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El Día del Señor

¡Ven Espíritu Santo y enciende los corazones de tus fieles!

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
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20 de Mayo del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Nos dice: “Ámense unos a otros, como yo los he amado”.
Cortesía / Nos dice: “Ámense unos a otros, como yo los he amado”.

Hoy celebramos con grande gozo la Solemnidad de Pentecostés, es decir, cincuenta días contados desde el Domingo de la Resurrección del Señor Jesús. 

Pentecostés realiza la promesa de Jesús de que nos enviaría al Espíritu Santo, el consolador, para iluminar nuestra fe, reafirmar nuestra esperanza y encendernos con el fuego del amor a Dios por encima de todas las cosas y a nuestros hermanos con la medida y al modo de Cristo.

Nos dice: “Ámense unos a otros, como yo los he amado”. Y en el cumplimiento de este mandato soberano de Jesús, nos ha dicho: En eso conocerán que son mis discípulos y misioneros, que anuncian la Buena Nueva del Reino de Dios y si cumplen lo que yo les he mandado.

También nos pide que este amor debe ser fiel hasta la muerte y muerte de cruz y que ninguno tiene mayor amor, sino cuando da su vida en servicio y perdón por los que ama.

Pasemos ahora a profundizar el hecho de Pentecostés, como efusión del Espíritu Santo, que el Padre nos lo da por su Hijo Jesucristo, como Dios y verdadero hombre.

Vivir de acuerdo con las exigencias del Espíritu Santo

La Carta a los Gálatas (segunda lectura del día de hoy), nos exhorta a que vivamos con las exigencias del Espíritu, para no dejarse arrastrar por el desorden egoísta del hombre. 

Porque este desorden está contra el Espíritu de Dios, y el Espíritu está en contra de ese desorden 

San Pablo nos afirma, que esta oposición es tan radical, que impide a los hombres hacer lo que querrían hacer. Pero si nos guía el Espíritu, ya no estaremos  bajo el dominio de la ley (mosaica), que hace ver lo que se debería hacer, pero sin la fuerza para cumplirla, y que la suprema ley, en, con y por Cristo, es el amor a Él y a todos los hermanos.

Esto se  lleva a efecto, con la gracia del Espíritu Santo que Cristo nos prometió y nos dio precisamente al cumplir sus promesas  con el envío de este divino Espíritu en Pentecostés que ha sido el inicio de la Iglesia fundada por Él y con la gracia, dones , carismas y frutos para una vida cristiana auténtica y sólida en su realización, mientras avanzamos por este mundo hasta alcanzar la plenitud inmortal de la gloria eterna.

A) Son manifiestas las obras que proceden del desorden egoísta de los hombres: la lujuria, la impureza, el libertinaje, la idolatría, la brujería, las enemistades, los pleitos, las rivalidades, la ira, las rencillas, las divisiones, las discordias, las envidias, las borracheras, las orgías  y otras cosas semejantes.

Respecto a ellas les advierto, como ya lo hice antes, que quienes hacen estas cosas no conseguirán el Reino de Dios.

Toda esta lista, sin agotar el tema, nos la enseña y siempre nos la recordará el apóstol San Pablo en su Carta a los Gálatas.

Hoy el uso desordenado de las drogas produce muchas desventuras, muertes y crímenes sin cuento, de lo cual se siguen muchas actitudes violentas y hechos pecaminosos.

En cambio, la vida auténticamente cristiana, siguiendo las enseñanzas de San Pablo a los fieles de Galacia

Está inspirada y realizándose, bajo la acción providente, fuerte y santificadora del Espíritu Santo.

Que hoy celebramos e invocamos con espíritu de adoración y oración sincera y constante, para que sea vida nuestra para nuestro peregrinar en este mundo y poder alcanzar la plenitud del Reino de Dios en el cielo.

Vida caracterizada por los frutos del Espíritu Santo, a saber: “el amor, la alegría, la paz, la generosidad, la benignidad, la bondad, la fidelidad, la mansedumbre y el dominio de sí mismo.

"Ninguna ley existe que vaya en contra de estas cosas”.

Conclusión

Hermanos: en esta hermosísima solemnidad de Pentecostés, grabemos en nuestras almas, con el fuego espiritual y fecundo del Espíritu Santo, las siguientes palabras que han de salvarnos de todo mal del alma y del cuerpo: “Los que son de Jesucristo ya han crucificado su egoísmo, junto con sus pasiones y malos deseos. 

Si tenemos la vida del Espíritu, actuemos conforme a ese mismo Espíritu”.

En la liturgia de la palabra de esta solemnidad, decimos: ¡Espíritu Santo, danos virtudes y méritos, danos una buena muerte y contigo el gozo eterno! ¡Que así sea ahora y para siempre!

Obispo Emérito de Zacatecas*