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¡Déjenlo nomás pastar, hasta que muera de viejo!

Jaime Santoyo Castro
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21 de Mayo del 2018 15:32 hrs
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Liga Corta




“Déjenlo nomás pastar; no rechacen mi consejo. Que yo lo voy a enterrar, cuando se muera de viejo”

Esta es una fracción de una canción denominada El corralero, del argentino Hernán Figueroa Reyes, que creo debemos cantarla y dedicársela a Donald Trump, como una muestra de la riqueza cultural y de la filosofía de vida de nuestros antecesores, que para cada caso, para cada cosa, para cualquier circunstancia, tenían una frase a veces llena de prudencia, a veces llena de vivacidad derivada de la conseja popular, de no hacer nada cuando nada se podía hacer.

Mi abuela materna, cuando alguno de los 16 hermanos nos peleábamos y no podíamos con alguno de los más grandes, íbamos y le dábamos la queja y prudentemente nos decía: ¡Déjalo, se va a morir de viejo! Con esa frase nos consolaba, pero en el fondo nos dejaba la convicción de que era lo mejor, porque buscar pelea no era lo aconsejable, si no estábamos en condiciones de ganar nada, y mucho más si la causa por la que peleábamos no tenía relevancia.

Todo esto viene a cuento por el reciente exabrupto de Trump que ofensivo, irrespetuoso, prepotente e imprudente como lo es, se ha referido a los migrantes mexicanos y latinoamericanos llamándoles bestias.

Claro que es una expresión ofensiva, que lastima, que duele, pero que podemos tomarla de dos maneras:

Una, la más probable, es derivada de la ignorancia que caracteriza a este personaje, que expresa sólo lo que se le ocurre, y que al final de cuentas le dan a él (sólo a él), la convicción de ser muy valiente, y de que puede amenazar al mundo, cuando no puede conducir a su país al desarrollo, a la tranquilidad y al crecimiento.

Otra explicación, es que se trata de una provocación. Esto es; se la ha pasado expresando su desprecio; que no es el del pueblo estadounidense, entre otros por los mexicanos, para que le demos un pretexto con el cual pueda realizar alguna acción atentatoria de nuestra soberanía, como su ya famoso muro.

En todo caso, la prudencia se impone. Ni nosotros somos bestias, ni él es inteligente. No nos enganchemos. Hagamos lo que nuestros viejos harían: ¡Déjenlo nomás pastar, que se va a morir de viejo!

jsantoyocastro@yahoo.com.mx