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Honestidad como ejemplo

Juan Francisco del Real Sánchez
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17 de Mayo del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




En las campañas políticas encontramos que todos hablan de honestidad como una propuesta que pueden tener para el electorado, sin embargo, la honestidad es el deber ser de cada persona, y más, de quien detenta un puesto público. Predicar con el ejemplo es lo difícil, por eso todos hablan pero pocos lo demuestran.

La honestidad no debe ser una promesa de campaña, sino un verdadero actuar en el cual la trayectoria política, la congruencia y el modo de vida sean la principal bandera en un país donde la corrupción ha sido un lastre para todos los mexicanos, para combatirla, deben estar quienes la pregonan en su vida diaria, quienes hacen lo posible desde su ámbito de acción, ya sea el trabajo, la escuela, o el servicio público y no únicamente como candidato en una campaña. 

La corrupción la podemos definir como el vicio o abuso introducido en las cosas no materiales. En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores.

Pero, ¿por qué especialmente en las organizaciones públicas? El cuestionamiento nos conduce a valorar los alcances del grado de daño, deterioro o perversión que causa en cada espacio social; mientras en las organizaciones privadas la corrupción se limita a algunos individuos y a su entorno, en el público tiene efectos dañinos para el grueso de la comunidad o población, de manera directa o indirecta, ya que cuando las instituciones públicas, que en teoría son el fundamento de la sociedad, se corrompen; se trastoca toda la estructura social, política, cultural y económica, sobre todo cuando están de por medio los recursos públicos o la seguridad de sus habitantes.

Desde luego, la corrupción en el espacio privado tiene conexiones con el espacio público no obstante, las acciones de corrupción en lo público son catastróficas porque afectan considerablemente la dignidad de los ciudadanos de a pie.

La honestidad se pregona en el modo de vida, con el compromiso de denunciarla, evidenciarla y ser un ferviente luchador para acabar con la corrupción.