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Messi y su debut gris en Rusia 2018

Excélsior
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16 de Junio del 2018 12:23 hrs
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Los argentinos comenzaron ilusionados con la presencia de Messi... pero el final del encuentro los dejó con otro sabor de boca.
Cortesía / Los argentinos comenzaron ilusionados con la presencia de Messi... pero el final del encuentro los dejó con otro sabor de boca.

CIUDAD DE MÉXICO.- Pese a los residuos de incertidumbre que dejó una sufrida eliminatoria rumbo a Rusia, fue el momento de ver a la selección de Argentina en una nueva oportunidad para volver a ser temida y en busca a dar el paso a levantar el título en una Copa del Mundo, engalanada Lionel Messi.

La fiesta era sobre él. Las banderas y mensajes lo llevaban a un plano celestial, incluso más arriba de las deidades, casi al mismo cielo donde se encumbró Diego Armando Maradona, presente en el estadio, en las mantas y en el palco.

 

 

Miles llegaron al estadio Spartak para colorearlo azul y blanco, con la esperanza renovada, pero aún con residuos que dejó el golpe fulminante deBrasil 2014, en manos de un Mario Götze que lejos quedó de Rusia.

En cada toque de balón del '10', una ola de gritos. Incluso los rivales islandeses se sintieron dichosos por verlo jugar, pero se quedaron esperando una genialidad, como los argentinos y el mundo entero pendiente de Argentina.

Nicolás Tagliafico lo buscó todo el partido. Abusó de sus ansias o instrucciones de asociación con el mejor de la selección, de darle la pelota y que sucediera un acto de magia. También se quedó esperando.

 

Sergio Agüero anotó y las miradas las compartió con Messi. Islandia anotó y le bajó los decibeles a las emociones pamperas que hicieron el viaje desde sus sudamericanas tierras. “Mi locura por voz me lleva a cualquier parte”, rezaba una tela con la imagen del futbolista rosarino.

Llegó el momento de prender los celulares, ponerse los anteojos y mirar al cielo. Penal para Argentina, Messi tomó el balón, cobró a su izquierda, lo paró el portero, lo falló, les falló.

 

 

El error atrajó las imágenes de esa final perdida contra Chile en la Copa América de 2016.

Maradona pasó del baile a los lamentos. Con el puro en la boca, entre amigos, casi se le llena de humo la cabeza por la calentura que le produjo el error de ‘Liíto’, como lo llamaba cuando dirigió a la misma selección que estaba en ese campo ruso jugando el final del partido con impotencia, mucho toque, poco golpe y la cabeza viendo al césped.

Desde la tribuna vino el grito de apoyo: “¡Messi, Messi, Messi!”, pero no era suficiente para levantarlo, mucho menos cuando el antagonista anotó un triplete, un golazo el tercero para darle el empate a Portugal. Cristiano Ronaldo comenzó eclipsando a ‘Dios’ argentino.

 

Caras largas, playeras levantadas hasta los ojos, la desilusión y la frustración. El reflejo de esas gradas estaba en el corazón de Messi.

Fue la penitencia de Messi, el jugador que no logra soportar el peso de una afición ilusionada con celebrar victorias maradonianas del pasado.

Para el '10' argentino las horas se harán eternas, en un torneo fugaz.