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El Recreo

No es de buenos contra malos

J. Luis Medina Lizalde
~
19 de Abril del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




El enfoque de los buenos contra los malos siempre es erróneo porque oculta la realidad, lo mismo si se trata de la política que de la delincuencia, induce a las obsesiones por las culpas y aparte a la gente de las causas; sin embargo, el arraigo de esa visión parece inamovible, los grandes medios de comunicación son los principales responsables de semejante atraso.

El PRI fomentó en sus tiempos estelares  ese maniqueísmo tan exitosamente que hizo del voto a su favor una especie de deber patriótico que rodeaba de hostilidad social al que lo incumplía, casi tan intensamente como el clero católico supo imponerse ante cualquier signo de disidencia religiosa  logrando que los creyentes más radicales le hicieran la vida de cuadritos al protestante, mormón o practicante de cualquier otra creencia.

Corruptos (malos) y honestos (buenos) los hay en todas los partidos, en todas las causas, en todas las épocas,  si lo tuviéramos presente, en vez de dedicarnos a los juicios morales, a la quema de honras de los del bando contrario, haríamos del proceso electoral una oportunidad de incrementar la comprensión de nuestra realidad, de las consecuencias de un modelo económico u otro para nosotros y los nuestros, si la estrategia contra la delincuencia debe incluir el reconocimiento de la pobreza como causa de fondo y si es viable el concurso gringo para bloquear el suministro de armas,  si en nuestros recursos naturales tenemos una palanca para el desarrollo o mejor dejamos a los extranjeros que se sigan despachando con la cuchara grande, si las corruptelas reportadas por la Auditoría Superior de la Federación sobre los contratos del nuevo aeropuerto deben pasarse por alto y si no hay “fijón” con que el ahorro de los jubilados se inviertan en una magna obra en suelo fangoso que siempre se está hundiendo, etcétera.

En vez de eso, hay una especie de “caza” de corruptos en las filas de López Obrador, de Anaya, de Meade,  obviamente, en las filas de los tres existen corruptos y honestos, en distinta medida y  nivel, ello no los invalida como portadores de proyectos de nación entre los cuales habremos de elegir.

Las  luchas masivas no facilitan  la selección moral. Los iniciadores de insurrecciones en cada población que toman, asaltan la cárcel del  lugar reclutando adeptos entre asesinos y rateros, lo hizo Hidalgo y cien años más tarde los que acudieron al llamado de Madero.

 La “leva” o  reclutamiento forzoso,  presente en diversas etapas de la historia, no se centra en  puros apegados a las buenas costumbres, incluye a sus opuestos, los noctámbulos.

El ideal se asume y vale por sí mismo

La experiencia  histórica  enseña que buenos (honestos) y malos (corruptos) hubo entre  insurgentes y  partidarios  de la corona española, entre  defensores de la patria y los que se sumaron a los invasores primero gringos y después franceses, entre revolucionarios y los que defendieron el porfiriato hasta que fueron aplastados por la furia popular.

Claro que a  los que luchan por una causa les importa la moral de la tropa, Luis Moya fusiló a uno de sus cabecillas porque violó a connotadas señoritas de Sombrerete cuando tomaron la ciudad, Hidalgo sufrió con la furia antigachupina de sus huestes al grado que tuvo miedo a la matanza que harían si tomaba la Ciudad de México, prefirió no hacerlo, cometiendo el error que le costó la vida y a México diez años más de guerra.

La causa vale por sí misma,  de su esencia se derivan adhesiones y repulsas, los partidarios de la independencia no se sumaron porque allí estaban los buenos sino porque creyeron en la independencia, a veces, la gente se encuentra con que en el bando contrario esta el mejor amigo, así les sucedió a los entrañables cuates desde la temprana adolescencia Leandro Valle, liberal y Miguel Miramón conservador, tuvieron feroces encuentros en el campo de batalla y se tiraban a matar, y cuando Miramón tuvo que huir del país, derrotado, le encomendó a su amigo-enemigo que estuviera al pendiente de su familia y su amigo-enemigo le cumplió.

 Creían en ideales  opuestos, ninguno convenció al otro y ninguno dejó de respetar y querer al otro por tener ideales distintos.

Cambiamos o seguimos igual 

Apoyar a López Obrador no impone la obligación de odiar a Meade, para ser priista no es requisito odiar a los “morenos”, buenos y malos hay en todos lados, la diferencia es el proyecto de nación en que cada bando confía. 

Viajar en el mismo tren, al mismo rumbo no nos hace iguales, ni a los otros nuestros enemigos.

Seguimos por dónde mismo o cambiamos el rumbo, es todo.

Nos encontramos el lunes en el Recreo