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El Recreo

Crímenes de Estado

J. Luis Medina Lizalde
~
07 de Junio del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Los mexicanos estaríamos perdiendo una gran oportunidad si ignoramos el histórico significado de la sentencia del Primer Tribunal Colegiado del Noveno Circuito con sede en Tamaulipas.

 En la misma, se ordena reponer el procedimiento, poniendo a un paso de la libertad, a  decenas de implicados en la desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa.

Las  violaciones a reglas procesales y la sólida presunción de  tortura para confeccionar la “verdad histórica” motivaron la  resolución  del Tribunal  que también ordena crear  una comisión de la verdad. 

Es un  reconocimiento explícito de que nuestro país carece de  instituciones de procuración de justicia merecedoras de confianza social,  la resolución  es un parteaguas  que fortalece una vía a la que debimos recurrir con voluntad política: la asistencia especializada de organismos internacionales en lo que podemos denominar “justicia transicional”, entendiendo por tal aquella que haga realidad el  acceso a la justicia  “pronta y expedita”   que hasta ahora no pasa de ser una buena intención plasmada en la Constitución.     

Durante varias décadas hemos vivido campañas permanentes de infravaloración  del nacionalismo mexicano, los economistas al servicio del modelo privatizador y de la eliminación de las restricciones a la penetración del capital extranjero  que con sabia prevención se plasmaron en la Constitución de 1917, contaron con la permanente demolición del pensamiento nacionalista en nombre de la “globalización” y la “modernidad”  de parte de la generación de intelectuales cooptada por Salinas De Gortari. 

 Contradictoriamente, cuando de la justicia se trata, esos mismos comentócratas rechazan la participación de expertos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y de la ONU principalmente, en nombre de la Soberanía Nacional que tanto menosprecian, eso pasó con los peritos argentinos y con los comisionados de la ONU  que reportan el uso rutinario  de la tortura.

Tradición infame

Hay muchos crímenes de Estado en la historia nacional,  Porfirio Díaz usó el asesinato político  para gobernar,   ejecutó  al  prestigiado militar zacatecano,  el general Trinidad  García De La Cadena  por haberse atrevido a buscar sucederlo en la Presidencia de la República e hizo del “mátalos en caliente”  su esquema operativo.  En la década de los veinte,  Álvaro Obregón y Calles usaron el aparato de Estado para deshacerse de Francisco Villa, de Francisco Serrano y muchos más, una vez asesinado Obregón, Calles no tuvo el mismo destino porque su instinto de conservación lo llevó a la creación del PNR para que la lucha del poder se diera con métodos civilizados.

 Rubén Jaramillo, ejecutado con su esposa e hijos por soldados, los asesinados a mansalva el 2 de octubre de 1968, son ejemplo de  vocación criminal “institucionalizada”  que inspiró la creación de un cuerpo de asesinos conformado por elementos policíacos y militares en activo denominado “la brigada blanca”, responsable de desaparecer activistas a los que nunca presentaron ante jueces.
Dos colaboradores clave de la campaña de  Cuauhtémoc Cárdenas de 1988 fueron asesinados por agentes de Estado como lo había sido tres años antes el periodista Manuel Buendía.

La  violencia escenificada en Iguala y la posterior desaparición forzada de los 43 estudiantes de Ayotzinapa arrojó indicios desde las primeras horas, de que elementos del Ejército, policías federales, estatales y municipales,  no eran ajenos a los hechos.

En los tiempos que corren, los crímenes de Estado brotan en cualquier parte del territorio nacional, en Zacatecas han ocurrido en Villa De Cos, Calera y San José de Lourdes en Fresnillo por obra  y gracia de las Fuerzas Armadas y en Estancia de Ánimas, municipio de Villa González Ortega, en todas esas ocasiones el Gobierno del Estado incumplió su deber de ponerse del lado de la legalidad exigiendo el castigo correspondiente a los criminales  para prevenir la repetición.

Oportunidad

La sentencia del Tribunal Colegiado  de Circuito llega en el preciso momento en que los mexicanos nos disponemos a revisar, voto de por medio,  como está nuestra casa para conservar lo que aún sirve y deshacernos de lo que estorba.

 En terrenos de la justicia,  la orden de creación de una comisión de la verdad para Ayotzinapa, puede ser el principio del fin del Estado criminógeno si abrimos las puertas a la asistencia internacional que en otros países ha dado grandes resultados.

Consta en miles de expedientes la participación en desapariciones forzadas de soldados, marinos y policías.

Poniendo punto final a los crímenes de Estado, reivindicamos a los buenos soldados y policías, que son la  mayoría.

Desterrando  la tortura para fabricar culpables dejaremos de  encarcelar inocentes.   

Dejemos de medir a nuestros gobernantes solamente por la obra material, solo así dispondremos de políticos dotados de una visión integral que le den calidad como tomador de decisiones de repercusión colectiva y largo plazo.

Nos encontramos el lunes en El Recreo.