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Memoria viva

Manuel M. Ponce, un zacatecano universal

Manuel González Ramírez
~
25 de Abril del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Diversas ciudades rinden tributo a su legado.
Cortesía / Diversas ciudades rinden tributo a su legado.

Este 24 de abril de 2018 se cumplieron 70 años del fallecimiento de uno de los hijos más preclaros y que mayor lustre le han dado a esta entidad y a nuestro país en incontables latitudes del mundo, en el ayer, en el presente y así será en el futuro.

Calles y avenidas de las ciudades de Aguascalientes, Guadalajara, México, Fresnillo y Zacatecas llevan su nombre como un tributo a su memoria. 

Un retrato escultórico en bronce se yergue en la Plaza de la Patria de Aguascalientes. Un sepulcro de honor guarda sus restos en la Rotonda de los Personajes Ilustres en el Panteón de Dolores de la Capital de la República, desde 1952, es decir, a tan solo cuatro años de su muerte. 

Y su nombre también está perpetuado y esperamos que así sea por siempre, en una emblemática sala de conciertos del Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México.

Mientras que aquí en Zacatecas existe un museo sobrio pero digno que abre sus puertas en esta Ciudadela del Arte donde hoy nos hemos congregado para recordar su vida y su legado. 

Recinto donde se resguardan y exhiben objetos personales, fotografías y partituras del maestro Ponce que hace tres lustros fueron recibidos en donación para el pueblo de Zacatecas, suceso que presenciamos con mucha emoción y valorando el retorno de ese invaluable legado al estado natal del artista, gracias a su heredero universal, el maestro Carlos Vázquez, quien ya también descansa en paz.

Asimismo, valoramos que su nombre se encuentre inscrito con letras doradas en el Muro de Honor del Congreso del Estado, así como en dos placas metálicas en Palacio de Gobierno (donde consta que de manera póstuma recibió en 1996 la Condecoración Zacatecas 450 y en 2010 la Condecoración Zacatecas Bi-centenario, máximo galardón que el pueblo zacatecano y sus instituciones conceden a un personaje de la valía del maestro Manuel M. Ponce).

Y lo mismo ocurre en el muro de la sala de juntas del Instituto Zacatecano de Cultura, donde también está inscrito al lado de artistas e intelectuales que han tenido como cuna común esta tierra colorada que prevalece a pesar de tener un cielo cruel, y que ha sido en gran medida a que sus habitantes se motivan e inspiran con nuestra divisa LABOR VINCIT OMNIA, el trabajo lo vence todo.

Sin embargo, uno de los mayores y más valiosos homenajes cobra vida cada vez que además de pronunciarse su nombre, se interpreta y se disfruta de su legado musical, tal y como está previsto en este programa especial en que se conmemora el septuagésimo aniversario luctuoso. 

Son 70 años sin Ponce, pero también son siete décadas de la inmortalidad del maestro a través de su herencia musical que no conoce fronteras en el tiempo y espacio. 

Su música se sigue interpretando y transmitiendo a través de medios de comunicación electrónicos en muchos países del mundo.

Y como muestra, un botón… Aún recuerdo con profunda emoción una anécdota singular que ahora les comparto. Hace cinco años tuve la oportunidad de ir a conocer La Habana Vieja, el casco antiguo de la capital cubana y que es ciudad hermana de Zacatecas desde el primero de febrero de 2001. 

La principal motivación era conocerla y explorar la posibilidad de reactivar el hermanamiento a través de intercambios culturales. 

En la última noche de mi corta estancia tomé la decisión de ir a cenar a un restaurante muy elegante de la zona de El Vedado, ubicado a un costado del Hotel Nacional, que desde mi llegada me había llamado mucho la atención por su fachada, su jardín exterior y su nombre. 

Se llamaba El Gato Tuerto. Al ingresar, me recibió un hombre de edad respetable que tocaba un bellísimo piano de cola. Era de ascendencia afroamericana. 

Y con una sonrisa amable y una leve reverencia me dio la bienvenida, mientras sus manos se deslizaban con armonía y encanto por las teclas bicolores. 

Su música estuvo amenizando mi última cena en La Habana. Y como me fascinó esa forma de interpretar las melodías, al término de cada una de ellas comencé a romper el silencio reinante con un aplauso.

 Iniciando con ello el “desorden” en la sala, ya que nadie le aplaudía hasta que yo tomé esa iniciativa motivado por la emoción. Poco antes de retirarme, una mesera se acercó y me preguntó:

“Caballero: dice el maestro que de dónde viene usted”, a lo que yo respondí: “De México”. 

Ella fue a darle la respuesta y volvió conmigo y me inquirió: “Sí, pero que de qué parte de México es usted caballero”, y yo le dije orgulloso: “De Zacatecas”. Seguí con la mirada los pasos de la camarera hasta que llegó con el pianista. 

Me fijé que algo le dijo al oído. Y en ese momento, él me dirigió una mirada. Yo estaba en suspenso. Y en ese instante y con una sonrisa que proyectaba un inmenso gozo comenzó a llenar el ambiente con las notas de una melodía que reconocí de inmediato… “Estrellita”, del maestro Manuel M. Ponce. 

Eso me emocionó de más y mis ojos dieron cuenta de ello al instante. Y disfruté como nunca esa creación musical en una noche especial, la última en La Habana.

Nunca supe cómo es que ese excelente músico supo del vínculo que había entre Zacatecas y Ponce. La única respuesta que me asiste es que el maestro es un artista universal y quien conoce su música también suele conocer algo o mucho de su vida. 

Y como prueba tangible puede ser esta que les acabo de relatar. Y es una de las anécdotas personales más apreciadas que guardo en mi corazón.

Y como lo afirmara el famoso médico Conrado Zuckermann, cuando vino a nuestra ciudad en 1964 y dejó una deliciosa descripción de nuestra capital y en la que afirma que Manuel M. Ponce es un sol zacatecano. 

Y yo digo en el presente… no dejemos que ese sol se nos extinga y recibamos los beneficios y el deleite de su legado.

*Cronista de Zacatecas