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Presidencialismo y punto final

Pablo Torres Corpus
~
30 de Mayo del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Crecí escuchando los peores comentarios sobre el presidencialismo en México, leí mucho sobre sus excesos y daños.

Prácticamente era unánime la opinión negativa sobre presidencialismo mexicano, en el cual todas las decisiones del país requerían el visto bueno de un solo hombre quien gobernaba sin contrapesos institucionales o de otros poderes.

En esa época negra, el presidente ponía y quitaba legisladores, jueces. Y hasta influía en la jerarquía religiosa a fin de premiar o castigar sacerdotes, obispos o ministros de culto que le eran afines o contrarios.

La economía se manejaba pésimamente desde los Pinos, no valía la potencia ni la estabilidad sino únicamente agradar al gran señor presidente.

Los periodistas eran condicionados, atacados y cuando algún comentario o crítica no le gustaba al señor presidente, era linchados por los colegas afines o presionados a que rectificara y muchas veces hasta perseguido.

Las instituciones eran solo el membrete para acomodar a sus incondicionales.

Por todo esto, sigo sin explicarme por qué la opción que mejor encarna el presidencialismo más rancio, que durante años padeció México, es el que sea puntero en las encuestas.

Todas las referencias negativas y más sobresalientes del presidencialismo mexicano las encarna, opera y dirige un solo hombre.

Puedo entender que los nacidos después de 1990 no tengan muchas referencias de esta nefasta forma de hacer política, pero todos aquellos que la padecieron en carne propia cómo es posible que la añoren o que crean que un país puede operarse y salvarse por un solo hombre, por una sola persona bajo una sola voluntad.

De verdad quieren regresar al país del “señor presidente”, de los caudillos, del corporativismo, de la economía desde los Pinos, del proteccionismo comercial.

Falta mucho por hacer, mucho por avanzar, pero no podemos negar que de 1988 a la fecha México avanza a hacer un país de instituciones, no de caudillos.

Hoy el presidente no tiene mayoría en el congreso, la Suprema Corte de Justicia es un poder autónomo y tenemos elecciones libres, pueden revisar cualquier indicador económico mundial y verán como nuestra economía ha mejorado sustantivamente desde empezamos a abandonar ese nefasto presidencialismo mexicano.          

Para elegir nunca está demás comparar.

Punto Final

Bien escribió Joaquín Sabina “No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”.