruta. Hasta la próxima.